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La Coctelera

Charlitox Blox

Mi mirada crítica sobre el mundo actual

10 Noviembre 2009

Fatehpur Sikri, Agra y el Taj Mahal

Esta mañana dos amigos me han dicho que tengo el blog abandonado y, la verdad, me ha sentado fatal. Debéis comprender que estas crónicas sobre mi viaje a la India me llevan bastante más tiempo que un post normal. Además, como comenté en mi entrada anterior, este otoño está acabando conmigo entre problemas y enfermedades, que me tienen sumido en un estado de letargo del que espero salir pronto. Por último, reconozco que desde que me regalaron Los Sims 3 por mi santo le he dedicado más tiempo que al blog. Me he enganchado a este juego como me enganché a las dos versiones anteriores y a todos y cada uno de sus packs de expansión. Mea culpa.

Salimos por fin del Rajastán y entramos en el vecino estado de Uttar Pradesh. Notamos de inmediato que el paisaje se hace más verde y el atuendo de la gente más apagado. Nada más cruzar la frontera nuestro conductor para el coche para preguntar, como de costumbre. Veo a una extraña mujer, distinta a todas las que hemos visto hasta ahora, y me dispongo a hacerle una foto. Ella me ve y comienza a acercarse a la vez que disparo mi cámara. De pronto recuerdo que no llevo rupias sueltas y me entra el agobio, así que cierro corriendo la ventanilla. Afortunadamente, nuestro chófer llega justo en el momento en el que ella empieza a golpear el cristal. Partimos de de allí a una velocidad que me parece lenta, comparada con el ritmo de los latidos de mi desbocado corazón.

Poco después llegamos a Fatehpur Sikri, la ciudad abandonada. Fundada por el emperador Akbar para ser capital del Imperio Mogol en 1571, fue abandonada por todos sus habitantes sólo catorce años después. Hay varias teorías, pero la más aceptada es que este abandono se debió a la falta de agua que se produjo en esta ciudad rodeada de vegetación. Hoy se conserva en perfecto estado y sus edificios parecen recién construidos, pero el único que se mantiene vivo es su importante mezquita. Atrae a musulmanes de todo el país y su estilo me recuerda al de las mezquitas persas que vi en Irán. Recorremos la gran explanada rodeados de algunas mujeres y muchos hombres de todas las edades, que rezan o se lavan. Alguno nos persigue para que le contratemos como guía o le compremos un collar.

El resto de la ciudad abandonada de Fatehpur Sikri es un recinto cerrado, al que se accede previo pago. Sólo algunos turistas, entre ellos muchos indios, perdidos en esta impresionante ciudad de anchas plazas, espacios abiertos y elegantes palacios de piedra roja. Dejo volar mi imaginación y me veo viviendo en este maravilloso lugar, hoy abandonado y convertido en museo, donde sólo vive algún que otro perro. Como yo, cada uno vive su historia particular en esta mágica ciudad, pienso al ver a unos hombres que tratan de abrazar una extraña columna en el interior de un palacio. Se tratará de alguna leyenda de las muchas que encierra este misterioso lugar, como la que dice que Akbar fundó esta ciudad porque aquí se encontró con el santo que vaticinó el nacimiento de su hijo primogénito.

Salimos de la ciudad y regresamos hacia el coche caminando por una carretera que parece tranquila y apacible. Hago una bonita foto a una mujer que cruza los arcos de la muralla, sin ver que al fondo hay un grupo de niños. Hacia ellos vamos sin remedio y sin saber lo que nos espera. En cuanto nos acercamos comienzan a pedirnos jabón, chocolate, rupias o lo que sea. Sacamos los botes de gel que hemos cogido en los hoteles y se los damos, pero de todas partes empiezan a salir niños y niñas que nos rodean y nos acosan hasta que me pongo nervioso. Seguimos andando sin hacerles caso, pero una niña me persigue hasta que estallo. Cuando me agarra la mochila le suelto un guantazo en la mano, a la vez que le pego un grito, pero a ella le da igual y sonríe. Por primera vez en el viaje, han conseguido sacarme de mis casillas.

Desde que entramos en Uttar Pradesh hemos notado que la gente es más agresiva, pero aún no hemos visto nada. Llegamos a Agra, donde la agresividad llega a cotas insospechadas. Tiene su lógica: aquí está el Taj Mahal, el monumento más visitado del mundo, así que lo peor de cada casa de la India ha venido a Agra a intentar aprovecharse de los turistas que vienen de todos los rincones del mundo. Resulta que estamos a viernes, justo el día que cierra el famoso monumento, que sólo podremos ver mañana al amanecer. Cogemos un tuc-tuc al centro de la ciudad, pero allí no encontramos nada interesante y encima nos sorprende la lluvia, haciendo aún más desagradable la visita. Finalmente escampa y nos decidimos a entrar en el Fuerte Rojo, que nos sorprende favorablemente: un remanso de paz entre tanta violencia.

