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La Coctelera

Charlitox Blox

Mi mirada crítica sobre el mundo actual

30 Noviembre 2009

Ha llegado el invierno

Un año más, en Madrid hemos pasado del verano al invierno sin tener otoño. Eso en lo climatológico, porque como estación de cambios este otoño ha cumplido con creces, al menos para mí. El caso es que el otro día, de repente, comenzó a hacer un frío que pela, y yo dije para mí la frase que titula este post. Entonces recordé una canción de mi amigo Juan Marchán, a quien llevaba años sin ver hasta que acudí a la presentación de su primera novela, hace sólo un par de semanas. Al menos como escritor ha conseguido lo que no pudo lograr como músico, porque creo que nunca sacó un disco. Hace veinte años, en los ochenta, tuvo varios grupos y yo iba a todos sus conciertos; era su fiel seguidor. Grabó una maqueta con su grupo Alto Secreto, que yo tengo en una cinta perdida por algún rincón de mi casa. Allí estaba esa canción de la que os hablo y me encantaría que la pudierais escuchar, pero sólo puedo escribir la letra:

Ha llegado el invierno
y el frío cubre
las tumbas de los muertos.

Lentamente, despacio,
lentamente el cautivo
repasa sus actos.

No fue suyo el crimen.
Desde la prisión
contempla la desolación
de un mundo que no existe.

Esto es sólo el principio, pero no consigo recordar el resto de la letra. Desde que me vino a la cabeza esta canción el otro día, no he podido dejar de cantarla para mis adentros (bueno, también en alto, pero sólo en la ducha). Supongo que este invierno esta preciosa y triste canción cobra un sentido especial para mí, por algo que ha ocurrido este otoño. Algo de lo que tendré que hablar con mi amigo Juan Marchán cuando pueda verle con más tiempo y tranquilidad, y espero que sea pronto. Algo de lo que también tendré que hablar con mi hermana Marga, a quien también hace mucho tiempo que no veo. Hoy es su cumpleaños y no puedo darle un beso ni un tirón de orejas, porque un océano nos separa. Me encantaría poder celebrar este día con ella y me alegro de haberle enviado (por correo electrónico) un regalo más alegre que este triste y nostálgico post. Además, ahora que lo pienso, para ella ha llegado el verano, qué ironía...

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27 Noviembre 2009

Paz en Orchha y Kamasutra en Khajuraho

Cada vez me queda menos para terminar el relato de mi cada vez más lejano viaje a la India. Cada vez me cuesta más recordar aquellos días, pero me esfuerzo en plasmarlos aquí para compartirlos con vosotros antes de olvidarlos. Creo que vale la pena llegar hasta el final y, además, aún no he llegado al momento culminante de este increíble viaje.

Dicen que un viaje a la India no es completo si no se viaja en tren y nosotros también tenemos nuestra dosis. Después de visitar el Taj Mahal nuestro amigo conductor nos lleva a la estación de Agra, donde nos despedimos definitivamente de él a la vez que le entregamos el sobre con la propina. Estamos un poco acojonados, porque hemos visto los trenes cargados de gente que viaja entre los vagones y sobre ellos. Leemos en la guía que es imprescindible llevar cadenas y candados para que no te roben las maletas, pero nosotros no llevamos. Afortunadamente, nuestro tren es mucho mejor de lo que esperábamos y, al menos en nuestra primera clase, el ambiente es bastante parecido al de un tren español. El viaje hasta Jhansi dura sólo tres horas y es bastante agradable, aunque intentamos no quedarnos dormidos por si acaso. Vemos verdes campos con vacas y búfalos hasta que empieza a llover con fuerza.

Llegamos a Jhansi en pleno aguacero y allí nos espera nuestro nuevo chófer, que nos conduce hasta el cercano pueblo de Orchha, donde pasaremos la noche. En cuanto disminuye la lluvia salimos a dar un paseo y nos sorprende la tranquilidad del pueblo. Aquí todavía no ha llegado el turismo de masas y es un placer pasear junto al río bajo la mirada de los aún sorprendidos vecinos. Después del acoso y derribo de la sucia Agra, se agradece. Vemos el fuerte que emerge entre la fronda al otro lado del río y nos dirigimos hacia él. Al cruzar el puente de piedra me encuentro por fin con la oportunidad de fotografiar a un sadhu, aunque tenga que darle las consabidas monedas. Al hacer la foto no me doy cuenta, pero ahora que la veo me parece que está levitando. Y, cuanto más me fijo, más convencido estoy. Luego entramos en el corazón del pequeño pueblo por su apacible calle comercial.

Los edificios más sorprendentes de Orchha son los cenotafios levantados por la dinastía de los Bundela, que parecen gigantescas catedrales y se divisan desde la lejanía. No entramos porque resulta peligroso, ya que se encuentran en muy mal estado, sucios y abandonados. Me llaman la atención los extraños arcos que hay a la entrada de la población, una perfecta combinación de la arquitectura persa por abajo y la japonesa por arriba. Paseamos por caminos que acaban en el bosque plagado de monos, hasta que vuelve a llover. Entonces buscamos un sitio para cenar y descubrimos el restaurante Krishna, totalmente recomendable. Mientras saboreamos la comida casera, su joven dueño nos habla de la ilusión que ha puesto en él. Espera a los turistas como agua de mayo, pero no llegan, porque el restaurante es tan nuevo que no está en las guías turísticas. Yo le prometo que pondré su foto en internet y él se emociona.

