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La Coctelera

Categoría: Cine y TV

Brillante apertura de la Seminci 2011

El pasado sábado tuve la suerte de asistir, por segundo año consecutivo, a la apertura de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. La Gala de Inauguración fue brillante y entretenida, bastante mejor que la del año pasado. Sin duda influyó el escenario, bonito y original, pero sobre todo el presentador: Leo Harlem. El monologuista, bastante popular gracias a El club de la comedia, demostró su humor ácido y su experiencia sobre las tablas, que le ayudó a salir airoso de cuantos inconvenientes pudieron surgir. En conjunto la gala fue ágil y divertida, así que se hizo corta o al menos no pareció eterna, lo que el público agradeció.

Durante la Gala se presentaron las diferentes secciones del Festival que estos días se celebra en la capital de Castilla y León. Aparte de la sección oficial, con las películas que concursan para llevarse la Espiga de Oro, hay secciones dedicadas a cortos y documentales, a las producciones españolas del año o al cine sueco actual. El momento culminante de la Gala fue la entrega de la Espiga de Honor al nuevo Presidente de la Academia de Cine Enrique González Macho. El veterano productor y distribuidor de cine recibió el galardón de manos del Alcalde de Valladolid, tras el discurso del no menos veterano director de cine Manuel Gutiérrez Aragón.

Tras la Gala se proyectó la película que abría el Festival: la esperada Habemus Papam del director italiano Nanni Moretti. La divertida película estuvo a la altura de las expectativas y puso un perfecto colofón a la inauguración que se cerraba en el Teatro Calderón. Os recomiendo a todos que la veáis en cuanto la estrenen, porque ofrece un punto de vista inédito sobre la iglesia católica, hasta aquí puedo leer. Después de los aplausos que siguieron a la proyección, pasamos a los salones vecinos a disfrutar del delicioso cóctel, que también supero con creces al del año pasado. La noche acabó en una divertida fiesta privada, a altas horas.

Más películas bonitas

Hace ya algún tiempo que os hablé aquí de algunas películas bonitas. Sin duda desde entonces he visto algunas más, pero las he dejado pasar. Sin embargo, ayer vi una de esas películas tan bonitas que me ha hecho volver a escribir sobre el tema, antes de olvidarla como las otras. La vi por casualidad, de forma totalmente inesperada, pues nadie puede imaginar que tras un título tan poco atractivo, tan poco romántico como Management, pueda esconderse una película así. Tampoco la protagonista, Jennifer Aniston, hacía presagiar nada bueno, pero esta película romántica está muy alejada de esas típicas comedias americanas que parecen cortadas por el mismo patrón. Reconozco que incluso me hizo derramar alguna lagrimilla al final, y eso que yo no suelo llorar con cualquier película, aunque puede ser también que yo estuviera especialmente sensible o afectado por el calor... En fin, hasta aquí puedo leer, porque sabéis que no me gusta contar (ni que me cuenten) el argumento de las películas. Os recomiendo esta, dirigida en 2008 por Stephen Belber.

Tratando de recordar otras películas bonitas que he visto en los últimos tiempos, me vienen a la cabeza varios títulos protagonizados por niños, cuya acción se sitúa en los años 70. Eso me hace pensar que los directores de cine actuales tienen mi edad y que sus primeras películas suelen ser autobiográficas, así que me identifico bastante con ellas porque me traen muchos recuerdos. Entre estas películas hay dos que están dirigidas por mujeres, la primera es Mamá está en la peluquería, dirigida en 2008 por la canadiense Léa Pool, un largometraje lleno de ternura y sentimientos. La segunda película, bastante relacionada con la anterior, es La vida privada de Pippa Lee, que debería llamarse Las vidas privadas de Pippa Lee si el título estuviera correctamente traducido. Esta película, dirigida por la estadounidense Rebecca Miller en 2009 y basada en su propia novela, está llena de sorpresas. Lo más sorprendente es que no sea muy conocida, porque su reparto está lleno de caras famosas, como Keanu Reeves, Julianne Moore y Winona Ryder. Os recomiendo las dos.

