Se ha convertido en una tradición para mí publicar aquí cada año fotos de la celebración del Orgullo Gay en Madrid. Ayer fue el día grande de estas Fiestas y una cabalgata multicolor cruzó el centro de la capital rodeada de cientos de miles de personas enardecidas. Personas normales y corrientes, algunas disfrazadas o maquilladas, otras con poca ropa ante el fuerte calor. Todas disfrutando y pasándolo en grande, en paz y armonía, sin hacer daño a nadie. Un desfile que es a la vez una manifestación, en la que se reivindica la igualdad para todos, independientemente de su condición sexual. Este año el lema "ni un paso atrás" dejaba clara la situación actual, ante la vuelta del conservadurismo que amenaza con echar por tierra tantos años de lucha. El Ayuntamiento del PP ha intentado reventar estas Fiestas, tras haber eliminado el resto de Fiestas madrileñas, pero el pueblo ha hecho suyo el Orgullo y no va a permitir que se lo arrebaten. Ante la ola de intolerancia e hipocresía que nos amenaza y atenaza, os invito a disfrutar de estas imágenes y a decirme si veis algo malo o reprobable en alguna de ellas.
Categoría: Madrid
Hace justo un año os mostraba aquí el primer tramo abierto de Madrid Río, los jardines que se han creado sobre los túneles de la M-30, enterrada a ambos lados del río Manzanares. Ya os dije entonces que el alcalde inauguraría el segundo tramo antes de las elecciones municipales y así lo hizo, abriendo la parte que hoy os muestro hace unas semanas. Pudo terminar esta operación, que estuvo años parada por falta de financiación, gracias al Plan Zapatero, el dinero que el gobierno central repartió entre los municipios para reactivar la economía. Este plan le vino de perlas a Gallardón, pero se nota que esta obra se ha ejecutado deprisa y corriendo para inaugurarla antes de las elecciones. Poco tiene que ver este tramo con el primero que os mostré en su día y supongo que los vecinos lo han notado, pues el alcalde ha sido castigado y en los barrios que lindan con el Manzanares la pérdida de votos de Gallardón ha sido aún mayor que en el resto.
La diferencia está, sobre todo, en el entorno. El primer tramo de este plan de recuperación de las riberas del río, por donde antes circulaban los coches, recorre la zona más noble y bella de Madrid, con bellas vistas y perspectivas inéditas del Palacio Real, la Catedral o la Casa de Campo. Este tramo del Sur recorre una zona más degradada y además no se ha hecho solo un paseo como el Salón de Pinos del primer tramo, sino que se han querido hacer demasiadas cosas, sin orden ni concierto. El resultado es un pequeño batiburrillo que no acaba de convencer. Habéis visto en primer lugar el estadio Vicente Calderón, que pronto se demolerá y permitirá la conclusión de este importante proyecto, pues ahora es un escollo en este largo paseo. Lo veis desde los columpios colgados bajo un puente, el único que ha quedado elevado del nudo del Puente de Toledo. Este precioso puente de piedra se ve raro y encogido, pues solo el arco central (con las hornacinas de San Isidro y Santa María de la Cabeza) conserva su altura original, los otros han quedado muy chatos.
Habéis visto el Puente de Arganzuela, la original pasarela peatonal que ha diseñado el famoso arquitecto francés Dominique Perrault, que ya levantó junto al Manzanares, aunque más al Sur, la Caja Mágica. Desde lejos este puente resulta un armatoste, como una torre eléctrica caída sobre el río, demasiado grande, rompiendo la armonía con el cercano y viejo Puente de Toledo. Desde su interior, esta pasarela de madera rodeada de una espiral metálica, es mucho más bonita e interesante. En realidad, se trata de dos espirales que va creciendo en diámetro hacia el centro, donde se encuentran, abiertas sobre un montículo que domina el Parque de Arganzuela, como veis en la siguiente foto. Desde el curioso interior de este puente vemos los estanques de la denominada Playa de Madrid, hacia donde nos dirigimos a continuación.