El día siguiente amanece despejado y radiante. Durante el agradable viaje en coche hacia Khajuraho cruzamos verdes campos y caudalosos ríos. Llegamos a nuestro destino a mediodía y de inmediato salimos del hotel para ir a visitar los templos. Grave error, porque el calor sofocante nos lo hará pagar caro: yo estoy a punto de sufrir una lipotimia bajo el sol cenital. El grupo de templos del oeste es el principal y hay que pagar para visitar el recinto cerrado. En un amplio espacio ajardinado hay un puñado de templos diseminados. Todos tienen una estructura parecida, con su cúpula piramidal precedida de una pequeña nave, sobre un pedestal al que se sube por una escalera. Desde lejos parecen colmenas, pues la piedra roja de la que están construidos está completamente taladrada, como si hubiera sido atacada por un ejército de abejas asesinas.

Al acercarnos nos damos de bruces con la realidad que ya conocíamos: los templos están cubiertos de bellas esculturas, muchas de las cuales son eróticas. Son conocidos como los Templos del Kamasutra, pues muestran parejas y grupos en todas las posturas sexuales imaginables. Algunas esculturas, grandes y delicadas, se exhiben abiertamente en la fachada, como las que veis a continuación. Tres parejas en pleno acto sexual y en posturas imposibles, rodeadas de otras personas, ocupan la parte central de tres grandes frisos. Otras más pequeñas, toscas y primitivas (pero igual de explícitas) se ocultan entre esculturas de diversa temática en los frisos más estrechos. Pasamos la tarde escrutando las abigarradas fachadas de los bellos templos en busca de erotismo, hasta que cae el sol y el recinto se llena de visitantes. Entonces lo abandonamos y contemplamos el precioso atardecer desde la terraza de un café situado enfrente.

Parece imposible que estas esculturas tan provocativas se tallaran hace mil años (entre los siglos X y XI) cuando todavía hoy escandalizan a mucha gente. Hay diversas teorías que tratan de explicar por qué se esculpieron en tiempos de la dinastía Chandela, pero la más extendida (a la vez que peregrina) es que trataban de fomentar el sexo y la natalidad en tiempos de guerra y hambrunas. También vemos algunas de estas esculturas eróticas en el segundo grupo de templos, que visitamos a la mañana siguiente. Es un grupo pequeño de templos dispersos, más deteriorados que los anteriores porque no están en un recinto cerrado. Sin embargo, algunos están bastante restaurados y presentan fachadas aún más intrincadas que todas las que hemos visto, como podéis comprobar a continuación.

El último grupo de templos que visitamos en Kharujaho es diferente: se trata de un conjunto de Templos Jainistas que están abiertos al culto y contienen un museo sobre esta religión o secta. Nos sorprenden las grandes imágenes de dioses completamente desnudos, con sus atributos sexuales perfectamente definidos. Es algo a lo que no estamos acostumbrados, pero que resulta normal para los jainistas, que son naturistas y practican el nudismo. Los seguidores de esta secta visten de forma austera, semidesnudos, como el sadhu que habéis visto antes y el hombre de amarillo que veréis ahora. Viven en armonía con la naturaleza y no comen animales, algunos incluso se tapan la boca con una venda para no tragarse accidentalmente un insecto. Tras esta interesante visita salimos del templo blanco que reluce bajo el sol; estamos a media mañana y ya estamos chorreando de sudor porque aprieta el calor. Montamos en el coche que nos lleva al aeropuerto, desde donde saldremos volando con rumbo a nuestro próximo destino.

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21 Noviembre 2009

Carta número 6. El facha

Hoy os traigo otra de mis cartas auténticas, porque creo que es el momento indicado. Ayer fue el aniversario de la muerte de Franco y vi en la tele cómo aún hay quien añora al dictador. Me acordé de esta carta, que tiene bastantes años, pero conserva su vigencia. También fue escrita en una fecha señalada:

XX, 22 de febrero de 1992

Muy señores míos:

Escribimos en vísperas de un día tan señalado para nosotros (23-F, día del último Alzamiento Nacional), para informarle de las medidas adoptadas para con su revista.

Ha caído en manos de nuestra organización por mediación de la prensa (medios rojos, judeo-masónicos y anarquistas) un encarte con publicidad de su revista XX. Pues bien, ustedes regalan una pequeña calculadora-traductora que, señores, con la cual, ¡¡¡NO SE PUEDE TRADUCIR LA PALABRA ESPAÑA!!!, porque la susodicha traductora carece de una letra tan única, con tanto carácter, tan Española como la Ñ. Bastante hemos batallado ya contra las hordas anglosajonas perversoras de los Valores Patrios e incólumes de nuestra tradición.

Boicotearemos, sabotearemos y denunciaremos todas las revistas que ustedes publiquen, mientras no retiren ese subproducto con tendencias yankis, y lo vuelvan a ofrecer con nuestra querida Ñ.

Hemos de hacer notar nuestra satisfacción parcial por la impresión de nuestra Enseña Nacional en el anverso de la ya famosa traductora. Pero nuestra asociación desearía que este Símbolo de Unidad Patria, fuera impreso a mayor tamaño y con el escudo tradicional, símbolo de la Grandeza, Unidad y Libertad de nuestra siempre amada Patria España.

Un saludo brazo en alto, y un ¡¡¡Arriba España!!!

XXX

Las tres equis de la firma corresponden a una asociación que ya no existe, o al menos yo no he encontrado ninguna referencia de ella en internet. Pero supongo que aún quedan grupos o grupúsculos parecidos, porque aún hay quien acude al Valle de los Caídos para homenajear al Caudillo y llorar en el aniversario de su muerte. También son muchos los curas que ofrecieron ayer misas por el alma de Franco, aunque yo espero y deseo con toda mi alma que cada vez sean menos sus seguidores. Sin duda esta carta se ve tan rancia y trasnochada que provoca la sonrisa o la carcajada, porque parece increíble que pueda haber gente así. Pero yo siempre os digo que la realidad supera a la ficción, y que de todo hay en la viña del Señor.