Volviendo a comedias románticas norteamericanas que son divertidas pero especiales, que van un poco más allá de las típicas y más conocidas, nos encontramos con una película que también me sorprendió bastante. Se trata de Tenías que ser tú (Leap Year), dirigida en 2010 por Anand Tucker, una película que te lleva directamente de la carcajada al llanto, pero te deja muy buenas sensaciones, que es de lo que se trata. Otra comedia de difícil clasificación, que se sale de lo habitual por su argumento (que tampoco os voy a desvelar) es Sunshine Cleaning (2008), cuyo nombre recuerda a la entrañable Pequeña Miss Sunshine, tal vez porque los productores de ambas son los mismos. En este caso la directora es una mujer, Christine Jeffs, al igual que las protagonistas, dos hermanas en paro que encuentran una particular forma de ganarse la vida. Ahora que me encuentro en esta situación, debería volver a ver esta película, por si se me ocurre alguna idea para orientar mi vida de cara al futuro. Es broma, pero os recomiendo también estas dos comedias americanas.

Son sólo cinco películas que he recordado tras hacer bastantes esfuerzos, pues tengo muy mala memoria para los nombres, me quedo sólo con las sensaciones... A partir de ahora intentaré apuntar el título cada vez que vea una película bonita, de esas que te dejan buen sabor de boca, que te reconcilian con el cine o con la vida. Y hablando de cine, no puedo cerrar este post sin hablar de algo que me ha hecho cambiar mi forma de ver cine en casa. Reconozco que antes me bajaba películas de internet, pero ya no lo hago y no es por la Ley Sinde. Es gracias al canal de TDT La Sexta 3 Todo Cine, al que habría que dar un premio porque va a hacer mucho más por el cine que la Ministra. Ya era hora de que un canal de TDT ofreciera buen cine GRATIS, en lugar de telebasura como todos los demás. Se suponía que la TDT iba a traer más variedad y calidad a la televisión, pero hemos visto que es mentira, por eso se agradece tanto este canal. En La Sexta 3 podéis ver todos los días buenas películas de todas las épocas. Aunque sea con un poco de publicidad, ¡GRACIAS!

Los Goya hablan catalán en su 25 Aniversario

El pasado domingo se celebró en Madrid la Gala de entrega de Premios de la Academia Española de Cine. Estos premios, más conocidos simplemente como "los Goya", cumplían 25 años y por ello la Gala se trasladó de su sede habitual (el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones) al Teatro Real, en pleno centro de Madrid. Era el gran golpe de efecto con el que Alex de la Iglesia cerraba su etapa como director de la Academia, pues ya había anunciado que renunciaría al cargo después de la Gala, como protesta por la Ley Sinde. Con los aplausos que recibió al finalizar su discurso (en el que dijo que "internet es la salvación de nuestro cine") quedó claro su triunfo ante la ministra de cultura, que fue abucheada al entrar en el Teatro. Poco importó a Alex que su película Balada triste de trompeta, que optaba a quince premios, recibiera sólo dos.

Por cuarto año consecutivo escribo aquí mi crónica sobre la Gala de los Goya, aunque esta vez la vi empezada por motivos ajenos a mi voluntad. Reconozco que este año no había hecho los deberes, pues de las películas nominadas sólo había visto También la lluvia. Ya os hablé aquí de la magnífica película de Icíar Bollaín, que sólo recibió tres premios, entre ellos el de mejor actor de reparto para el gran Karra Elejalde. El mismo número de premios recibió Buried (Enterrado), galardonada por su guión original, montaje y sonido. Pero fue Pa Negre (Pan Negro) de Agustí Villaronga la triunfadora absoluta de la noche, con nueve premios incluidos los principales: mejor película, director, actrices (principal, de reparto y revelación) y actor revelación. Es la primera vez que una película rodada en catalán triunfa en la noche de los Goya y acapara tantos premios.