Desde lo alto del fuerte disfrutamos de una maravillosa vista del Taj Mahal, que aparece a lo lejos, a la orilla del río. Es la primera vez que vemos el famoso monumento, que incluso desde la distancia resulta impresionante. También disfrutaba de esta vista el maharajá desde los arcos de la Sala de Audiencias, donde ahora se hacen fotos los turistas locales. El fuerte encierra muchas sorpresas, que nos dedicamos a descubrir hasta que llega la hora del cierre. Comienza a atardecer y las estancias se vacían de turistas, apareciendo aún más majestuosas ante nuestros asombrados ojos.

Salimos del fuerte con intención de acercarnos al Taj Mahal, pero no conseguimos cumplir nuestro deseo de que alguien nos lleve a la fachada que da al río. Nos bajamos de varios tuc-tuc porque los conductores sólo quieren llevarnos a tiendas o restaurantes, vendernos drogas o liarnos. Finalmente cogemos un rickshaw (cuyo conductor nos ofrecerá mujeres por el camino) que nos acerca hasta el parque que rodea el famoso monumento. No conseguimos verlo de cerca porque el recinto está rodeado de un muro, así que desistimos y nos vamos a cenar. Después, más relajados, decidimos cruzar a pie el bazar que nos separa de nuestro hotel, el fabuloso The Gateway, la nueva marca de hoteles urbanos de la cadena Taj. No han acabado las sorpresas, porque caminando por este bazar viviremos el último momento tenso del día.

Paseamos por un laberinto de callejuelas intentando orientarnos, cuando de repente quedamos sumidos en la más absoluta oscuridad. Ya os he contado que en este país son frecuentes los apagones, pero hasta ahora ninguno nos había sorprendido tanto. Nos quedamos clavados como estatuas sin saber qué hacer, intentando mantener la calma. Afortunadamente, poco a poco empezamos a ver luces y conseguimos salir de allí sanos y salvos. Llegamos al hotel reventados y exhaustos, en busca de nuestro merecido descanso. Tenemos que madrugar para visitar el Taj Mahal al amanecer, pues dicen que es la mejor hora: hay menos turistas, hace menos calor y el sol de la mañana hace que brille más. Desgraciadamente está nublado y no brilla mucho, cuando lo vemos aparecer tras la puerta del recinto, después de pasar los férreos controles de seguridad.

Me siento confuso entre un sinfín de sensaciones encontradas. He visto tantas veces el Taj Mahal en fotos o películas que me parece increíble estar aquí por fin. Aunque conozca el monumento y la leyenda de su construcción, la maravillosa historia de amor del rey que levantó el edificio más bello para recordar a su fallecida esposa, no me decepciona. Aunque esté nublado, el majestuoso mausoleo supera todas mis expectativas. La belleza, simetría y perfección del edificio no tienen parangón. Acercarse y verlo crecer, apreciar los detalles de su fachada, todo es una experiencia sin igual, aunque yo no esté muy despierto a estas horas de la mañana. Lo rodeamos y entramos en su interior, lo que sí supone una pequeña decepción porque está muy oscuro y no se ve nada. Luego volvemos a alejarnos y nos despedimos de él y de su perspectiva perfecta.

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4 Noviembre 2009

Versión original

Este otoño va a acabar conmigo, si es que no acabo conmigo yo mismo antes. Si hasta ahora odiaba la primavera, creo que desde este año voy a odiar también el otoño, y eso que ya no existe porque el cambio climático lo está haciendo desaparecer. Si cronológicamente esta estación comenzó el 21 de septiembre, climatológicamente lo hace ahora, que es cuando está empezando a refrescar y por fin las hojas se secan y caen de los árboles.

Siempre se ha dicho que el otoño es tiempo de cambio y renovación, lo que sin duda este año se está cumpliendo a pies juntillas. Yo soy optimista y pienso que los cambios siempre son positivos, pero todo se empeña en llevarme la contraria. Porque los cambios afectan incluso a mi cuerpo: tras la tendinitis en el hombro (mañana me hacen una resonancia) he cogido la gripe (no sé si la A, la B o la C), aunque aún no he faltado al trabajo por esta causa.

A mi alrededor también hay cambio y renovación; fijaos cuántas personas ilustres han fallecido en los últimos días: Sabino Fernández Campo, José Luis López Vázquez, Francisco Ayala... En realidad, es ley de vida: todos ellos tenían bastantes años y les ha llegado la hora, igual que cuando llega el otoño es hora de que caigan las hojas. La vida es un ciclo y la muerte sólo es injusta y triste cuando te sorprende joven, o al menos así lo veo yo.

En política también hay revuelo, sobre todo en el Partido Popular, pero me prometí y os prometí no hablar de ello, al menos por ahora. Sólo tengo que citar, porque no me puedo callar, el blog de Juan José Güemes, el "lameculos" de Esperanza Aguirre. Ya me caía mal por su aspecto de "Aznarín", pero ahora está en mi punto de mira, tanto como su jefa. Un blog define la personalidad de quien lo escribe, así que con esto está todo dicho.