Por otro lado y olvidando las formas fascistas de la carta, reconozco que estoy de acuerdo con su fondo: la defensa de la eñe. Hoy no hemos ganado aún la batalla que nos permita teclear en español en cualquier ordenador, y cuando viajo me doy cuenta de ello. Sin embargo, todos podemos ver en nuestros teclados símbolos que no utilizamos, como la ce-cedilla y los acentos grave y circunflejo. Mientras los franceses han logrado imponer algo propio a la comunidad internacional, nosotros no somos capaces aunque el español tenga más hablantes en el mundo. Creo que debemos esmerarnos más en defender lo nuestro, aunque me refiero sólo al idioma y a algunas costumbres que se están perdiendo. Por supuesto, no hablo de ciertos valores que no considero nuestros.

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17 Noviembre 2009

Impresiones de un bloguero en Sevilla

El domingo por la tarde volví del EBE en el AVE, pero hasta hoy martes no he podido publicar esta crónica. Tras la resaca, me ha costado bastante ordenar mis ideas y sacar mis conclusiones. Mi primera experiencia en una convención me ha confirmado lo que ya había oído: las largas jornadas seguidas de noches sin fin te dejan para el arrastre. Estoy cansado pero contento de haber asistido a este Evento Blog España, aunque no ha resultado como yo me esperaba. Ya os dije que no sabía muy bien a dónde iba, pero pensé que habría más blogueros aficionados, independientes y anónimos como yo. Bueno, tal vez los había, supongo que sí, pero la mayoría de los asistentes eran profesionales del sector de internet, que iban para hacer contactos y negocios. Casi todos se conocían o conocían a los ponentes y a los gurús de la red, cuyos nombres yo no había oído jamás. Me sentía como un extraño en una familia que no era la mía, aunque sólo a ratos, porque luego comprendía que en este mundo cabemos todos y, además, siempre me ha gustado ser la oveja negra.

Siempre es un placer visitar la maravillosa ciudad de Sevilla y me ha encantado volver después de unos quince años. Aunque no me ha quedado mucho tiempo para pasear, he podido disfrutar de sus deliciosas tapas en las terrazas que ocupan calles y plazas, bajo un sol de justicia. Incluso los sevillanos estaban sorprendidos del calor que hacía, demasiado para estas fechas. Estamos a mediados de noviembre pero en la capital andaluza parecía primavera, que es la estación ideal en esta ciudad teniendo en cuenta que en verano el calor es sofocante. Encontré Sevilla tal y como la recordaba, aunque algunas cosas han mejorado: la Alameda de Hércules, antaño marginal refugio de putas y maleantes, es hoy un hermoso paseo recuperado para el disfrute de vecinos y visitantes. Me agradó también ver gran cantidad de bicicletas, muchas de ellas de alquiler, sobre los kilómetros de carril-bici que han surcado las calles hispalenses. Era lo que esperaba, teniendo en cuenta los tiempos que corren y sabiendo que la ciudad es totalmente llana y por tanto perfecta para pedalear.

El EBE se celebraba en el centro de convenciones del Hotel Barceló Renacimiento y pude alojarme en este lujoso establecimiento que se construyó para la Expo 92. Está situado en la Isla de la Cartuja, entre el Puente del Alamillo que levantó Calatrava para la ocasión y el parque de atracciones Isla Mágica, que ocupa los restos de aquella exposición. Las sesiones más importantes tuvieron lugar el sábado, día grande del evento. Yo me vestí a tono con mi camiseta de Star Wars y triunfé: incluso alguien me hizo una foto y la colgó en internet. Por la mañana, en una sesión paralela sobre "artistas y culturas en la red" triunfaron los protagonistas de la serie online sevillana Malviviendo. Acapararon todas las preguntas del público y quedó patente que es auténtico furor lo que ha despertado esta serie, sobre todo en su tierra. Reconozco que yo la descubrí hace poco, gracias a mi amigo Tenemos Imágenes, y desde aquí os la recomiendo porque creo que vale la pena.

Por la tarde se celebró una mesa redonda sobre "el estado de la blogosfera" en el décimo aniversario del nacimiento de los blogs. Entre los participantes estaba Álvaro Ortiz, Furilo para las amigos, responsable de La Coctelera y otros muchos proyectos. Entre él y sus compañeros de mesa, de otras redes de blogs, pronosticaron la muerte de este medio a manos del twitter. Yo me revolví en mi asiento porque no creo que esto pueda ocurrir, ya que el blog y el twitter son dos cosas diferentes. Cada formato cumple su misión y no creo que sean equiparables: mientras el twitter es más escueto, espontáneo e inmediato, el blog debe ser más completo, trabajado y reflexivo. El primero se podría comparar con los mensajes de móvil y el segundo con la prensa impresa, que ni siquiera ha desaparecido en la era de internet. Cada medio tiene su nicho y cada persona debe encontrar su medio, porque sólo los más frikis o los profesionales del sector pueden presumir de usarlos todos. Yo, que tengo el tiempo limitado, prefiero dedicarlo a mi blog antes que, por ejemplo, a las redes sociales. Por eso precisamente me considero un bloguero.