No he visto aún Pa Negre, película que muestra los horrores de la Guerra Civil desde un punto de vista infantil. Estoy deseando verla, porque estoy seguro de que es un peliculón que merece todos estos premios. Me alegra muchísimo que por fin le haya llegado el reconocimiento al director mallorquín Agustí Villaronga, que comenzó su carrera catalogado como "maldito". Sus primeras películas Tras el cristal y El niño de la luna lo convirtieron en director de culto dentro del cine de terror y fantasía, que tan de moda está hoy. Con 99.9 marcó un hito dentro de este mismo género, aunque yo recuerdo sobre todo su preciosa película El mar, en la que ya habló de la Guerra Civil. Como os he dicho su última película (como algunas de las anteriores) está rodada en catalán, pero esta no es la única razón que explica el título de este post (y no busco ninguna intención política).

Por segundo año consecutivo, el presentador de la Gala fue Buenafuente, que cumplió correctamente como la vez anterior. Otro catalán quiso arrebatar protagonismo a las estrellas de la noche: el espontáneo Jimmy Jump, ese payaso que ya fastidió la actuación de Daniel Diges en el último Festival de Eurovisión, subió al escenario con su barretina cuando cuatro actrices se disponían a entregar el Goya a Javier Bardem como mejor actor. Esto ocurrió por un grave error de seguridad, pero hubo otros errores, como cuando Mario Camus salió para recibir el Goya de Honor y se oyó una voz en off que decía "sube al escenario Federico Luppi". Otro catalán destacado en la Gala fue Pasqual Maragall, que protagonizó un emotivo momento al recoger el premio al mejor documental por Bicicleta, cuchara, manzana, que narra su lucha contra el alzheimer.

Poco más que destacar sobre esta Gala del 25 Aniversario de los Premios Goya, que tuvo tan poco glamour como las anteriores. Por mucho que nos empeñemos, esto no es Hollywood, aquí el cine tiene más que ver con la política que con la moda. Así que no vale la pena hablar de los modelos que lucieron las actrices, que volvieron a abusar del negro para caminar sobre la alfombra roja (esta vez por fin era de este color y no verde como en las ediciones anteriores). Espero que el año que viene alguna actriz se atreva a lucir un modelo adecuado para la ocasión, y de paso se atreva a dar a conocer a algún diseñador español que espera su gran ocasión. Entonces sí dedicaré mi espacio a mostrar vestidos, pero para eso habrá que esperar un año más. Mientras tanto, seguiré disfrutando del cine español, algunas veces en las salas y otras veces en casa.

Después de aquí

El título de este post es traducción de Hereafter, que es como se llama en inglés la última película del fabuloso director Clint Eastwood. Fui al cine hace unos días a ver esta película, que aquí se ha titulado Más allá de la vida, lo que da aún más pistas sobre su argumento. Supongo que el director, a sus ochenta años, comienza a pensar en la muerte y por eso ha tocado este tema. Supongo también que esta película me ha tocado de forma muy especial porque yo también pienso en la muerte últimamente. Sabéis que soy ateo y no creo en el cielo ni en el infierno, en el más allá ni en la vida eterna. Sin embargo, siempre existe una duda científica sobre lo que ocurre después de la muerte, todos hemos oído casos que nos crean curiosidad. Nunca he creído en la parapsicología, pero en esta película se habla de ella y de todo lo anterior con mucha delicadeza. No os preocupéis, que no os la pienso contar porque espero que la veáis, creo que vale la pena y que no os arrepentiréis.

