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Terra
La Coctelera

Charlitox Blox

Mi mirada crítica sobre el mundo actual

Categoría: Vietnam

5 Febrero 2012

Charlie en el Delta del Mekong

Llego con este capítulo al final de mi relato vietnamita, aunque aquí no se acaba mi viaje, todavía falta lo mejor... Desde Saigón, o mejor dicho Ciudad Ho Chi Minh, hacemos una excursión de dos días al Delta del Mekong, la zona más húmeda y fértil del país. El río Mekong, antes de desembocar en el mar, se divide en multitud de brazos que inundan una vasta extensión, perfecta para el cultivo de arroz. En las zonas más vírgenes, la jungla invade todo, como hemos visto en tantas películas sobre la Guerra de Vietnam (de ahí el título del post).

Nos llevan en coche hasta un embarcadero donde subimos a una barca para recorrer algunos de los muchos canales que se cruzan en la zona. En este primer vistazo comprobamos que las barcas y canoas sirven de medio de transporte de pasajeros y de todo tipo de mercancías, como habéis visto en las fotos anteriores. Aquí se vive en el agua o en cabañas y casas a medio construir, en la orilla de los ríos y canales. Todo es verde, húmedo y frondoso, pero más aún lo es en nuestro siguiente periplo acuático, en un campamento del Vietcong.

Habíamos huido durante todo el viaje de las referencias a la famosa Guerra de Vietnam, pero de pronto nos vemos dentro de ella. Nos llevan a este campamento y nos montan en una barca minúscula, conducida por una mujer vestida de negro. Navegamos en silencio por la jungla pantanosa que hemos visto en tantas películas y nos trasladamos a Apocalypse Now, Platoon o Depredador. Por si no nos sentimos bastante Charlies, después de la ruta acuática recorremos la zona a pie, descubriendo las cabañas y los búnkers minúsculos.

El ambiente es pegajoso y estremecedor, como queda patente en estas fotos. Los restos de la guerra, tan reciente y tantas veces vista en el cine, nos trasladan a los años 70 del pasado siglo. Aquí se libraron batallas entre los norteamericanos y los vietnamitas del Norte, las tropas comunistas del Viet Cong que los americanos llamaban en clave Victor Charlie, de ahí el nombre que hizo famoso Sylvester Stallone en Rambo... Para salir de este sórdido ambiente nos llevan a Can Tho, la ciudad donde pasaremos la noche.

Can Tho es la ciudad más grande del Delta del Mekong y se sitúa a orillas del río Hau, que habéis visto al fondo en la primera de estas fotos, tomada desde la ventana de nuestro hotel. Salimos a dar una vuelta por la ciudad y vemos que es bastante próspera, se nota que esta zona es más rica que el resto del país. Al anochecer, los edificios iluminados nos recuerdan a las ciudades chinas, es hora de buscar un restaurante para cenar. Nos decidimos por uno recomendado en la guía donde se sirve serpiente, el plato típico local.

No nos conformamos con probar la serpiente, sino que pedimos el menú basado en este reptil. Así, de primero tomamos un rollito de serpiente y de segundo un guiso del mismo animal. Sinceramente, reconozco que no me gusta mucho ninguno de los dos platos, aunque tal vez sea porque en el rollito, además de serpiente había un pelo largo y negro (supongo que de la cocinera). De vuelta al hotel, paseando junto al río, vemos una gran estatua de Ho Chi Minh y un hombre practicando la medicina tradicional a otro en plena calle.

La mañana siguiente comienza con una excursión en barco hasta un mercado flotante, que a priori nos sonaba como algo encantador, probablemente porque recordábamos los bellos mercados acuáticos birmanos. De camino vemos una gasolinera donde los barcos paran a repostar. Cuando llegamos al mercado nos sentimos defraudados, pues no es como esperábamos. Los asistentes, desde barcas grandes y pequeñas, venden y compran frutas y hortalizas. El río tiene un color pardo y la basura flota por todas partes...