Entre tanto cambio y revolución en este maldito otoño, hemos llegado al 4 de noviembre. Hoy hace un año que Barack Obama ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Muchos esperaban que con él llegara la revolución, pero se han quedado con las ganas. Parece que no ha hecho nada, pero ya le han concedido el Premio Nobel de la Paz. ¿Por qué? Pues simplemente por el hecho de llegar a ser Presidente de EEUU, ésa fue su revolución.

Y hoy, 4 de noviembre, es San Carlos Borromeo, así que podéis felicitarme porque es mi santo. Sabéis que soy ateo, pero para mí cualquier excusa es buena para hacer una fiesta. He leído que este santo era un hombre rico que renunció a todo para ayudar a los pobres; tal vez por eso también da nombre a la famosa "parroquia roja" de Entrevías (Madrid). Yo lo llamo cariñosamente San Carlos "Gorroneo" porque hoy me dejo gorronear por cualquiera...

Os parecerá que os he hablado de cosas inconexas, pero voy a cerrar el círculo volviendo al cambio climático. Se celebra en Barcelona la Cumbre del Clima entre protestas ecologistas. Un grupo de músicos ha puesto música a las reivindicaciones, como se hizo en los ochenta con Live Aid o USA for Africa. La canción elegida es la mítica Beds are burning del grupo australiano Midnight Oil. No me suelen gustar las versiones pero ésta me encanta, por bonita y por original.

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31 Octubre 2009

Jaipur, la ciudad rosa

Después de unos cuantos días recorriendo el estado del Rajastán, por fin llegamos a su capital, Jaipur. La ciudad más grande que hemos visitado hasta ahora, con más de tres millones de habitantes. Aquí pasaremos dos noches y desde aquí escribiré mi único post desde la India, contando las primeras impresiones del viaje. El nombre de la ciudad, por supuesto, viene del de su fundador (Jai Singh II). Su sobrenombre de ciudad rosa se debe a que de ese color se pintaron sus viejos muros para la visita del Príncipe de Gales en 1876. En cuanto llegamos nos absorbe el bullicio de la gran ciudad, el tráfico enloquecido, el ruido ensordecedor. Se hace patente la superpoblación y entendemos los continuos anuncios de la "píldora del día después" en la tele. Aquí todo se eleva a la máxima potencia: las vacas, las bocinas y la multitud que nos rodea.

No podemos parar de caminar por esos fascinantes barrios que encierran mercados de todo tipo. Nos encontramos de repente en pleno bazar de las gemas, donde gente apiñada se muestra y nos muestra toda clase de piedras, supuestamente preciosas. Huimos rápida y discretamente porque estamos avisados y escarmentados, pero no puedo evitar acordarme de mi amiga Teresa y del peligro que aquí tendría... Cuando conseguimos salir de los callejones a las anchas avenidas que dividen en cuadrícula la Ciudad Rosa, nos relajamos un poco. Podemos pasear entre las tiendas viendo la vida cotidiana y las sorprendentes imágenes que surgen a cada paso. Desde la "vaca sin cabeza" hasta el "hombre disfrazado" (probablemente empleado de hotel) hablando por teléfono (y no móvil precisamente) en plena calle.

La vieja ciudad de Jaipur es una cuadrícula perfectamente planificada, rodeada de una muralla que se cruza por hermosas puertas de color rosa. Agotados de caminar, cruzamos una de ellas en un rickshaw conducido por un hombre en bicicleta,  que en la cuesta arriba se baja y empuja a pie. Cuando llegamos a nuestro destino le damos mucho más de lo que habíamos acordado, para limpiar nuestra conciencia. Estamos ante una maravilla que, casualmente, se sitúa junto a nuestro Hotel Trident. En medio de un lago parece flotar el mágico Jal Mahal (Palacio del Agua), brillante como su reflejo. Han construido un moderno paseo donde tal vez algún día habrá palmeras, pero al que ahora hay que llegar cruzando la tierra y el barro. Aquí acuden las parejas al atardecer, para pasear y disfrutar de la romántica vista bajo la atenta mirada de los policías, que vigilan para evitar robos y altercados. Una bella y relajante imagen para poner fin a un largo día.

El día siguiente, que será aún más agotador y sorprendente que el anterior, empieza pronto. Madrugamos para ir al Fuerte de Amber, que se alza entre las montañas a 11 kilómetros de Jaipur. Siguiendo la turística tradición, subimos a lomos de un elefante desde el fondo del valle hasta lo alto del fuerte, en una experiencia única y sin duda inolvidable. Es un espectáculo ver la caravana de elefantas pintadas (todas son hembras y todas se llaman Laxmi) ascendiendo hacia el imponente fuerte que crece ante nosotros al acercarnos. Nos llama la tención el colorido de los animales y de los turbantes de sus guías, bajo la mole de piedra y el cielo azul. También el tenue amarillo del elegante sari de la mujer que sube la cuesta paciente, a pie porque no es una turista ni viene de un lejano país, a diferencia de quienes la vemos desde lo alto de los paquidermos.