Yo veo muchas películas, casi una cada noche, pero pocas veces las comparto aquí con vosotros. Curiosamente, hace justo un año os hablé de Invictus, la anterior película del gran Clint Eastwood. Y es que este director, que nunca decepciona, lleva dos décadas deleitándonos con maravillosas películas de todos los géneros. Reinventó el western con Sin Perdón (1992) y el melodrama con Los Puentes de Madison (1995), alcanzando su cima con Mystic River (2003) y Million Dollar Baby (2004). En 2006 nos sorprendió con dos superproducciones bélicas que ofrecían las dos caras de la misma moneda, mejor dicho dos visiones de la misma batalla: Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Sin embargo, fue una pequeña película intimista como Gran Torino (2008) la que le situó de nuevo en lo más alto del reconocimiento y el prestigio. Espero que Eastwood nos siga sorprendiendo con joyas cinematográficas como las que abundan en su dilatada y laureada carrera.

Ayer se anunciaron las películas nominadas a los Oscars 2011 y, curiosamente, Más allá de la vida no aparece en la lista. Me sorprende porque, junto a El discurso del rey (que aún no he visto) la película que acapara más nominaciones es La red social, que precisamente vi ayer. Me pareció curiosa e interesante, pero no me impactó ni emocionó en absoluto, a diferencia de la película de Clint Eastwood. La historia del joven creador de Facebook habla de plagio, piratería y derechos de autor, temas muy candentes últimamente en España. Precisamente ayer Álex de la Iglesia, director de la Academia Española de Cine, anunció que dimitiría de su cargo justo después de la ceremonia de los Goya 2011. Me parece una decisión ejemplar para protestar por la Ley Sinde, que pretende perpetuar un sistema obsoleto y anacrónico. Aún queda algún autor que se cree Conde y no me extraña, de tanto visitar el Palacio de Longoria (sede de la SGAE), pero la realidad es otra, como todos sabemos.

Días de cine en la Seminci de Valladolid

El pasado fin de semana lo pasé de cine, de lujo, de película... Viví una experiencia que jamás olvidaré, gracias a mi amigo Javier Angulo, director de la Seminci (Semana internacional de cine) de Valladolid. Me invitó a la inauguración de la edición número 55 de este festival y me sentí como una estrella, rodeado de los protagonistas del cine español. Un par de días antes, el alcalde de la ciudad Javier León de la Riva (del Partido Popular) hizo unas declaraciones machistas que no voy a repetir aquí, simplemente porque no quiero ensuciar mi blog. Esas palabras anacrónicas, contra Leire Pajín en particular y contra todas las mujeres en general, desataron la polémica y empañaron la inauguración de la Seminci. La ministra de cultura Ángeles González Sinde decidió no acudir a la gala, haciendo un flaco favor al festival y a sus compañeros de profesión (no olvidemos que ella es cineasta). Es una pena que los políticos fastidien un acontecimiento cultural tan importante, pero no van a hacer lo mismo con mi post porque no voy a hablar de sus declaraciones, sino de lo realmente importante.

Aquí veis a la actriz Pilar López de Ayala, con quien nos cruzamos en el vestíbulo del Hotel Olid Meliá, donde nos concentrábamos los invitados. Fue justo antes de partir hacia la gala de inauguración, en la que ella haría de madrina y se encargaría de leer la carta del director de la Seminci. Pero vayamos por partes, porque lo que os tengo que contar merece unas líneas. Aunque el Teatro Calderón estaba bastante cerca, los invitados no podíamos hacer el trayecto andando. Un coche nos trasladaba desde la puerta del emblemático hotel hasta la alfombra roja, que se extendía ante el teatro donde se celebrabala gala. Nunca en mi vida me había visto así, en el interior de un lujoso coche ante miles de caras de señoras saludándome desde fuera. Yo no paraba de reír y saludaba con la mano como si fuera la mismísima Reina de Inglaterra. Cuando se abrió la puerta del coche y tuvimos que recorrer la alfombra roja rodeados de flashes y aplausos, me temblaban las piernas. Por eso estreché mecánicamente la mano del alcalde, cuando Javier Angulo me lo presentó al recibirnos en la puerta del teatro: con los nervios no entendí ni quién era. Mejor así, porque no me hubiera gustado poner en un aprieto al amigo que tan bien me ha tratado.

