Este año se celebran los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y la capital británica se convertirá en el centro del mundo por unos días, aunque ya lo es porque la ciudad está celebrando el año de Charles Dickens. Las obras de las sedes deportivas avanzan a buen ritmo, aunque las áreas olímpicas presentan un aspecto bastante caótico todavía. No hay duda de que los Juegos serán un éxito y situarán al Reino Unido en la rampa de salida de la crisis que vivimos, una crisis que parece interminable. No olvidemos que Madrid aspiró también a esta Olimpiada hace ya unos años, pero la competencia era dura y fue Londres quien se llevó el gato al agua. Imagino cómo serían las cosas si la capital española hubiera ganado en aquella ocasión, su primer intento olímpico desde los años 70...
Dentro de cuatro años se celebrarán los Juegos Olímpicos de Río 2016, que servirán para poner a Brasil en el lugar del mundo que le corresponde. El gigante sudamericano está creciendo a gran velocidad y la Olimpiada es la gran oportunidad para demostrar su potencia económica, como antes hicieron China con Pekín 2008, España con Barcelona 92 o Japón con Tokio 64. Por lo que me han contado, todo en Río de Janeiro va muy atrasado y todo el mundo trata de robar lo que puede, algo que cabía esperar, pero no dudo que habrá tiempo de remediarlo. No olvidemos que Madrid también aspiró a esos Juegos de 2016, aunque de antemano todos sabíamos que era muy difícil conseguirlos, pues la regla no escrita de la alternancia continental sigue pesando al elegir sede olímpica.
Y por fin, dentro de ocho años, será la oportunidad de Madrid 2020. La capital española ha presentado su candidatura por tercera vez consecutiva, tras los dos fracasos anteriores. Eso es un punto a favor de la candidatura madrileña ante el Comité Olímpico Internacional, que valora mucho la tenacidad. Pero no es el único punto a favor, ya que la rotación continental juega a favor de Madrid y, además, el resto de ciudades aspirantes tiene menos nivel que en las ocasiones anteriores. Sin embargo, aunque esta vez Madrid lo tenga más fácil que nunca, su candidatura pierde fuelle y no está a la altura de la primera vez. Si entonces la capital española era una ciudad pujante, ahora languidece bajo los efectos de la crisis. Las instalaciones deportivas de las que tanto presumíamos están hoy abandonadas y a medio construir...
Siempre he tenido la ilusión de que Madrid llegue a albergar alguna vez unos Juegos Olímpicos, pero mi sueño se ha ido apagando últimamente, aunque ahora pueda por fin hacerse realidad. He visto cómo mi ciudad se ha deteriorado en los últimos años con el PP en el Ayuntamiento y en la Comunidad. El alcalde Gallardón hizo muchas obras, pero dejó la ciudad arruinada y a los ciudadanos aplastados bajo la losa de la gigantesca deuda. Pero lo peor que nos ha dejado es su heredera: sin comerlo ni beberlo, ahora tenemos de alcaldesa a Ana Botella, señora de Aznar... Desde que se presentó el horroroso logotipo de la candidatura (en eso también hemos ido de mal en peor) imaginaba a la alcaldesa y a Esperanza Aguirre luciéndolo de peineta el Día del Orgullo Gay. Ahora que he hecho el montaje, me parece que las dos están haciendo el indio ¿no creéis?