La vista desde los torreones del fuerte es espectacular: abajo los jardines y al fondo las murallas que trepan por las montañas, donde en mi imaginación veo subir y bajar elefantes en otros tiempos. A diferencia de otros fuertes que hemos visitado, aquí no tenemos que seguir un orden ni limitarnos a una ruta establecida. El inmenso castillo nos ofrece innumerables salas vacías y fantasmagóricos pasillos por los que perdernos. Nos sumergimos en una emocionante aventura, investigando cada rincón. Intentamos aislarnos y huir de la masa de turistas japoneses que se mueven como un enjambre, disparando sus cámaras como si fueran aguijones. Cuando nos cansamos de dar vueltas y no nos queda nada por descubrir, emprendemos el descenso. Bajamos por la interminable escalera dejando atrás el fuerte y a los persistentes vendedores de recuerdos. 

Tras la preciosa visita al Fuerte de Amber, nuestro chófer nos deja en el centro de la Ciudad Rosa para visitar el Palacio de la Ciudad. Es la residencia oficial del maharajá de Jaipur, que aún habita en un ala del palacio. El resto del enorme recinto está convertido un gran museo, que alberga colecciones de pinturas, antigüedades y todo tipo de objetos relacionados con la historia de la ciudad. Recorremos rápidamente las salas de audiencias y de exposiciones, donde se exhiben desde vestidos hasta armas, desde coches hasta aviones. Al salir del palacio vemos, junto a él, la fachada del edificio más famoso y fotografiado de Jaipur: el Hawa Mahal (Palacio de los Vientos). Desde esta impresionante colmena rosa, formada por montones de balcones cubiertos de celosías, contemplaban antaño vida en la calle las princesas y mujeres de la casa real.

Cansados de visitar fuertes y palacios nos echamos de nuevo a la calle, salimos de la vieja ciudad rosa y seguimos la calle comercial hacia la zona más moderna. Nos encontramos de pronto con una sorpresa inesperada: ante nosotros se alza imponente el cine Raj Mandir, uno de los más famosos de la India. Su impresionante fachada rosa de estilo art déco nos traslada al Miami de los años treinta y de inmediato tenemos una idea. Dicen que una visita a Jaipur no es completa si no se ve una película en este cine, así que sacamos las entradas para la primera sesión de la tarde. Somos fans de Bollywood desde que vimos Bilú el barbero en Lavapiés hace unos meses, en el festival de cine indio al aire libre que se celebra en este barrio madrileño. Entonces pensábamos que no aguantaríamos la película, pero nos quedamos hasta el final.

El interior del cine es aún más espectacular que el exterior, como una gigantesca tarta de fresa, pero no consigo hacer fotos porque una mujer de uniforme me persigue y me lo impide. La película de estreno, como veis, se llama Love Aaj Kal (que no sé qué significa, aparte de amor) y es en hindi sin subtítulos, pero aun así nos la tragamos entera. Familias enteras, niños llorando en el cine, descanso en la mitad de la película... la experiencia me recuerda aquellas tardes en el cine cuando era pequeño. Aunque no entendemos los chistes (de pronto todo el mundo se ríe y no sabemos de qué) podemos seguir el argumento y nos ayuda que los indios utilicen algunas palabras y expresiones en inglés, como all the best. Se trata de una comedia romántica con ambiente internacional que habla de la dualidad entre tradición y modernidad que vive el país. Por supuesto, la factura de la película es espléndida y los números musicales fabulosos, como podéis ver aquí:

 

La visión de esta película en semejante palacio del cine nos deja locos y acrecienta nuestra pasión por Bollywood, sus canciones, actores y actrices, que están hasta en la sopa: salen en todos los anuncios de la tele, en las portadas de las revistas y los carteles de las calles. Volvemos a la ciudad vieja y fotografío a unos niños con ojos tristes, que miran las fotos como si nunca hubieran visto su cara antes. Luego cogemos un tuc-tuc para que nos lleve a Samode Haveli, un precioso lugar que nos han recomendado para cenar. Después de tanto ruido y ajetreo nos sentimos en un remanso de paz, sentados en el patio de este hotel-palacio mientras disfrutamos de la deliciosa comida, del sonido del agua de la fuente y de la música tradicional. Un marco incomparable y relajante para poner punto final a nuestra estancia en la bulliciosa capital del Rajastán.

Una vez más, el destino fatal que persigue los destinos de mis viajes me da que pensar... Mientras escribía este post se ha producido un gigantesco incendio en Jaipur. Siguen ardiendo los depósitos de combustible situados a varios kilómetros del centro, tras varios días de infierno. Ha habido una decena de muertos, aunque al menos se ha salvado de las llamas la ciudad rosa.