La gala comenzó con la actuación de un grupo de samba y capoeira, ya que este año la Seminci tiene una sección dedicada al cine brasileño. Luego salieron los presentadores, Alfredo Díaz y Flipy, a quienes yo no conocía (creo que salen en El Hormiguero de Cuatro, pero no suelo ver ese programa). Tuvieron momentos divertidos y otros aburridos, de modo que en conjunto la gala fue bastante desigual. Me gustó ver imágenes de la historia del festival, con las que descubrí que cuando nació hace 55 años, en tiempos de Franco, se llamaba Semana de Cine Religioso. El momento más emotivo, como suele ser habitual en estas galas, fue el dedicado a los cineastas que fallecieron este año. Las imágenes del actor Manuel Alexandre y las del escritor Miguel Delibes, tan ligado a esta ciudad, hicieron aparecer algunas lágrimas en el público. Pero el momento cumbre de la noche fue la entrega de la Espiga de Honor al actor malagueño afincado en Hollywood Antonio Banderas. Llegó a recoger el premio desde Toledo, donde rueda con Almodóvar La piel que habito, y se marchó justo después de recibirlo de manos de los actores Imanol Arias y Juan Diego, con quienes acabaríamos esa misma noche tomando copas en el bar del hotel. En su emocionante discurso, Banderas dedicó su Espiga a los jóvenes que se inician en el mundo del cine.

Al acabar la Gala de Inauguración salimos a fumar un cigarro y pudimos comprobar que la organización del festival era perfecta. Luego volvimos a entrar en el teatro porque llegaba el momento más esperado de la noche: la proyección de la película que abría la Seminci. Se trataba de También la lluvia de Icíar Bollaín, la primera película española dirigida por una mujer que es candidata a los Oscar. Y lo es con toda justicia, porque se trata de una película extraordinaria: puro cine dentro del cine, con distintas historias en distintos momentos de la historia, con acción y ternura, casi una superproducción intimista. Una película que emociona, impacta, conmueve y remueve las entrañas, o sea justo lo que yo busco cuando voy al cine. No os cuento nada más de ella porque quiero que la veáis; os recomiendo hacerlo en cuanto la estrenen. Nosotros la vimos en primicia y en un lugar privilegiado, porque el palco vecino al nuestro estaba ocupado por el equipo de la película al completo. Al final de la proyección vivimos de cerca el aplauso, la ovación, los saludos, las fotos y felicitaciones al productor, la directora y los actores protagonistas. Yo me acerqué a saludar y felicitar a Karra Elejalde, que está inmenso en la película, y decidí dejar al resto para más tarde porque estaban ocupados.

Y el momento llegó durante el cóctel que se celebró tras la proyección de la película en los salones del teatro. En la primera foto habéis visto a Icíar Bollaín, directora de También la lluvia, con Javier Angulo, director de la Seminci. En la segunda me veis a mí con el protagonista de la película, el aclamado actor Luis Tosar, que borda su papel como nos tiene acostumbrados. El cóctel fue divertido y en él pude conocer y saludar a muchas personas, no todas famosas, la mayoría relacionadas con el mundo del cine, aunque no todas. Me encantó tener una animada conversación con la ex ministra de cultura Carmen Alborch, con quien ya coincidí hace años en una entrega de los Premios Goya. En la siguiente foto la veis con mi amigo Javier y conmigo, en pleno cóctel, entre bebidas y canapés. La simpática ex ministra estaba invitada al festival porque participaba en un documental sobre mujeres dirigido por la ex modelo Mabel Lozano. 

El domingo amaneció un día espléndido y aprovechamos para pasear por la ciudad de Valladolid, que yo no visitaba desde hace años. La encontré preciosa, aunque sin duda el cielo azul ayudaba. Recorrimos las calles del centro y nos sentamos en una terraza de la Plaza Mayor a tomar el aperitivo. En el centro de la plaza había un coche con el logo de la Seminci, rodeado de paneles con imágenes sobre su historia. Constatamos que el festival de cine invadía cada rincón de la ciudad, incluso las conversaciones de los vecinos.