Bajamos del promontorio donde se apoyan los dos brazos del nuevo y extaño puente, aprovechado para poner varios toboganes donde familias enteras de inmigrantes disfrutan a lo grande. Llegamos por fin a la playa que el alcalde había prometido tantas veces a los madrileños, y es entonces cuando se nos cae el alma a los pies. Los tres estanques serían supuestamente láminas de agua donde la gente se podría refrescar, pero en realidad son charcos de agua estancada, llenos de algas, donde los niños se tumban exponiéndose a coger cualquier enfermedad o infección. El panorama es triste, pues los charcos se ven rodeados de otras zonas encharcadas, que han hecho desaparecer el césped de aquí. Evidentemente, este lugar no invita a tumbarse a tomar el sol, pues parece un foco de insalubridad, así que la gente busca zonas más alejadas donde aún queda césped. Y no olvidemos que esto se acaba de abrir, no me lo imagino dentro de unos meses, en pleno verano y con el calor sofocante que caracteriza a esta estación en la capital de España.
A partir de aquí ya se hace patente la prisa con la que se ha abierto todo esto. Vemos un arroyo artificial seco, cubierto de piedras, donde el agua brilla por su ausencia. No sé si algún día llegará a haber agua corriendo por este cauce, o si el agua también aquí se quedará estancada. Vemos también un bonito y largo banco de madera, enfrentado a un ancho camino cubierto de asfalto. Es evidente que nadie se va a sentar en este banco bajo un sol de justicia, habrá que esperar años para que crezcan los muchos y variados árboles plantados aquí. Porque si el primer tramo era un paseo rodeado de pinos, esto es un guirigay de caminos serpenteantes rodeados de árboles de todo tipo, arbustos, troncos y montículos, demasiadas cosas amontonadas, sin orden ni concierto, formando un conjunto que transmite de todo menos paz y tranquilidad.
Finalmente nos topamos con una valla metálica tras la que hay un campo de fútbol, justo delante del Puente de Praga. Después está el Matadero, pero ya no queremos ver más, hasta aquí hemos llegado. Me quedo sin ver si se ha recuperado el precioso Invernadero de Arganzuela o se lo han cargado para siempre. Porque eso es lo que han hecho, por ejemplo, con el maravilloso Parque de Arganzuela, que yo conocí antes de las obras. Aquí se hacían las fiestas del barrio y era un lugar encantador, pero ahora se ha perdido. Como veis a continuación, las obras no han terminado y todavía quedan vallas que cierran algunas zonas. Solo ha quedado un paseo arbolado, que recorremos bajo los gigantescos plátanos centenarios. Caminando por aquí, en esta fresca sombra, se hace más patente la diferencia entre lo viejo y lo nuevo, entre el precioso parque que teníamos y el cutrerío que han hecho ahora, y no me refiero simplemente a la diferencia de porte entre los árboles más antiguos y los que están recién plantados.
Donde antes había una escalinata monumental que daba acceso al parque, ahora hay otra más pequeña, junto a una nueva acequia de agua estancada. Desde lo alto apreciamos perfectamente el destrozo de este parque, un destrozo absurdo e innecesario. Vemos una fuente a un lado y al otro el viejo obelisco, ahora en el suelo, despojado de toda representatividad. Antes este obelisco estaba elevado, en el centro de una gigantesca fuente ovalada, que formaba un conjunto monumental, en perfecta simetría con la escalinata. La amplia plaza donde antes se celebraban conciertos y otros actos, ahora es un absurdo erial sin sentido, sin belleza, donde la gente anda perdida, donde nada encaja. Todos sabemos que Gallardón carece de sentido estético, por eso debemos obligarle a respetar el patrimonio madrileño, no debemos permitir que acabe con las plazas y los parques que tenemos, lo digo ahora que amenaza con "remodelar" otros espacios.