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24 Octubre 2009

PPATÉTICOS

Os extrañará que últimamente no hable sobre el Caso Gürtel, pero es que ya cansa. Resulta aburrido seguir diariamente en todos los medios los capítulos imposibles de esta saga. Las vergonzosas aventuras de esta pandilla basura que ocupa altos cargos en el Partido Popular. La red de ladrones que se extiende por Madrid, Valencia y quién sabe dónde. Las patéticas explicaciones de Mariano Rajoy para justificar las mayores barrabasadas en lugar de tomar las riendas de su partido... En fin, que estoy harto de esta ridícula farsa y por eso he decidido cerrar con esta entrega mi trilogía dedicada a este asunto, que empezó en febrero con PPERDIDOS. Ya entonces se hablaba de Correa, que luego dio nombre a la trama (gürtel es correa en alemán).

La trilogía continuó en julio con PPODRIDOS y entonces comparé a Rajoy y Camps con Martes y Trece. Tal vez era una premonición, porque fue precisamente el último martes y trece de octubre cuando presenciamos el penúltimo capítulo de esta saga. El día en el que Ricardo Costa fue convertido en "chivo expiatorio" y "cabeza de turco" como bien dijo en su rueda de prensa. El día en el que Camps acabó como siempre saliéndose con la suya, con el apoyo incondicional de Rajoy, exactamente igual que en julio. Y como esto es una trilogía cinematográfica, he escogido una película que retrata perfectamente la trama valenciana, por diversos motivos: la espléndida Ágora de Alejandro Amenábar, que vi en el cine hace una semana.

El título de este post lo podéis leer como "papatéticos" porque lo del Papa ha sido el último escalón de esta escalera sin fin, el último eslabón de esta cadena de robos de proporciones gigantescas. Yo estuve en Valencia una semana antes de aquella visita papal y quedé horrorizado por el espectáculo que se estaba montando. Aquello parecía un macrofestival rock o un Parque Temático, pero ahora lo entiendo. Era uno más de esos eventos que montaban entre Manuel Camps, Ricardo Costa, Rita Barberá y El Bigotes, para beneficio de todos ellos y de sus jefes Rajoy y Correa. Por cierto, el Bigotes sigue libre y tomando el aperitivo por las terrazas, ante el estupor de los españoles.

Como dijo Costa, la fiesta del PP no ha terminado, yo creo que acaba de empezar. Que no crea Mariano que con cesar a este hombre se ha solucionado el asunto, porque queda mucha mierda que limpiar en su partido y cada vez apesta más. Que no crea tampoco Esperanza Aguirre que con expulsar a unos cuantos chorizos va a quedar libre de culpa, porque nadie se cree su papel ejemplarizante. Espe también está de mierda hasta el cuello y enfrentada al partido por el poder en Caja Madrid, donde quiere colocar a uno de sus secuaces, pringado en el caso de los espías. Si Espe no sale en este cartel es porque está centrado en Valencia y su papel allí lo ocupa Rita Barberá, dispuesta a todo.

Ágora se llama también el edificio que levanta Calatrava en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de la capital del Turia, que rematará este particular parque temático. Un espacio gigantesco donde podrán reunirse miles de fieles para visitas papales, mítines políticos o manifestaciones contra el aborto, como la del pasado sábado. Los del PP no quieren hablar de corrupción y prefieren seguir mirando hacia otro lado, haciendo ruido sobre otros temas como éste, pero ni con esos ruidos tapan su mierda. En su hipócrita y patética línea habitual, todos asistieron "a título personal" a la manifestación orquestada por Espe y la Iglesia el pasado sábado en Madrid. Luego inflaron las cifras como siempre, pues la Iglesia y el poder se unen para manipular al pueblo.

En la magnífica Ágora de Amenábar vemos que las religiones se basan en la mentira y se enfrentan a la ciencia, para engañar al pueblo y conseguir el poder. Como muy bien dijo Marx: "la religión es el opio del pueblo" y sin duda todas las religiones llevadas al integrismo y al fanatismo son malas, incluso la cristiana. No se vio a ningún miembro del PP en las manifestaciones contra la pobreza de la pasada semana, porque eso no va con ellos, que están en política "para forrarse". Sin embargo, seguro que todos fueron a Misa el domingo, para quedar bien delante de sus vecinos, aunque son más malos que el mismísimo demonio. Mientras los del PP sigan con esa hipocresía cristiana de sepulcros blanquedos, para mí serán patéticos. Al menos espero que algún día se haga justicia y paguen los culpables, para que no cunda su ejemplo.

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20 Octubre 2009

Pushkar, el lago sagrado

Algo recuperado de mi tendinitis en el hombro, sigo con el relato de mi viaje a la India. El trayecto desde Udaipur es más accidentado de lo normal, porque la carretera está en mal estado y tenemos que desviarnos varias veces. Hemos oído y leído mucho sobre Pushkar, es pequeña población plagada de templos, construida alrededor de un lago en cuyos ghats los brahmanes timan a los turistas. Por fin llegamos a nuestro hotel Pushkar Palace, que también es histórico, o como dicen aquí heritage. Nos asomamos a ver el panorama y quedamos estupefactos, al ver que el lago está prácticamente seco y sólo hay agua en algunas albercas construidas junto a los ghats. Nos cuentan que el Rajastán sufre una pertinaz sequía y, lo que es peor, el monzón de este año no ha sido generoso.