Seguimos disfrutando de las bellas iglesias de la ciudad y de los deliciosos pinchos de sus tabernas, hasta terminar nuestro paseo en el Teatro Calderón que tan bien conocíamos de la noche anterior. En este teatro, sede de la Seminci, celebraba su director Javier Angulo su cóctel el domingo a mediodía. Allí estaban sus amigos más íntimos y la actriz Emma Suárez, que había estrenado película por la mañana. Compartimos mesa con Mabel Lozano, que estrenaba su documental por la tarde. La verdad es que me pareció bastante lista y simpática, cosa que reconozco que me sorprendió y que agradecí.

Terminamos nuestra estancia en la Seminci de Valladolid de la mejor manera posible y sin salir del teatro. Mi amigo Javier Angulo, a quien nunca dejaré de agradecer que me hiciera pasar este fin de semana de cine, nos dio entradas para ver una película. Se trataba de una película danesa de arte y ensayo, el género que domina este festival. Se llamaba Una familia y reconozco que no me gustó mucho. Reconozco también que me dormí a ratos, algo lógico porque había descansado poco. Supongo que me vino bien la siesta para recuperarme y emprender el viaje de vuelta a Madrid. Creo que nunca olvidaré estos dos días de cine.

Cine chino, películas bonitas

Sé que os gustan las películas bonitas y hoy os voy a hablar de algunas películas chinas. Son bonitas porque en ellas prima la estética sobre todo lo demás. Todo en ellas está cuidado y maravillosamente fotografiado: los grandes escenarios y los espectaculares decorados, los movimientos de masas y las escenas íntimas. El color y su simbolismo, algo tan inherente a la cultura china, esos colores tan puros y brillantes... El delicado vestuario, la elegante coreografía y la evocadora música nos trasladan a lugares mágicos y tiempos fantásticos, en un festival para nuestros sentidos.

Será porque dentro de tres días parto para China y estoy especialmente sensible, aunque en realidad siempre me han gustado estas películas. El caso es que anoche, cuando llegué a casa puse la tele y me quedé pegado a la pantalla, porque milagrosamente había algo bueno. Ponían Hero (Héroe, 2002), maravillosa película de Zhang Yimou que ya había visto y que de nuevo me atrapó hasta el final. Recordé entonces otra película de este magistral director chino, La casa de las dagas voladoras (2004, siguiente foto), igualmente maravillosa. Ambas comparten un mismo estilo y todas las características que he enumerado antes.

Zhang Yimou, el maestro del cine chino, es reconocido en todo el mundo desde sus inicios. Su primera película, Sorgo rojo (1987, siguiente foto), le dio premios y prestigio internacional. También Semilla de crisantemo (Ju Dou, 1990) y La linterna roja (1991), aunque curiosamente ambas fueron prohibidas en China. Ya entonces destacaba su cuidada fotografía, centrada en su amada musa Gong Li, la hermosa gran actriz china con la que compartió años de vida. Aquellas primeras películas ya trataban sus grandes temas: el honor, el amor, el poder y la muerte. Sin embargo, eran más lentas e intimistas que las dos que cité al principio.

Porque fue otro director, Ang Lee, quien reinventó el cine chino uniendo la poesía tradicional con la espectacular puesta en escena de las películas de kung-fu. El director taiwanés educado en Estados Unidos dirigió, justo entre dos de sus aclamadas películas de Hollywood como Sentido y Sensibilidad (1995) y Brokeback Mountain (2005), el título del que os hablo. Tigre y dragón (2000) triunfó con su mágica estética, a caballo entre las viejas series que veíamos de pequeños como La frontera azul y los actuales videojuegos. Este trepidante drama épico plagado de luchas sin cuartel volvió a poner de moda este tipo de cine.