En esta misma mesa, un hombre cuyo nombre no recuerdo dijo que no se debe escribir de política en un blog porque te arriesgas a recibir comentarios ofensivos. Esto me pareció más propio de la derecha hipócrita (que sólo se preocupa de quedar bien) que de un auténtico bloguero (que, supuestamente, debe ser activista). Yo creo que en un blog uno debe decir lo que piensa sin temor a los comentarios que reciba, porque se trata de un medio de expresión y no de vender la moto a nadie. Para rizar el rizo y terminar de cagarla, el hombre añadió que los blogs de los políticos no tienen éxito. Como si tuviera algo que ver... ¿acaso a alguien le puede interesar el blog de un político, que precisamente es un experto en vender la moto? Yo, desde luego, no he leído ninguno y sólo conozco el de Güemes, del que prefiero no hablar. Menos mal que el domingo me reconciliaría con el EBE al oír la conferencia de clausura, que estuvo a cargo del periodista Gumersindo Lafuente. Me devolvió la confianza en mis ideas cuando insistió en que un bloguero debe decir lo que piensa.

Volviendo al sábado, a las ocho de la tarde se celebró la entrega de los Premios Bitacoras.com, a los que yo no me pude presentar. Como siempre, los premios se repartieron entre los amiguetes, entre quienes son "alguien" en la blogosfera (donde estamos muchos pero la mayoría no somos nadie). Se trata de un selecto club formado mayoritariamente por profesionales, en el que los blogueros aficionados e independientes lo tenemos muy difícil para entrar. Yo no pierdo la esperanza y por eso me seguiré presentando a cuantos premios pueda, porque me sirven para darme a conocer y porque soy optimista. Espero llegar algún día a ser "alguien" en este mundillo, aunque para conseguirlo debería participar en más eventos de este tipo y ya estoy pensando en el próximo EBE. Reconozco que en el de este año sólo he hecho algunos contactos por la noche, en las fiestas que reunieron a los asistentes en diversos garitos sevillanos. Allí me sentía en mi salsa y no me costaba tanto acercarme a la gente. Así conocí a los zaragozanos de Mein President, otra nueva serie online.

Confieso que aún no he visto esta serie, porque el poco tiempo del que dispongo fuera del trabajo lo dedico a escribir y publicar. Porque yo soy bloguero y lo que hago es dotar a la red de contenidos para que otros los consuman. Puede que yo sea un friki entre los frikis, porque no tengo móvil ni estoy a la última en tecnología. Pero es que yo no creo que la blogosfera sea un ente homogéneo, sino que lo formamos personas muy diferentes. Si los blogs murieran, la red se quedaría vacía y yo también. Por eso auguro una larga vida a los blogs, por lo menos al mío.

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13 Noviembre 2009

En el AVE al EBE

Voy en el AVE a Sevilla para asistir al Evento Blog España, el congreso de los blogueros. Es la primera vez que voy a un congreso y me siento como un ejecutivo, aunque una especie de ejecutivo friki como supongo que serán (o seremos) la mayoría de los asistentes. He desplegado mi portátil ante mí y escribo con ánimo de publicar en cuanto encuentre una conexión a internet. En realidad no voy en el AVE sino en el Alvia, que es un poco más barato y tarda un poquito más, aunque no veo ninguna diferencia entre ambos trenes. Estamos a punto de salir de la estación de Atocha y ya me temo que el viaje no va a ser tan cómodo como esperaba, pues detrás de mí va una señora con dos niños bastante maleducados que no paran de dar la tabarra; creo que deberían poner a los niños en un vagón aparte para no molestar.

Os hablaré sobre el EBE en mi próximo post, pues por ahora no tengo mucho que decir sobre este evento. Mi amigo Diego, que ya fue el año pasado, me recomendó que me apuntara y así lo hice. No sé muy bien qué me voy a encontrar, pero al menos espero aprender algo, conocer gente y pasarlo bien, que ya es bastante. Diego y yo empezamos nuestros blogs a la vez y ahora nos reencontramos, en otra conexión entre nuestras vidas paralelas. Porque él también siguió mis pasos al irse a Berlín hace dos años, como hice yo diez años antes, aunque él ha durado más tiempo que yo en aquella ciudad que tanto amé. Y precisamente Madrid y Berlín, las dos ciudades de mi historia, estuvieron unidas el pasado lunes por la fiesta, en otra de esas conexiones que tanto le gusta establecer a mi mente.

El 9 de noviembre se celebra en la capital española la festividad de la Almudena, su patrona, una fiesta religiosa como casi todas en España, con procesión de la Virgen por el centro de la ciudad y misa en la catedral con la asistencia del Alcalde y la Presidenta de la Comunidad. No voy a hablar ahora de estos personajes, compañeros de partido y enemigos acérrimos, porque no me quiero poner de mala leche. El mismo día se celebra en la capital alemana el aniversario de la caída del muro, una fiesta de otra índole, más popular y emotiva, por la cercanía del hecho histórico que conmemora. Concretamente, el pasado lunes se celebraban los veinte años de este día que cambió la historia, así que se dieron cita en Berlín los principales mandatarios mundiales, todos unidos por la paz y la libertad.

Como yo no soy amigo de misas ni procesiones, aproveché que el lunes no trabajaba para visitar un par de exposiciones. Así, transformé la fiesta religiosa de la Almudena en mi particular fiesta cultural. Primero fui al Matadero, algo que para mí ya se ha convertido en una costumbre. En este lugar cercano a mi casa nunca hay nadie, no hay que pagar ni esperar colas, y a veces hay cosas interesantes. El lunes fui para visitar una exposición de diseñadores finlandeses, una de las muchas que integran el Mes del Diseño Finlandés en Madrid. Me gustó verla porque siempre es un placer ver cosas bellas, sobre todo si a la vez son prácticas y funcionales. Siempre he sido fan del diseño escandinavo y lo sigo siendo después de ver cosas tan hermosas y curiosas como las que os voy a mostrar.