Nos disponemos a recorrer el pueblo, que se limita a una larga calle paralela al lago en dirección al Templo de Brahma, el único dedicado a esta deidad en todo el país. Recorremos la calle rodeados de peregrinos de todo pelaje y apreciamos la diversidad de razas y costumbres. Comprendemos que los hippies vinieron a la India en los años 70 y se llevaron a Europa y América las costumbre locales. Porque los indios caminan descalzos, llevan pendientes y pulseras, toda clase de piercings y tatuajes... Por no hablar del cabello, que llevan largo, con rastas, rapado y con una trenza detrás... Entre los transeúntes vemos también animales, como las palomas en el ghat o las omnipresentes vacas a la puerta de un templo.

El cielo comienza a nublarse de pronto y comienza a llover, así que nos refugiamos en un restaurante con intención de comer. La lluvia se transforma en una fuerte tormenta y vemos el arco iris sobre los templos y los montes. La tromba de agua arrecia y parece no tener fin. Nos habían hablado de la sequía, pero parece que nosotros hemos traído la lluvia y los vecinos lo agradecen. El problema no es que llueva, sino que no hay luz. Estamos ya acostumbrados a los continuos apagones que se dan en este país, aunque normalmente duran poco. Sin embargo, nos dicen que en Pushkar se va la luz cada tarde durante tres horas, y necesitan electricidad para cocinar o para hacer un simple lassi.

Esperamos en vano a que vuelva la luz para poder comer y, cuando la lluvia comienza a amainar, decidimos seguir nuestro camino. Continuamos paseando por la calle, rodeados de templos, havelis, mujeres con saris y hombres con turbantes. Finalmente llegamos al Templo de Brahma, el destino de todos los visitantes, donde nos rodea una gran multitud. Dentro no se permite hacer fotos, ni introducir cámaras, ni tabaco ni bolsas, así que optamos por turnarnos: mientras uno entra, el otro se queda con sus pertenencias, incluidos los zapatos. Yo subo descalzo la escalera que conduce a la entrada, mientras las mujeres me ofrecen flores y los hombres se ofrecen para hacerme de guía. Yo no hago caso a nadie porque estoy prevenido de los timos, y hago como si no entendiera lo que me dicen.

La experiencia es interesante, aunque me resulta un poco agobiante. Me siento extraño, en medio de una multitud unida por un fervor religioso que no comparto. Doy una vuelta rápida por el interior del templo y me abstengo de bajar a un cubículo donde la gente se amontona todavía más. Salgo deprisa y luego me toca esperar mientras me repongo, a la vez que un niño me presiona hasta lo imposible para que le compre algo de comer. Luego volvemos por el mismo camino y, por fin, podemos parar a cenar en un restaurante con terraza. Devoramos lo que nos ponen, después de todo el día sin comer (creo que es mi primera comida tras mi incidente intestinal). Ya ha anochecido y, de vuelta al hotel, vemos los templos iluminados, donde sigue el bullicio constante.

Al día siguiente, el sol brilla y los colores se ven más luminosos. Desde nuestro precioso hotel, con ese aire antiguo y decadente, tenemos una vista privilegiada del espectáculo junto al lago seco. Mientras desayunamos en el comedor, amueblado y decorado al estilo colonial británico, nos despedimos de Pushkar. El ajetreo sigue en los ghats, pero nosotros tenemos que marcharnos para continuar nuestra ruta. La visita a esta legendaria población ha sido corta pero intensa; sin duda ha merecido la pena.

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14 Octubre 2009

Lesionado

Hace demasiado tiempo que no publico, pero no creáis que os he abandonado. Tengo tendinitis en el hombro izquierdo y, por si no lo sabéis, soy zurdo. Desde ayer estoy de baja y ahora tengo mucho tiempo para pensar. Se me ocurren continuamente posibles posts, pero no puedo ni debo escribir. Así que esos posts tendrán que esperar, o morirán sin haber nacido, como tantos otros. Espero recuperarme pronto y volver a las andadas. Por ahora, os dejo con una foto que hice el pasado fin de semana. Era de tres días y aproveché para escaparme a la playa. El descanso, el mar y el sol consiguieron que mi hombro mejorara. Ahora sólo tengo que mirar esta puesta de sol para trasladarme allí y sentirme mejor. Si la miro todo el rato, tal vez consiga curarme antes.

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6 Octubre 2009

Udaipur, la ciudad romántica

Sigo con las crónicas de mi reciente viaje a la India, de las que hoy os traigo una nueva entrega. Seguimos en el Rajastán, donde casi todas las ciudades llevan el nombre de su fundador. Salimos por la mañana de Jodhpur (fundada por Rao Jodha), en dirección a Udaipur (fundada por Udai Singh II). Dejamos atrás el árido desierto de Thar y nos internamos en una zona más verde y montañosa. Hacemos una parada en el camino, para visitar los impresionantes templos jainistas de Ranakpur.