Otra película maravillosa del cine chino, cuyo preciosismo estético llega al máximo es The Banquet (El Banquete, 2006) del más desconocido director Xiaogang Feng. Si no la habéis visto os la recomiendo, para disfrutar de imágenes como la siguiente, donde queda patente la influencia del cine chino sobre la saga Star Wars de George Lucas (si soy frikis como yo lo entenderéis, porque la princesa Amidala es clavada). El rico vestuario y la impresionante puesta en escena nos ayudan a comprender por qué el cine es considerado el séptimo arte. Si el arte y la belleza van unidos, pocas obras son tan bellas como esta película.

Termino con el director Wong Kar-wai porque no puedo dejarle fuera de un post dedicado al cine chino. Lo he dejado para el final porque lo veo diferente a los anteriores, ya que se mueve por otros temas más contemporáneos e intimistas. Sus películas me provocan sentimientos contradictorios, pues son intrigantes, sórdidas y demasiado lentas, al menos para mí. Las más conocidas, o las que yo recuerdo haber visto, son Happy Together (1997), In the Mood for Love (Deseando amar, 2000) y 2046 (2004). A pesar de lo dicho, destacan por su cuidada estética y su bonita fotografía, como veis en esta imagen de la segunda:

Espero que os haya gustado este pequeño repaso a un puñado de películas chinas bonitas. Si no conocéis el cine de este milenario y gigantesco país os animo a descubrirlo. Esta selección de películas y directores puede ser un buen punto de partida, pero sin duda hay muchas otras maravillas del cine chino. No dudéis en compartirlas con todos nosotros. Os dejo que disfrutéis de ellas y tal vez ahora es buen momento, si estáis de vacaciones y tenéis más tiempo. Yo comienzo hoy mis vacaciones y los preparativos de mi viaje a China, para conocer el país personalmente y no sólo a través de sus películas. Nos vemos a la vuelta.

Telebasura veraniega

No suelo ver mucho la tele, prefiero las películas y casi todas las noches veo una. Pero estos días, como cada año por estas fechas, estoy de rodríguez y me da por quedarme hasta las tantas, con el ordenador frente al televisor. Empiezo con los canales de noticias, que son prácticamente los únicos que veo, pero acabo metido en un bucle: repiten las mismas noticias una y otra vez hasta que me las sé de memoria. Veo por cuarta vez a Michelle Obama comerse su helado de chocolate en la heladería granadina que conozco, y después escucho también por cuarta vez cómo una de las gitanas que bailó flamenco para ella en una cueva del Sacromonte la llamó "Mojama" en lugar de Obama. Entonces cojo el mando y empiezo con el zapping.

Hace años que decidí dejar de ver programas de telebasura, porque me acostaba nervioso después de oír tantos gritos y barbaridades. Pero por lo visto en verano es difícil huir de la telebasura porque inunda la programación, al menos por la noche. Cuando cambio de canal aparece ante mí ese programa indescriptible llamado Las joyas de la corona, del que mi amiga Merche habló el otro día en un magnífico post. En resumen: llevan a unos cuantos chavales bastante catetos para reírse de ellos, con la excusa de enseñarles buenos modales. La directora de la academia es Carmen Lomana, que tras fundirse la fortuna que heredó de su marido en vestidos y operaciones para aparentar la mitad de los 64 años que tiene, se ha convertido en la reina de la telebasura, en dura competencia con Belén Esteban. En este reality show, la Lomana, el Josemi y otras cuatro petardas enseñan a los catetos cómo tienen que saludar al Rey o al Papa, entre otras cosas igual de útiles. Sin comentarios, cambio de canal.

Aparece entonces en pantalla uno de los programas más surrealistas de la tele, sin duda mi favorito en este género telebasuril. Me acomodo para disfrutar de un clásico: El juego de tu vida, ese programa donde el concursante puede ganar mucha pasta desnudando sus miserias. Le hacen preguntas del tipo: "¿Serviste una caña a tu mujer, cuando trabajabas de camarero, mientras tu jefe te hacía una felación arrodillado tras la barra?" El concursante piensa un poco, dice "SÍ" y una misteriosa voz en off dice "eso es... VERDAD". Entonces el público estalla en aplausos, mientras la mujer se muerde los labios sin saber dónde mirar. Al final, cuando el concursante ha reconocido las mayores barbaridades, responde a una pregunta de lo más absurda y la voz en off dictamina que "eso es... MENTIRA". Así que el pobre hombre lo pierde todo, se va con las manos vacías, su familia destrozada y su vida aireada a los cuatro vientos. No me creo nada, supongo que todo es un montaje, una MENTIRA, cambio de canal.