Después nos llevan hasta una granja para que veamos de cerca los cultivos de frutas y verduras de todo tipo. Ya os he dicho que esta zona es muy fértil y aquí crecen muchos productos exóticos. En la primera de estas fotos habéis visto el curioso árbol de la deliciosa fruta del dragón o Dragon Fruit. En la segunda veis las gigantescas frutas cuyo nombre ni siquiera recuerdo... Vemos lotos y palmeras de todo tipo y nos despedimos de esta zona y de este post con esa silueta humana que se pierde junto a su bicicleta en la verde vegetación.

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20 Enero 2012

Saigón siempre será Saigón

Tras compartir con vosotros mi escapada navideña, vuelvo al relato de mi viaje a Vietnam del pasado verano, que ya está próximo a su fin. Llegamos por fin a Saigón, la mayor ciudad del país, que fue durante años la capital de Vietnam del Sur. Tras la toma de la ciudad por parte del Viet Cong en 1975, que puso fin a la famosa Guerra de Vietnam, Saigón pasó a llamarse Ciudad Ho Chi Minh en honor al líder revolucionario fallecido en 1969. Aun así, todo el mundo sigue llamando a esta ciudad Saigón y para mí siempre se llamará así, pues este nombre evoca sus encantos y misterios del pasado. En su origen fue un importante puerto camboyano en el Delta del Mekong y más adelante se convirtió en la capital de la Cochinchina francesa. Hoy es una gigantesca y cosmopolita metrópolis de unos diez millones de habitantes, llena de contrastes, como podéis ver a continuación.

Tenemos suerte porque nuestro hotel está situado en pleno centro de la ciudad, en el Distrito 1, lo que nos permite ir andando a todas partes. En cuanto llegamos a Saigón salimos a pasear en la primera toma de contacto y nos sorprende el contraste de los edificios coloniales franceses con los modernos rascacielos. Si en la capital, Hanoi, se ha respetado el casco viejo y se han construido rascacielos sólo en las afueras, aquí es todo lo contrario. Edificios de todas las épocas conviven y se amontonan en el centro, como habéis podido ver. En la primera foto, el viejo Hotel Continental se ve pequeño bajo la mole del moderno centro comercial. En la segunda, es el precioso Teatro de la Ópera el que queda a los pies de un altísimo hotel, que imita su característico arco. En las otras dos fotos habéis visto dos modernas y lujosas boutiques, algo que no habíamos visto aún en este país.

Al día siguiente disponemos de más tiempo para pasear, así que decidimos salirnos del centro para tener una visión más amplia de esta ciudad. Entonces se hace más patente su nombre actual, porque vemos multitud de banderas comunistas por las calles. Los recuerdos de la Guerra de Vietnam, que en el resto del país no habíamos visto, aquí están por todas partes: desde monumentos hasta restos de aviones americanos abatidos, tanques y vehículos vietnamitas... Nos hemos negado a visitar el Museo de los Recuerdos de la Guerra, pero el armamento sirve de decoración a numerosos edificios oficiales que vemos a nuestro paso. También vemos modernas sedes corporativas de las principales compañías del país, como la que veis a continuación. Después, el bello edificio del Museo de Historia, situado junto al zoo, dentro de un gran parque.

Seguimos caminando y nos absorbe la vorágine de la gran ciudad, resumida en esta imagen de cables, motos y edificios estrechos de distintos colores y alturas. Buscamos la Pagoda del Emperador de Jade, pero nos cuesta encontrarla. Por fin llegamos a nuestro destino, uno de los templos más importantes de Saigón. Está lleno de gente, pero se respira un aire de tranquilidad y paz que no había en la calle. Nos envuelve la espiritualidad que transmiten las oraciones y los rituales de los fieles, y nos tomamos nuestro tiempo para relajarnos. En el jardín que se abre delante de la pagoda hay gente vendiendo todo tipo de productos y objetos, animales y plantas para ofrecer a los dioses. Desde tortugas que acaban creciendo y engordando en el estanque del jardín, hasta flores de loto perfectamente colocadas en preciosos ramos de color rosa.