Como vestimos bermudas, para entrar en los templos nos tenemos que poner encima unos horribles pantalones anchos que parecen de pijama, con los que tenemos unas pintas tremendas. El interior es de una belleza sobrecogedora, no en vano se trata de uno de los conjuntos jainistas más importantes del país. Nos vemos rodeados de cientos de columnas de mármol, todas diferentes, talladas y esculpidas magistralmente con motivos geométricos y florales. Las figuras humanas de los capiteles me recuerdan a las estatuas de los templos aztecas.

Tras esta extraordinaria visita continuamos camino hasta Udaipur, la ciudad más romántica del Rajastán. Tanta fama tiene que se ha convertido en la "ciudad de las bodas" y la gente acude hasta aquí para casarse, tanto de la India como del extranjero. La bella ciudad está situada a orillas del lago Pichola y rodeada de verdes colinas. En cuanto nos instalamos en el hotel Trident, a las afueras de la ciudad, salimos a dar un agradable paseo hasta el lago. Allí, un elefante hace las delicias de los turistas mientras su cuidador se baña.

Por primera vez vemos los famosos ghats: esas escalinatas de piedra que bajan desde las fachadas de los edificios hasta las aguas del lago. Aquí, los hombres y mujeres se bañan, lavan la ropa, rezan o se sientan a ver pasar la vida. Detrás de ellos se alza el majestuoso Palacio que domina toda la ciudad, rematado por un sinfín de torreones y cúpulas. Frente a este conjunto, cubriendo por completo una isla situada en medio del lago, se encuentra el hotel Lake Palace, un lujo al alcance de sólo unos pocos privilegiados.

Subimos a la terraza del restaurante Rainbow, situado junto a los ghats a la orilla del lago. Disfrutamos de un delicioso lassi (yogur batido con frutas) mientras vemos a unos jóvenes bañarse y hacer piruetas en el agua. Estamos tan a gusto, recostados en un colchón al borde de la azotea, contemplando el paisaje. El dueño del local se acerca a conversar con nosotros en un aceptable español y nos cuenta su sueño: levantar dos plantas el edificio que alberga su restaurante para dar cabida a un hotel. Nos explica que la inversión necesaria sería mínima para nuestros bolsillos españoles.

"I had a hotel in Udaipur" repito en voz alta una y otra vez, emulando la famosa frase de Meryl Streep "I had a farm in Africa" con la que comenzaba la película Memorias de África. El propietario del restaurante nos ha ofrecido asociarnos con él y me ha contagiado su sueño. Me veo regentando el hotel a orillas del lago Pichola, viviendo una vida tranquila y sosegada. Comienza a atardecer y la vista se hace aún más romántica, así que decidimos pedir la cena para no tener que abandonar nuestra relajada postura.

Al día siguiente visitamos el Palacio de la Ciudad, que es tan hermoso como todos los que hemos visto o incluso más. Recorremos sus patios y sus salones, todos ricamente decorados. Me sorprenden algunas estancias cubiertas de espejos y cristales de colores, que tienen el aspecto de una discoteca psicodélica. En contraste con esta decoración estridente, hay salones pintados en colores pastel que transmiten paz y tranquilidad, donde conversan relajadamente los vigilantes, que aquí visten al estilo militar.

Después nos dedicamos a pasear por la ciudad y a descubrir sus rincones. Visitamos un jardín que nos decepciona bastante y contemplamos una maravillosa panorámica: el ghat de un templo, al otro lado del lago, lleno de mujeres con saris de colores. Visitamos el templo más famoso de la ciudad y fotografío junto a él a una niña muy rara, por supuesto a cambio de unas rupias. Luego comemos en un café muy cool, lleno de jóvenes extranjeras tiradas por el suelo. Udaipur es una ciudad donde los "mochileros" se sienten como en su casa, lo que no es difícil de entender.

Por la tarde tenemos nuestra excursión en barca por el lago Pichola. Es una actividad típica de aquí y no hay turista que se la pierda. Compartimos nuestra barca con el timonel y con gente de diversas nacionalidades, bajo un calor sofocante. Desde el agua todo adquiere un aspecto diferente y mágico: el Palacio brilla como reflejado en un espejo, mientras el blanco hotel Lake Palace parece un trasatlántico perdido, un buque fantasma, como si fuera el Titanic a punto de hundirse entre la niebla. 

Por fin llegamos al punto más lejano de nuestra travesía acuática: la isla de Jagmandir. Nos recibe una hilera de elefantes de piedra y nos disponemos a recorrer el palacio, pero también nos decepciona. No hay nada que ver aquí, sólo el espléndido panorama de la ciudad que se divisa entre los elefantes. El pequeño palacio y su jardín están acondicionados para celebrar bodas, y vemos a unos cuantos empleados preparando un banquete. Afortunadamente hay unos aseos fantásticos y hago buen uso de ellos, porque mientras espero el siguiente barco llega el gran retortijón. Se acabó el romanticismo, el resto de mi estancia en Udaipur será una cagalera continua. Pasaré la segunda noche entre la cama y el retrete de mi habitación del hotel Trident.