De vuelta a casa, paso junto a la vieja fábrica de Mahou, ahora en plena demolición. Supuestamente, aquí se levantará un nuevo barrio de casas de lujo, aunque supongo que para ello habrá que esperar a que acabe la crisis. Sobre el vecino estadio Vicente Calderón, que también será demolido, se creará un parque que dará continuidad a todos los que jalonan esta ribera del Manzanares. Para verlo tendremos que esperar probablemente otros cuatro años, hasta que se acerquen las siguientes elecciones municipales. Espero que no tengamos que esperar tanto para ver los prometidos chiringuitos, pues son ya dos las veces que el Ayuntamiento los ha sacado en concurso y otras tantas las que ha quedado desierto, pues nadie puede hacer frente a las draconianas condiciones que pone el alcalde. Por cierto, no sé si vosotros también habéis encontrado el parecido entre el alambre de espino de la última foto, que corona la valla que rodea la fábrica en estado de demolición, y el nuevo Puente de Arganzuela. Supongo que serán cosas mías...
El Rastro es ese gran mercado callejero que cada domingo se apodera de una parte importante del centro de Madrid. Siempre se ha dicho que allí se puede encontrar cualquier cosa, algo que sin duda es cierto. Lo podéis comprobar observando estas fotos, que hice en el Rastro el pasado domingo. En ellas podéis encontrar todo tipo de objetos y, si sois observadores, incluso me podéis encontrar a mí.
Efectivamente, vamos a tener que acabar enchufados a la botella de oxígeno porque el aire de Madrid se está volviendo irrespirable en estos secos días de invierno. La contaminación en la capital de España ha alcanzado sus cotas máximas y el Ayuntamiento lo ha tenido que reconocer, tras engañar durante meses y años a los madrileños con las cifras y las estaciones de medición. Yo he ido al centro a mediodía y he notado sequedad en la nariz y dolor en los pulmones, y eso que dejé de fumar hace más de un mes. Pero el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y su concejala de Medio Ambiente, la impresentable Ana Botella, siguen sin tomar medidas.
Es un hecho conocido por todos que el Partido Popular es incapaz de gobernar, como demostró Aznar en sus ocho años de desgobierno: le bastaba con decir "España va bien" y disimular mientras llenaba sus bolsillos y los de sus amigos. La misma política practica su esposa al frente de la concejalía de Medio Ambiente madrileña: ante las preguntas de la prensa sobre la contaminación, ella contesta que "los ciudadanos están asfixiados por el paro". No sé si es tonta, se lo hace o lo parece, pero demuestra una falta de respeto mayúsculo ante quienes la han votado, no sólo para cobrar un sueldazo y tener un bonito despacho en el barrio de Salamanca.
Los del Partido Popular están en contra de tomar medidas impopulares, no porque esto vaya contra el nombre de su partido, sino porque les podría restar votos. No entienden que el Gobierno socialista haya aprobado una ley tan impopular como la ley antitabaco, no se dan cuenta de que el papel de un Gobierno es tomar medidas y aprobar leyes, aunque sean impopulares. El PP usa bien sus armas de propaganda y ha extendido entre sus fieles la creencia de que "nadie tiene la culpa de la contaminación" y esto puede ser cierto, pero no lex exime de su deber, que es el de tomar medidas para atajarla. Mientras, ellos prefieren marear la perdiz y rezar para que llueva pronto.
Pronto lloverá, se reducirá la contaminación y todo se olvidará hasta la próxima vez. Espero que entonces el Ayuntamiento de Madrid esté en manos del PSOE, porque tal vez entonces se tomen medidas, por fin. En otras ciudades se ha hecho: en Londres hay que pagar un peaje para acceder al centro, en Pekín circulan los coches con matrículas pares o impares alternativamente... Puede que sean medidas "impopulares", pero puede que sean necesarias. El alcalde madrileño se limita a "recomendarnos" que no usemos el coche, pero no lo prohíbe porque él y sus amigos se verían obligados a ir en metro. Tal vez se decida a hacerlo cuando la gente empiece a morir asfixiada en las calles de Madrid...
No tengo tiempo ni ganas de escribir, así que comparto unas fotos con vosotros. El pasado domingo estuve con mi sobrino en Expocómic 2010, feria del tebeo de Madrid. Ese mismo día cerraba sus puertas y yo no sabía qué iba a encontrar, pero me sorprendió toparme con un montón de frikis de todas las edades, disfrazados como sus héroes favoritos del cómic y el manga. Aproveché para retratar a estos curiosos personajes que parecen sacados de un mundo de fantasía, y que hoy os traigo para dejar atrás la tristeza y dejaros un poco de color y alegría.