Encuentro entonces uno de esos programas de reporteros callejeros que tanto abundan en la parrilla últimamente y decido verlo para huir de la telebasura. Pero al momento no sé qué es peor, si la realidad o la ficción, el glamour o la miseria humana. Los reporteros recorren hoy el madrileño barrio de Vallecas para mostrarnos cómo jóvenes drogadictos se dedican a robar comida en los supermercados, para luego vendérsela a las marujas que así ahorran en la compra. Por lo visto con la crisis se han multiplicado los hurtos y es que la gente ya no sabe qué hacer para llegar a fin de mes... A continuación los reporteros van al centro de Madrid, concretamente a la comisaría de la calle Leganitos, que es la que recibe más denuncias por robos de toda Europa. Vuelvo a darle al mando y en otro canal comienza un documental, así que decido verlo por si es interesante. Resulta que trata sobre el niño más fuerte del mundo, que a los seis años tiene cuerpo de culturista porque su padre lo entrena y anaboliza. Estupefacto, apago la tele y me voy a la cama, aunque temo tener pesadillas con este pobre niño friki. Lo he encontrado en internet y os lo muestro a continuación, seguro que flipáis tanto como yo.

MAD MEN (cómo hemos cambiado)

Estoy viendo la tercera temporada de esta serie norteamericana, que hoy os recomiendo desde aquí. Al principio no me convencía del todo, porque la acción tarda en arrancar, pero cada vez me gusta más. Me han atrapado tanto la trama, en la que se mezclan las distintas historias que viven los personajes, como la magnífica factura de la serie. Mad Men destaca por su espléndida ambientación en los años 60, su cuidado vestuario y su bien escogida música, entre otros muchos detalles.

El título de la serie podría significar simplemente "hombres locos", pero va mucho más allá: se refiere a "los hombres de Madison Avenue", la calle de Nueva York donde se instalaron las primeras agencias publicitarias en los años 50. Nos muestra las interioridades de una de estas agencias y las vicisitudes de quienes allí trabajan, mezclando hábilmente el mundo de la publicidad con las relaciones sociales y familiares. Las vidas de los protagonistas parecen complicarse cada vez más con el paso de los capítulos.

La perfecta ambientación de la serie en los años 60 sorprende porque nos recuerda cosas que ya habíamos olvidado. Los personajes fuman continuamente, en cualquier lugar y en todo momento: mientras él fuma en el ascensor que le sube a la oficina, su mujer fuma en la cocina a la vez que friega los platos. Los ejecutivos beben copas sin parar en sus despachos, desde primera hora de la mañana. Los niños saltan de un asiento a otro del coche mientras el padre conduce, o juegan a cubrirse la cabeza con una bolsa de plástico mientras la madre les regaña porque se puede arrugar el vestido que había dentro...

Son costumbres que hoy parecen lejanas, pero que nos parecían normales hace sólo unos años. Así las recuerdo yo vagamente de mi tierna infancia: no estábamos tan obsesionados con la seguridad, la salud o la legalidad. Han cambiado muchas cosas, pero otras no: las luchas de poder en el seno de las empresas, el uso de cualquier artimaña para conseguir un objetivo, la mentira y el engaño, la hipocresía y el abuso se mantienen. Así nos lo muestra esta fascinante serie y yo reconozco en ella situaciones que me resultan muy reales, actuales y cercanas. No os quiero desvelar nada porque espero que la veáis, al principio os puede parecer fría pero luego se va calentando... Yo estoy deseando ver el próximo capítulo.