Me llamaron la atención las zapatillas que vais a ver a continuación. Son perfectas para algo que hacía mi padre conmigo cuando yo era pequeño, y que ahora hace con mis sobrinos. Yo colocaba mis pies sobre los suyos, él me cogía de las manos y se ponía a caminar o bailar. Yo hacía lo mismo sin tener que hacer nada, porque él me llevaba; supongo que con estos zapatos no hay peligro de caer ni de perder pie.

Me hizo especial ilusión encontrarme en la exposición con una silla que tengo en mi casa, concretamente en mi dormitorio. Estaba en casa de mis padres y siempre me encantó, así que me las apañé para hacerme con ella hábilmente. La compró mi padre cuando se casó junto a otras joyas que aún conserva, porque también es amante del buen diseño, supongo que es otra de las cualidades que he heredado de él. Es esta silla negra, exactamente igual y del mismo color que la que yo tengo, aunque recuerdo que la mía pasó por otros colores hace años... Según reza la leyenda que hay junto a ella, se trata de la Silla Mademoiselle (1956), de Ilmari Tapiovaara. De pronto me siento muy orgulloso de tener en casa una pieza de museo, de un diseñador finlandés ilustre, aunque no tan conocido aquí como el también arquitecto Alvar Aalto.

Junto a la exposición de diseño había otra de arquitectos finlandeses jóvenes, que aún no disfrutan del reconocimiento del maestro de todos ellos que he mencionado. Era bastante interesante, pero la vimos rápidamente y nos fuimos a comer. Después continuamos la jornada cultural con la visita a la exposición de arte erótico del Museo Thyssen Bornemisza. Yo no tenía especial interés en ir, pero luego me alegré de hacerlo. Descubrí algunas obras sorprendentes en una exhibición bien planteada, que me compensó con creces el elevado precio de la entrada. Si no habéis visto esta exposición y tenéis ocasión de visitarla, os recomiendo fervientemente hacerlo; creo que no os arrepentiréis.

Siento terminar este post con algo de prisa, pero ya estoy en Sevilla y quiero sumergirme en el EBE. Pronto os contaré mis impresiones sobre este evento y mis experiencias en esta ciudad, que siempre es un placer visitar porque, ya sabéis... tiene un color especial.

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10 Noviembre 2009

Fatehpur Sikri, Agra y el Taj Mahal

Esta mañana dos amigos me han dicho que tengo el blog abandonado y, la verdad, me ha sentado fatal. Debéis comprender que estas crónicas sobre mi viaje a la India me llevan bastante más tiempo que un post normal. Además, como comenté en mi entrada anterior, este otoño está acabando conmigo entre problemas y enfermedades, que me tienen sumido en un estado de letargo del que espero salir pronto. Por último, reconozco que desde que me regalaron Los Sims 3 por mi santo le he dedicado más tiempo que al blog. Me he enganchado a este juego como me enganché a las dos versiones anteriores y a todos y cada uno de sus packs de expansión. Mea culpa.

Salimos por fin del Rajastán y entramos en el vecino estado de Uttar Pradesh. Notamos de inmediato que el paisaje se hace más verde y el atuendo de la gente más apagado. Nada más cruzar la frontera nuestro conductor para el coche para preguntar, como de costumbre. Veo a una extraña mujer, distinta a todas las que hemos visto hasta ahora, y me dispongo a hacerle una foto. Ella me ve y comienza a acercarse a la vez que disparo mi cámara. De pronto recuerdo que no llevo rupias sueltas y me entra el agobio, así que cierro corriendo la ventanilla. Afortunadamente, nuestro chófer llega justo en el momento en el que ella empieza a golpear el cristal. Partimos de de allí a una velocidad que me parece lenta, comparada con el ritmo de los latidos de mi desbocado corazón.

Poco después llegamos a Fatehpur Sikri, la ciudad abandonada. Fundada por el emperador Akbar para ser capital del Imperio Mogol en 1571, fue abandonada por todos sus habitantes sólo catorce años después. Hay varias teorías, pero la más aceptada es que este abandono se debió a la falta de agua que se produjo en esta ciudad rodeada de vegetación. Hoy se conserva en perfecto estado y sus edificios parecen recién construidos, pero el único que se mantiene vivo es su importante mezquita. Atrae a musulmanes de todo el país y su estilo me recuerda al de las mezquitas persas que vi en Irán. Recorremos la gran explanada rodeados de algunas mujeres y muchos hombres de todas las edades, que rezan o se lavan. Alguno nos persigue para que le contratemos como guía o le compremos un collar.

El resto de la ciudad abandonada de Fatehpur Sikri es un recinto cerrado, al que se accede previo pago. Sólo algunos turistas, entre ellos muchos indios, perdidos en esta impresionante ciudad de anchas plazas, espacios abiertos y elegantes palacios de piedra roja. Dejo volar mi imaginación y me veo viviendo en este maravilloso lugar, hoy abandonado y convertido en museo, donde sólo vive algún que otro perro. Como yo, cada uno vive su historia particular en esta mágica ciudad, pienso al ver a unos hombres que tratan de abrazar una extraña columna en el interior de un palacio. Se tratará de alguna leyenda de las muchas que encierra este misterioso lugar, como la que dice que Akbar fundó esta ciudad porque aquí se encontró con el santo que vaticinó el nacimiento de su hijo primogénito.