Tomás Gómez ya es candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, tras ganar el pasado domingo las primarias celebradas en el seno del PSOE. No he hablado antes de estas elecciones porque no quería posicionarme a favor de ninguno de los candidatos, ya que me gustaban los dos por igual. Yo no soy militante del partido y he dejado la decisión a quienes sí lo son y han votado. Me alegra que haya vencido Tomás Gómez, pero me habría alegrado igual si hubiera ganado mi prima Trinidad Jiménez. Creo que ambos eran buenos candidatos para vencer a Esperanza Aguirre, pero lo importante era decidirse cuanto antes por uno. Ahora que ya lo tenemos, debemos estar todos unidos para conseguir por fin la Comunidad de Madrid.
No quiero entrar en polémicas porque no tiene sentido decir que esta victoria perjudica a Zapatero, que apoyó a Trini sin fisuras. La victoria de Gómez me parece justa porque era el candidato lógico y para ese fin había sido colocado en su puesto. Ese puesto era la rampa de lanzamiento para su candidatura a la presidencia madrileña, pero ya había pasado demasiado tiempo en la sombra. Es cierto que no era conocido por los madrileños, pero gracias a la campaña previa a estas primarias le hemos conocido. Y yo tengo que decir que me ha encantado conocerle: me gusta cómo habla y todo lo que dice; me parece un líder fuerte, seguro y tranquilo; con carisma, imagen e inteligencia como para llegar muy lejos. Espero que así sea.
Tomás Gómez es un hombre hecho a sí mismo, un trabajador hijo de migrantes (de los tiempos en que los españoles emigraban, antes de acoger inmigrantes). Un hombre con el que se pueden identificar muchos más madrileños que con quien será su contrincante en las elecciones del próximo año. Espe, la actual presidenta, la pija con título nobiliario y palacetes varios, no representa en absoluto a la ciudadanía madrileña. Los votantes de izquierdas echamos de menos los tiempos de Leguina, cuando en la Comunidad de Madrid podíamos presumir de los mejores servicios públicos, y no me refiero al metro. Me refiero a educación, sanidad y servicios sociales públicos de calidad al alcance de todos, no como ahora.
Os voy a contar una historia real, que para mí es mucho más que una simple anécdota porque es una muestra de lo que vivimos bajo el mandato de Aguirre. Mi tía Cristina se jubiló y quiso emplear su tiempo ayudando a los demás como voluntaria, lo que siempre había sido su vocación. Preguntó en la Comunidad de Madrid y la enviaron a un palacete del Opus Dei para servir el té a los ancianos adinerados. Por supuesto, mi tía no volvió, pero nos contó estupefacta esta historia que demuestra cómo se las gasta Espe. Igual que cuando cede terrenos públicos a los Legionarios de Cristo para que levanten colegios donde se segrega por sexos a los alumnos. Esos son los servicios sociales y la educación que favorece nuestra presidenta, por no hablar de la sanidad de la que tantas veces he hablado.
Los madrileños progresistas tenemos el próximo año la oportunidad de mandar a Espe donde merece. Tomás Gómez representa para nosotros una nueva esperanza para acabar con la chula, castiza y zorra (sinónimo de astuta) Esperanza Aguirre. Una oportunidad para sacar a la Comunidad de Madrid del lado oscuro, donde se encuentra sumida por culpa de la corrupción y la manipulación que practica el gobierno de Aguirre. También Jaime Lissavetzky es nuestra esperanza para acabar con el mandato del alcalde-faraón Alberto Ruiz-Gallardón, el derrochador que arruinó nuestra ciudad y ahora quiere gastar millones de euros en la visita del Papa. Estamos a tiempo de evitarlo, aunque parezca que somos sólo un pequeño grupo de rebeldes los que nos enfrentamos al todopoderoso Imperio. Todos sabemos cómo acaba la película y también la saga.
