Hola, me llamo X, tengo 30 años. Agradable, en conjunto resultón, creo que es la mejor manera de describirme, soy un tipo alto, mido 1,88 m, fuerte, que no obeso, sin ser guapo creo no estar nada mal, a pesar de una escasa densidad de pelo de frente para atrás, pelo que dicho sea de paso tengo en abundancia por el resto del cuerpo. Tengo una apariencia de tener un carácter serio y muy formal, que creo que no es más que el último vestigio de una timidez que se resiste a desaparecer.
Soy una persona que cree sinceramente que el sexo es un maravilloso medio para el disfrute de los sentidos, que en él no hay lugar al vicio, que es dar, darse y recibir, y que si se tienen fantasías, y el tenerlas lo considero un privilegio de la inteligencia que nos permite evadirnos de una manera natural y por unos momentos de la realidad, y se pueden llevar a la práctica porque conoces a la persona adecuada y ésta está de acuerdo, pues adelante, no te cortes, hazlo, no pasa absolutamente nada salvo ser moderadamente felices por unos momentos. Y fascinación es la palabra que mejor expresa lo que siento ante el mundo del sadomaso, de la sumisión, de tu anuncio, encuentro fascinante la visión de una mujer vestida con prendas de látex o charol, de color negro, medias y zapatos de tacones finísimos, todo ello de color negro, con labios rojos y uñas afiladas e igualmente rojas, con fusta de amazona o látigo, si además desprendida de la minifalda luce un consolador atado a su cintura , fascinación es la única palabra que encuentro capaz de expresar lo que sentiría, de verlo de rodillas, desnudo y atado. Así que ya te puedes imaginar lo que siento ante la visión de tus fotografías y tu anuncio.
No pondría límites previos, en la fantasía me abandono a los sentidos, sin prejuicios ni cortapisas, creo que es eso lo que la hace tan excitante. Sólo esperaría piedad y consideración por tu parte ante mi inexperiencia. Hasta hoy, tan sólo en dos ocasiones he tenido escarceos con el mundo del sadomasoquismo y en ninguna de ellas con una mujer. En la primera con un hombre, un contacto de revista, buscaba un chico de mis características, y él se ajustaba también mucho a mis deseos, era activo y tenía un físico similar al mío, nos conocimos y tras un par de encuentros decidimos montárnoslo, la experiencia no estuvo mal hasta que llegó la hora del coito, el intento fue doloroso, era, y creo sigo siéndolo, virgen, pero aguanté, ya se sabe que el que algo quiere algo le cuesta, y desde que una amiga, años antes me hizo el carrete, la estimulación anal la consideraba un placentero tormento y desde que asumí que un hombre también me podía hacer gozar y yo a él con el sexo manual y oral, el coito anal tenía que llegar más pronto o más tarde, y llegó. Aguanté un primer intento, pero el dolor y la falta de placer me hizo rehuir, sus palabras explicaban que la primera vez es así, así que volvimos a intentarlo y nada, igual, y volví a escaparme y en ese momento ¡sorpresa! no me dejó escapar, me dijo que ni hablar que me la iba a meter hasta los huevos, me agarró fuertemente y me gustó, no por el intento sino por la sensación de ser sometido, relajé el esfínter y noté cómo entraba, duró poco, no podía más y se corrió en unos segundos, sin embargo sentir esa sensación hizo que que la experiencia mereciera la pena.
Esa misma sensación, sólo que más fuerte, la noté en la segunda vez. Fue con un transexual, desconozco cuál será la razón, pero buceando en mi lado oscuro y siendo sincero no tengo más remedio que reconocer que me gustan, y muy especialmente su look, el de ésta era el de una auténtica ama, de hecho mi imagen ideal de ama creo que tiene mucho que ver con lo que pude ver esa noche, una mujer, con un corpiño y una minifalda todo ello negro y de cuero, bellísima. Con él/ella escuché por primera vez ódenes claras y tajantes, desnúdate y arrodíllate, lámeme los pies, que calzaban unos zapatos de larguísimos tacones, fue la primera y hasta ahora única vez en que durante unos minutos hice realidad mi fantasía, y digo bien cuando hablo de minutos porque como profesional del sexo, el tiempo era dinero, así que abrevió, y tras chupármela, con el dinero que llevaba en ese momento era la única tarifa que podía pagar, puso punto y final a la escena, fue pese a todo una experiencia inolvidable y sobre todo muy clarificadora, aprendí sin lugar a dudas que el auténtico placer radica en la escena, en el morbo del momento, en el ambiente, la ropa y sobre todo las actitudes, por encima del contacto sexual propiamente dicho, la felación reconozco que la agradecí pero que con un poco más me hubiera corrido casi sin necesidad de tocármela, aprendí la importancia que tenía el creerse sin concesiones, ni dudas, el rol que se juega. Durante esos minutos, ni yo como sumiso, ni ella como ama, creo que por encima de su profesionalidad le gustaba actuar como actuó, ninguno de los dos tuvimos dudas y eso fue maravilloso.
Estas han sido las dos únicas experiencias, especialmente la última, en las que he sentido el placer de la sumisión, a lo largo de los años, ha constituido y sigue siendo una de mis fantasías eróticas más insistentes, he ido puliéndola con vídeos y revistas, soy un pornoadicto y algún que otro contacto que al final no llegó a cuajar, al menos hasta hoy en que te escribo. Si te gusta lo que lees y quieres conocerme, escríbeme al apartado de correos XXX. Te podría dar mi número de teléfono pero aunque soltero vivo con mis padres, y estos intuyen, por no decir que saben de mi falta de prejuicios en el sexo por indiscreciones cometidas por teléfono y sin conocerte, sin siquiera saber que me deseas conocer prefiero abstenerme de dártelo. Y sin más se despide de ti X.
Os sorprenderá que publique esta carta, real y anónima como todas las que publico en mi sección de cartas auténticas. Mucho más nos sorprendió a nosotros cuando la recibimos en la empresa, sobre todo porque en aquella época (hace bastantes años) recibimos otras cartas parecidas. Al final, la explicación era simple: el apartado de correos de mi empresa había aparecido publicado por error en un anuncio sadomasoquista de una revista de contactos sexuales. No me atrevía a publicarla porque entra en el ámbito de lo privado y no precisamente mío, pero finalmente me he decidido a hacerlo hoy. Es un particular homenaje a la libertad sexual, porque creo que todas las relaciones sexuales (incluso las que nos puedan parecer extrañas, ajenas o desagradables) son aceptables, siempre que sean consentidas y deseadas por los partícipes, que éstos sean adultos y no molesten a nadie más. Evidentemente, quedan fuera los abusos sexuales, la pederastia, los malos tratos...