Salimos de la ciudad y regresamos hacia el coche caminando por una carretera que parece tranquila y apacible. Hago una bonita foto a una mujer que cruza los arcos de la muralla, sin ver que al fondo hay un grupo de niños. Hacia ellos vamos sin remedio y sin saber lo que nos espera. En cuanto nos acercamos comienzan a pedirnos jabón, chocolate, rupias o lo que sea. Sacamos los botes de gel que hemos cogido en los hoteles y se los damos, pero de todas partes empiezan a salir niños y niñas que nos rodean y nos acosan hasta que me pongo nervioso. Seguimos andando sin hacerles caso, pero una niña me persigue hasta que estallo. Cuando me agarra la mochila le suelto un guantazo en la mano, a la vez que le pego un grito, pero a ella le da igual y sonríe. Por primera vez en el viaje, han conseguido sacarme de mis casillas.

Desde que entramos en Uttar Pradesh hemos notado que la gente es más agresiva, pero aún no hemos visto nada. Llegamos a Agra, donde la agresividad llega a cotas insospechadas. Tiene su lógica: aquí está el Taj Mahal, el monumento más visitado del mundo, así que lo peor de cada casa de la India ha venido a Agra a intentar aprovecharse de los turistas que vienen de todos los rincones del mundo. Resulta que estamos a viernes, justo el día que cierra el famoso monumento, que sólo podremos ver mañana al amanecer. Cogemos un tuc-tuc al centro de la ciudad, pero allí no encontramos nada interesante y encima nos sorprende la lluvia, haciendo aún más desagradable la visita. Finalmente escampa y nos decidimos a entrar en el Fuerte Rojo, que nos sorprende favorablemente: un remanso de paz entre tanta violencia.

Desde lo alto del fuerte disfrutamos de una maravillosa vista del Taj Mahal, que aparece a lo lejos, a la orilla del río. Es la primera vez que vemos el famoso monumento, que incluso desde la distancia resulta impresionante. También disfrutaba de esta vista el maharajá desde los arcos de la Sala de Audiencias, donde ahora se hacen fotos los turistas locales. El fuerte encierra muchas sorpresas, que nos dedicamos a descubrir hasta que llega la hora del cierre. Comienza a atardecer y las estancias se vacían de turistas, apareciendo aún más majestuosas ante nuestros asombrados ojos.

Salimos del fuerte con intención de acercarnos al Taj Mahal, pero no conseguimos cumplir nuestro deseo de que alguien nos lleve a la fachada que da al río. Nos bajamos de varios tuc-tuc porque los conductores sólo quieren llevarnos a tiendas o restaurantes, vendernos drogas o liarnos. Finalmente cogemos un rickshaw (cuyo conductor nos ofrecerá mujeres por el camino) que nos acerca hasta el parque que rodea el famoso monumento. No conseguimos verlo de cerca porque el recinto está rodeado de un muro, así que desistimos y nos vamos a cenar. Después, más relajados, decidimos cruzar a pie el bazar que nos separa de nuestro hotel, el fabuloso The Gateway, la nueva marca de hoteles urbanos de la cadena Taj. No han acabado las sorpresas, porque caminando por este bazar viviremos el último momento tenso del día.

Paseamos por un laberinto de callejuelas intentando orientarnos, cuando de repente quedamos sumidos en la más absoluta oscuridad. Ya os he contado que en este país son frecuentes los apagones, pero hasta ahora ninguno nos había sorprendido tanto. Nos quedamos clavados como estatuas sin saber qué hacer, intentando mantener la calma. Afortunadamente, poco a poco empezamos a ver luces y conseguimos salir de allí sanos y salvos. Llegamos al hotel reventados y exhaustos, en busca de nuestro merecido descanso. Tenemos que madrugar para visitar el Taj Mahal al amanecer, pues dicen que es la mejor hora: hay menos turistas, hace menos calor y el sol de la mañana hace que brille más. Desgraciadamente está nublado y no brilla mucho, cuando lo vemos aparecer tras la puerta del recinto, después de pasar los férreos controles de seguridad.

Me siento confuso entre un sinfín de sensaciones encontradas. He visto tantas veces el Taj Mahal en fotos o películas que me parece increíble estar aquí por fin. Aunque conozca el monumento y la leyenda de su construcción, la maravillosa historia de amor del rey que levantó el edificio más bello para recordar a su fallecida esposa, no me decepciona. Aunque esté nublado, el majestuoso mausoleo supera todas mis expectativas. La belleza, simetría y perfección del edificio no tienen parangón. Acercarse y verlo crecer, apreciar los detalles de su fachada, todo es una experiencia sin igual, aunque yo no esté muy despierto a estas horas de la mañana. Lo rodeamos y entramos en su interior, lo que sí supone una pequeña decepción porque está muy oscuro y no se ve nada. Luego volvemos a alejarnos y nos despedimos de él y de su perspectiva perfecta.

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4 Noviembre 2009

Versión original

Este otoño va a acabar conmigo, si es que no acabo conmigo yo mismo antes. Si hasta ahora odiaba la primavera, creo que desde este año voy a odiar también el otoño, y eso que ya no existe porque el cambio climático lo está haciendo desaparecer. Si cronológicamente esta estación comenzó el 21 de septiembre, climatológicamente lo hace ahora, que es cuando está empezando a refrescar y por fin las hojas se secan y caen de los árboles.