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2 Octubre 2009

A la tercera va la vencida

Madrid ha perdido los Juegos Olímpicos de 2016. Río de Janeiro ha ganado, como se veía venir. Lo primero es felicitar a los brasileños en general, y a los cariocas en particular, por conseguir su sueño. Río tenía todas las papeletas y el COI ya había apostado por esta ciudad en la última evaluación de las candidaturas. Las bazas a favor de la ciudad brasileña eran muchas: nunca se han celebrado unas Olimpiadas en América del Sur, Brasil es un país emergente (como lo era China cuando consiguió los Juegos de Pekín) y, además, según la regla no escrita de la rotación continental, en 2016 tocaba América. Tenía sólo una pega: la celebración en Brasil del Campeonato Mundial de Fútbol de 2014, pero esto no ha sido un obstáculo para los miembros del COI, que han otorgado a Río los Juegos de 2016.

Madrid ha vuelto a perder cuatro años después, pero en realidad todos nos lo temíamos. Es verdad que al final, cuando sólo quedaban dos ciudades en liza, nos hemos ilusionado y hemos creído que era posible. Pero al final ha pesado esa regla no escrita, aunque el Presidente del COI había dicho que no se tendría en cuenta. Londres 2012 está demasiado cerca y ni siquiera se ha celebrado aún, así que la corazonada madrileña era un sueño difícil de cumplirse. Pero eso ya lo sabíamos todos desde el principio, incluso lo sabía el alcalde Gallardón cuando presentó su segunda candidatura consecutiva. Así que ahora no hay marcha atrás, no tendría sentido haberse presentado para 2016, sabiendo a priori que sería casi imposible, y no hacerlo para 2020, con el viento a favor.

Confieso que el título de este post me valía tanto si Madrid ganaba como si perdía, porque hoy es la tercera vez que Madrid pierde las Olimpiadas. Lo que ocurre es que, para mí, la primera vez no cuenta: fue para los Juegos de 1972 que acabaron celebrándose en Múnich, cuando Franco era aún el Jefe del Estado español y Carlos Arias Navarro era Alcalde de Madrid. Las posibilidades madrileñas eran entonces muy remotas, por no decir nulas, así que aquella candidatura puede considerarse "simbólica". Lo que cuenta es la perseverancia, y a la tercera va la vencida, así que tras 2012 y 2016, Madrid debe presentarse para 2020. Entonces los Juegos podrán volver a Europa tras cruzar el charco, y entonces Madrid estará todavía mejor preparada que ahora, no habrá ciudad que la supere.

Si el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, fuera consecuente, estaría ya pensando en presentar la candidatura de la capital de España para 2020. Si realmente tiene tanta ilusión y tanta confianza en las posibilidades madrileñas, creo que debería hacerlo. Si entonces no ganamos, será hora de retirarnos de la carrera olímpica, como hizo París tras perder varias veces seguidas. Pero sería una pena desperdiciar todo lo que se ha hecho sabiendo que este año la cosa estaba complicada. Yo ya os he dicho aquí muchas veces que tengo la ilusión de ver unas Olimpiadas en Madrid desde que era pequeño, pero además tengo una poderosa razón para apoyarlas. Estoy harto de ver mi ciudad herida, llena de zanjas y socavones, y creo que sólo si conseguimos los Juegos podremos verla sin obras.

En realidad, me acabo de dar cuenta de que hay otra forma de ver Madrid libre de obras y de incomodidades para los ciudadanos. Se trata de echar de una vez por todas al alcalde Gallardón. Bajar a este faraón de su trono, para que deje de sangrarnos a base de multas e impuestos, para que deje de amargarnos la vida con obras interminables y molestas. Hay que pararle los pies cuanto antes, porque ahora anuncia que quiere remodelar la Plaza Mayor y ponerle gradas. Desde luego, si sigue adelante con este proyecto, yo estoy dispuesto a manifestarme y promover la rebelión contra este loco peligroso, que no va a dejar ni un trozo de Madrid sin cubrir por esas horribles losas de granito que avanzan por la ciudad como una marea negra. Toda la ciudad está patas arriba y se acercan fechas fatídicas.

Supongo que, si conseguimos echar a Gallardón del Ayuntamiento, con él se irá también el sueño olímpico de Madrid. Entonces sólo quedará mi ilusión, pero espero no perderla. Porque de ilusión también se vive.

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Sobre mí

Ciudadano del mundo, aventurero y viajero incansable. Idealista, inconformista y rebelde sin pausa. Puro Aries: impulsivo, independiente y sincero. Desde marzo de 2007 vuelco aquí mis opiniones, experiencias y sueños.

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