Como cada año por estas fechas, ayer Madrid vivió su fiesta más multitudinaria y multicolor. El Ayuntamiento ha intentado este año acotar la fiesta, pero no se puede poner puertas al campo ni contener la marea humana que convierte Madrid en capital del Orgullo. También como cada año os traigo un puñado de fotos, aunque este año no encontraréis ninguna del Desfile - Cabalgata - Manifestación. Me lo perdí por culpa del fútbol, pero sin duda valió la pena. El partido en el que España venció a Paraguay, alcanzando las semifinales del Mundial, fue de una emoción indescriptible. Al final, la alegría desbordante inundó las calles de gente con ganas de celebrarlo todo. Gente orgullosa de ser española, extranjera, homosexual, bisexual, transexual, heterosexual, tolerante, diferente, especial, alegre...
Me diréis que siempre lo ha tenido, pues el río Manzanares siempre ha pasado por Madrid. Pero, como muchos sabréis, este río en su zona urbana se ha visto atrapado durante décadas entre los dos sentidos de la autopista de circunvalación M-30. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, famoso por su empeño en llenar la ciudad de obras, emprendió hace años la más faraónica de todas: enterrar la M-30 en el tramo que circula junto al río. Fueron años de molestias para los vecinos (como yo) que dejaron a la capital de España sumida en la ruina, con una deuda gigantesca que ahora hemos de pagar a base de impuestos y multas.
Los túneles se inauguraron deprisa y corriendo antes de las últimas elecciones municipales, pero la segunda parte del proyecto, que consistía en convertir las riberas recuperadas en espacios para los ciudadanos, quedó paralizada por falta de financiación. Así hemos estado unos años, con el río Manzanares rodeado de descampados sobre la autopista enterrada. Recientemente, gracias al Plan Zapatero que ha inyectado millones de euros a los ayuntamientos, ha comenzado por fin a ponerse en marcha el denominado plan Madrid Río. A marchas forzadas se trabaja ahora para recuperar el entorno antes de las próximas elecciones.
Todavía queda mucho por hacer, pero ya se ha abierto para el disfrute de los madrileños un tramo considerable, que el otro día tuve ocasión de recorrer. Aprovechando que por fin ha llegado el buen tiempo, dimos un agradable paseo que hoy comparto con vosotros. Comenzamos por el Puente de San Isidro, junto al Estadio Vicente Calderón, que espera su próxima demolición. Cuando se derribe este estadio se podrá enterrar el tramo de autovía que aún circula en superficie, justo por debajo de su grada principal. Entonces podrá continuar el acondicionamiento y ajardinamiento de esta margen del río hacia el sur.
Junto al puente que he citado se ha construido la pasarela en Y que habéis visto en las fotos anteriores. Se trata de una pasarela peatonal de hierro verde con la forma de la letra, un brazo hacia una orilla y dos hacia el otro. Un curioso balcón de madera sobresale y se asoma sobre el río, en esta original estructura que nos recuerda el pasado industrial y ferroviario de este barrio. Junto a este puente se ha levantado el Hotel Melancólicos, o eso ponía en el cartel de la obra, que aparentemente ha terminado. Aun así, el moderno edificio que veis a continuación y que parece desgajado de las Torres de Kio, sigue cerrado y esperando.
Aquí comenzamos nuestro agradable paseo junto al río, que ha recuperado su caudal tras los años de sequía y de obras. Parece magia poder caminar por aquí, tanto como verme a mí dos veces en la misma foto, esa panorámica que aquí se ve tan pequeñita. Se ha creado un paseo peatonal a ambos lados del Manzanares, que rápidamente han hecho suyo caminantes y ciclistas. Se han plantado muchos pinos y por eso el alcalde llama a este paseo Salón de Pinos en su manía de inventar nombres. Dice que es para recuperar el nombre decimonónico, como en su día se llamó "Salón del Prado" a lo que hoy es el Paseo más famoso de Madrid.