Siempre se ha dicho que el otoño es tiempo de cambio y renovación, lo que sin duda este año se está cumpliendo a pies juntillas. Yo soy optimista y pienso que los cambios siempre son positivos, pero todo se empeña en llevarme la contraria. Porque los cambios afectan incluso a mi cuerpo: tras la tendinitis en el hombro (mañana me hacen una resonancia) he cogido la gripe (no sé si la A, la B o la C), aunque aún no he faltado al trabajo por esta causa.

A mi alrededor también hay cambio y renovación; fijaos cuántas personas ilustres han fallecido en los últimos días: Sabino Fernández Campo, José Luis López Vázquez, Francisco Ayala... En realidad, es ley de vida: todos ellos tenían bastantes años y les ha llegado la hora, igual que cuando llega el otoño es hora de que caigan las hojas. La vida es un ciclo y la muerte sólo es injusta y triste cuando te sorprende joven, o al menos así lo veo yo.

En política también hay revuelo, sobre todo en el Partido Popular, pero me prometí y os prometí no hablar de ello, al menos por ahora. Sólo tengo que citar, porque no me puedo callar, el blog de Juan José Güemes, el "lameculos" de Esperanza Aguirre. Ya me caía mal por su aspecto de "Aznarín", pero ahora está en mi punto de mira, tanto como su jefa. Un blog define la personalidad de quien lo escribe, así que con esto está todo dicho.

Entre tanto cambio y revolución en este maldito otoño, hemos llegado al 4 de noviembre. Hoy hace un año que Barack Obama ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Muchos esperaban que con él llegara la revolución, pero se han quedado con las ganas. Parece que no ha hecho nada, pero ya le han concedido el Premio Nobel de la Paz. ¿Por qué? Pues simplemente por el hecho de llegar a ser Presidente de EEUU, ésa fue su revolución.

Y hoy, 4 de noviembre, es San Carlos Borromeo, así que podéis felicitarme porque es mi santo. Sabéis que soy ateo, pero para mí cualquier excusa es buena para hacer una fiesta. He leído que este santo era un hombre rico que renunció a todo para ayudar a los pobres; tal vez por eso también da nombre a la famosa "parroquia roja" de Entrevías (Madrid). Yo lo llamo cariñosamente San Carlos "Gorroneo" porque hoy me dejo gorronear por cualquiera...

Os parecerá que os he hablado de cosas inconexas, pero voy a cerrar el círculo volviendo al cambio climático. Se celebra en Barcelona la Cumbre del Clima entre protestas ecologistas. Un grupo de músicos ha puesto música a las reivindicaciones, como se hizo en los ochenta con Live Aid o USA for Africa. La canción elegida es la mítica Beds are burning del grupo australiano Midnight Oil. No me suelen gustar las versiones pero ésta me encanta, por bonita y por original.

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31 Octubre 2009

Jaipur, la ciudad rosa

Después de unos cuantos días recorriendo el estado del Rajastán, por fin llegamos a su capital, Jaipur. La ciudad más grande que hemos visitado hasta ahora, con más de tres millones de habitantes. Aquí pasaremos dos noches y desde aquí escribiré mi único post desde la India, contando las primeras impresiones del viaje. El nombre de la ciudad, por supuesto, viene del de su fundador (Jai Singh II). Su sobrenombre de ciudad rosa se debe a que de ese color se pintaron sus viejos muros para la visita del Príncipe de Gales en 1876. En cuanto llegamos nos absorbe el bullicio de la gran ciudad, el tráfico enloquecido, el ruido ensordecedor. Se hace patente la superpoblación y entendemos los continuos anuncios de la "píldora del día después" en la tele. Aquí todo se eleva a la máxima potencia: las vacas, las bocinas y la multitud que nos rodea.

No podemos parar de caminar por esos fascinantes barrios que encierran mercados de todo tipo. Nos encontramos de repente en pleno bazar de las gemas, donde gente apiñada se muestra y nos muestra toda clase de piedras, supuestamente preciosas. Huimos rápida y discretamente porque estamos avisados y escarmentados, pero no puedo evitar acordarme de mi amiga Teresa y del peligro que aquí tendría... Cuando conseguimos salir de los callejones a las anchas avenidas que dividen en cuadrícula la Ciudad Rosa, nos relajamos un poco. Podemos pasear entre las tiendas viendo la vida cotidiana y las sorprendentes imágenes que surgen a cada paso. Desde la "vaca sin cabeza" hasta el "hombre disfrazado" (probablemente empleado de hotel) hablando por teléfono (y no móvil precisamente) en plena calle.

La vieja ciudad de Jaipur es una cuadrícula perfectamente planificada, rodeada de una muralla que se cruza por hermosas puertas de color rosa. Agotados de caminar, cruzamos una de ellas en un rickshaw conducido por un hombre en bicicleta,  que en la cuesta arriba se baja y empuja a pie. Cuando llegamos a nuestro destino le damos mucho más de lo que habíamos acordado, para limpiar nuestra conciencia. Estamos ante una maravilla que, casualmente, se sitúa junto a nuestro Hotel Trident. En medio de un lago parece flotar el mágico Jal Mahal (Palacio del Agua), brillante como su reflejo. Han construido un moderno paseo donde tal vez algún día habrá palmeras, pero al que ahora hay que llegar cruzando la tierra y el barro. Aquí acuden las parejas al atardecer, para pasear y disfrutar de la romántica vista bajo la atenta mirada de los policías, que vigilan para evitar robos y altercados. Una bella y relajante imagen para poner fin a un largo día.