A mí me gusta llamar a las cosas por su nombre, por eso me niego a llamar a esto "salón" igual que me niego a llamar a la M-30 "Calle 30". Porque todos sabemos que la M-30 es una autopista, una autovía o un túnel, pero de calle no tiene nada... El caso es que seguimos paseando entre los pinos, con ocasionales columpios para los niños, hasta que llegamos al siguiente puente. Se trata de la pasarela diagonal, un antiguo ramal de la M-30 que ahora es peatonal y aparece cubierto de césped y árboles. Se ha convertido en una agradable atalaya donde parar a descansar, sentarse en el césped y disfrutar de vistas inéditas de Madrid.
Llegamos hasta el hermoso Puente de Segovia, cuyo entorno ha sido transformado por completo. Aquí el Manzanares se ensanchaba para ocupar toda la longitud del puente, pero ahora los laterales se han separado del río y se han transformado en cuatro estanques. En dos de ellos, simétricos diagonalmente, se han instalado fuentes de altos y potentes chorros. En los otros dos hay plantas acuáticas que esperan mejores tiempos, pues ahora son inapreciables. La gran pega: no podemos seguir caminando junto al río, sino que hemos de subir y cruzar el tráfico del transitado puente para bajar de nuevo y seguir nuestro paseo.
Supongo que el Ayuntamiento ha tratado de evitar que los indigentes duerman debajo del puente y por eso ha imposibilitado circular bajo sus arcos, pero creo que es un error. Por culpa de esta urbanización, este bello puente se convierte en un obstáculo para los viandantes, que ven obstruido su paseo. Creo que se podía haber encontrado otra solución, como la de extender pasarelas de madera sobre los estanques... Las vistas son espectaculares, no en vano estamos ante la cornisa monumental de Madrid, donde se recortan el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, rodeada de las grúas que construyen el Museo de las Colecciones Reales.
Habéis visto la Ermita de la Virgen del Puerto desde el estanque de plantas acuáticas donde los paseantes pueden meter los pies. El entorno de esta preciosa ermita sigue en obras, como podéis ver en la foto anterior. Curiosamente, los viejos parques como éste o el de Arganzuela siguen cerrados y destrozados, sólo se han abierto los parques de nueva construcción. Seguimos caminando por la ribera exterior del río hasta la Avenida de Portugal, que ahora también es peatonal. Supongo que aquí los coches circulan demasiado cerca de la superficie y no hay espacio para ajardinar, pero sin duda se echan de menos los árboles en esta zona.
En la foto anterior veis, a lo lejos, el Puente del Rey, que se pierde entre tanto granito como se ha dispuesto a su alrededor. A la derecha se aprecia la gran extensión baldía que queda aún por ajardinar, pues aquí supuestamente habrá una "alfombra verde" que unirá visualmente el Campo del Moro con la Casa de Campo. Precisamente, junto a este puente se encuentra la entrada al parque más grande de Madrid, que podéis ver a continuación. Se ha derribado la vieja puerta de hierro que le daba acceso y las columnas se han dispuesto en semicírculo, no me preguntéis por qué. La verdad, el conjunto resulta ahora bastante desolador.
Acabáis de ver la nueva bandera europea que se ha plantado junto a la Puerta de San Vicente y, tras ella, las cúpulas de la Estación de Príncipe Pío y los rascacielos de la Plaza de España. Esta acumulación de edificios emblemáticos se consigue ver a duras penas entre los cipreses y otros árboles que se han plantado en la ladera que baja hasta el río. Estamos en el último tramo remodelado de las riberas del Manzanares porque, un poco más adelante, llegamos al de toda la vida. Junto al Paseo de la Florida, donde la M-30 se alejaba del río, ya existía una zona donde se podía pasear por sus orillas. Se nota por el tamaño de los frondosos árboles:
Junto al romántico Puente de la Reina Victoria, con el teleférico sobrevolando nuestras cabezas, terminamos este agradable paseo. Encontramos un pequeño restaurante con terraza donde podemos disfrutar de un delicioso pescaíto frito, igual que si estuviéramos en la playa. En realidad, es lo más parecido a una playa que tenemos en Madrid, en espera de que se hagan realidad los proyectos prometidos en las riberas de nuestro río. Tras las penalidades sufridas durante años, me alegra poder comenzar a disfrutar del Manzanares. Espero que algún día, no muy lejano, podamos ver sus aguas y sus orillas plenamente recuperadas.