El día siguiente, que será aún más agotador y sorprendente que el anterior, empieza pronto. Madrugamos para ir al Fuerte de Amber, que se alza entre las montañas a 11 kilómetros de Jaipur. Siguiendo la turística tradición, subimos a lomos de un elefante desde el fondo del valle hasta lo alto del fuerte, en una experiencia única y sin duda inolvidable. Es un espectáculo ver la caravana de elefantas pintadas (todas son hembras y todas se llaman Laxmi) ascendiendo hacia el imponente fuerte que crece ante nosotros al acercarnos. Nos llama la tención el colorido de los animales y de los turbantes de sus guías, bajo la mole de piedra y el cielo azul. También el tenue amarillo del elegante sari de la mujer que sube la cuesta paciente, a pie porque no es una turista ni viene de un lejano país, a diferencia de quienes la vemos desde lo alto de los paquidermos.

La vista desde los torreones del fuerte es espectacular: abajo los jardines y al fondo las murallas que trepan por las montañas, donde en mi imaginación veo subir y bajar elefantes en otros tiempos. A diferencia de otros fuertes que hemos visitado, aquí no tenemos que seguir un orden ni limitarnos a una ruta establecida. El inmenso castillo nos ofrece innumerables salas vacías y fantasmagóricos pasillos por los que perdernos. Nos sumergimos en una emocionante aventura, investigando cada rincón. Intentamos aislarnos y huir de la masa de turistas japoneses que se mueven como un enjambre, disparando sus cámaras como si fueran aguijones. Cuando nos cansamos de dar vueltas y no nos queda nada por descubrir, emprendemos el descenso. Bajamos por la interminable escalera dejando atrás el fuerte y a los persistentes vendedores de recuerdos. 

Tras la preciosa visita al Fuerte de Amber, nuestro chófer nos deja en el centro de la Ciudad Rosa para visitar el Palacio de la Ciudad. Es la residencia oficial del maharajá de Jaipur, que aún habita en un ala del palacio. El resto del enorme recinto está convertido un gran museo, que alberga colecciones de pinturas, antigüedades y todo tipo de objetos relacionados con la historia de la ciudad. Recorremos rápidamente las salas de audiencias y de exposiciones, donde se exhiben desde vestidos hasta armas, desde coches hasta aviones. Al salir del palacio vemos, junto a él, la fachada del edificio más famoso y fotografiado de Jaipur: el Hawa Mahal (Palacio de los Vientos). Desde esta impresionante colmena rosa, formada por montones de balcones cubiertos de celosías, contemplaban antaño vida en la calle las princesas y mujeres de la casa real.

Cansados de visitar fuertes y palacios nos echamos de nuevo a la calle, salimos de la vieja ciudad rosa y seguimos la calle comercial hacia la zona más moderna. Nos encontramos de pronto con una sorpresa inesperada: ante nosotros se alza imponente el cine Raj Mandir, uno de los más famosos de la India. Su impresionante fachada rosa de estilo art déco nos traslada al Miami de los años treinta y de inmediato tenemos una idea. Dicen que una visita a Jaipur no es completa si no se ve una película en este cine, así que sacamos las entradas para la primera sesión de la tarde. Somos fans de Bollywood desde que vimos Bilú el barbero en Lavapiés hace unos meses, en el festival de cine indio al aire libre que se celebra en este barrio madrileño. Entonces pensábamos que no aguantaríamos la película, pero nos quedamos hasta el final.

El interior del cine es aún más espectacular que el exterior, como una gigantesca tarta de fresa, pero no consigo hacer fotos porque una mujer de uniforme me persigue y me lo impide. La película de estreno, como veis, se llama Love Aaj Kal (que no sé qué significa, aparte de amor) y es en hindi sin subtítulos, pero aun así nos la tragamos entera. Familias enteras, niños llorando en el cine, descanso en la mitad de la película... la experiencia me recuerda aquellas tardes en el cine cuando era pequeño. Aunque no entendemos los chistes (de pronto todo el mundo se ríe y no sabemos de qué) podemos seguir el argumento y nos ayuda que los indios utilicen algunas palabras y expresiones en inglés, como all the best. Se trata de una comedia romántica con ambiente internacional que habla de la dualidad entre tradición y modernidad que vive el país. Por supuesto, la factura de la película es espléndida y los números musicales fabulosos, como podéis ver aquí:

 

La visión de esta película en semejante palacio del cine nos deja locos y acrecienta nuestra pasión por Bollywood, sus canciones, actores y actrices, que están hasta en la sopa: salen en todos los anuncios de la tele, en las portadas de las revistas y los carteles de las calles. Volvemos a la ciudad vieja y fotografío a unos niños con ojos tristes, que miran las fotos como si nunca hubieran visto su cara antes. Luego cogemos un tuc-tuc para que nos lleve a Samode Haveli, un precioso lugar que nos han recomendado para cenar. Después de tanto ruido y ajetreo nos sentimos en un remanso de paz, sentados en el patio de este hotel-palacio mientras disfrutamos de la deliciosa comida, del sonido del agua de la fuente y de la música tradicional. Un marco incomparable y relajante para poner punto final a nuestra estancia en la bulliciosa capital del Rajastán.

Una vez más, el destino fatal que persigue los destinos de mis viajes me da que pensar... Mientras escribía este post se ha producido un gigantesco incendio en Jaipur. Siguen ardiendo los depósitos de combustible situados a varios kilómetros del centro, tras varios días de infierno. Ha habido una decena de muertos, aunque al menos se ha salvado de las llamas la ciudad rosa.

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Sobre mí

Ciudadano del mundo, aventurero y viajero incansable. Idealista, inconformista y rebelde sin pausa. Puro Aries: impulsivo, independiente y sincero. Desde marzo de 2007 vuelco aquí mis opiniones, experiencias y sueños.

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