Volvemos a las calles llenas de gente, donde cada uno se busca la vida como puede. Algunos hombres cosen con sus máquinas de coser instaladas sobre la acera, en plena calle. De camino al centro, en una zona tranquila y residencial, nos vemos rodeados de repente por una multitud de personas y motocicletas. Es la hora de salida del colegio y los padres, con sus motos, colapsan la calle. Nos cuesta salir del tumulto y estamos a punto de ser atropellados, me pregunto si serán frecuentes los accidentes en estas aglomeraciones o aquí ya están acostumbrados... Para recuperarnos y descansar, comemos en un curioso lugar una extraña comida que aún no habíamos probado. Se trata de una especie de tortas de arroz, grandes y finas, que se rellenan de verduras, pollo y setas, y que preparan unos simpáticos jóvenes uniformados de verde y amarillo.

Después de comer visitamos el Palacio de la Reunificación, que fue el palacio del Presidente de Vietnam del Sur, expulsado tras la "liberación" de Saigón. Se trata de un lujoso palacio de estilo moderno, construido en los años 60 del siglo pasado y conservado como estaba, pero convertido en museo. Así, ahora todos podemos ver los lujos con los que el Presidente y su séquito vivían en este Palacio, donde se pueden visitar tanto las elegantes estancias oficiales como las habitaciones privadas, que conservan un encantador aire retro. Lo más aterrador es visitar el búnker situado en el sótano, lleno de fríos corredores y pequeñas salas desde donde se dirigía a las tropas en los tiempos de la guerra. Aquí se conservan las cocinas, la galería de tiro y el lujoso coche del Presidente, mientras en la azotea del Palacio sigue esperando el helicóptero preparado para la huida.

Tras esta interesante visita salimos a la calle y respiramos hondo, para llenar de aire nuestros pulmones encogidos. Estamos en pleno centro y nos encontramos con dos edificios muy típicos de la ciudad, en los que es evidente la herencia francesa. En primer lugar, la Catedral de Notre Dame, que ocupa un lugar privilegiado como en París y en Hanoi. En segundo lugar, el Ayuntamiento, un precioso edificio que podría perfectamente estar ubicado en la capital francesa, si no fuera porque está coronado por la bandera vietnamita. Caminamos hasta el Mercado de Ben Thanh, el más famoso y popular de la ciudad, que abandonamos huyendo del acoso de los vendedores a los turistas. El cielo negro amenaza tormenta y no nos libramos de ella. Yo quería subir a la torre que me atrae desde que llegué, pero la lluvia nos sorprende en plena calle y hemos de refugiarnos durante horas.

Será a la vuelta de nuestra excursión de dos días al Delta del Mekong, que os contaré en un próximo post, cuando por fin pueda cumplir mi sueño. El tiempo ha cambiado y el día está despejado y radiante, así que podemos subir a la Bitexco Financial Tower, el rascacielos más alto de Ciudad Ho Chi Minh. El mirador o Skydeck está recién abierto y se ubica justo debajo de la plataforma que sobresale, a la que aún no se puede acceder. No obstante, las vistas son espectaculares en todas las direcciones. Me encanta poder ver desde arriba esta abigarrada ciudad, el ancho río Saigón y su más estrecho afluente. Veo que el otro lado del río está aún libre y que se está construyendo un túnel para comunicar el centro con ese lugar. Imagino que dentro de unos años esa zona será como Pudong en Shanghai, un nuevo centro financiero frente al centro actual.

Cierro esta crónica con la imagen de estas dos simpáticas chicas ataviadas con el Ao Dai, el traje típico vietnamita. Nos sonríen desde las puertas de un hotel, pues son las azafatas, recepcionistas y camareras quienes visten estos trajes de brillantes colores. Pongo fin aquí a la visita a esta increíble ciudad, en la que además hemos tenido ocasión de visitar elegantes y modernos restaurantes, e incluso de sumergirnos en la noche de esta ciudad que nunca duerme. Hemos visitado la discoteca Apocalypse Now, la más famosa de Saigón, donde se mezcla el público local con los extranjeros, tanto turistas como expatriados, en una curiosa amalgama. Hemos descubierto curiosos rincones y hemos vivido experiencias inolvidables y es que, para mí, no hay nada como las grandes urbes asiáticas...

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18 Diciembre 2011

Hoi An, la joya de Vietnam

Seguimos recorriendo el centro de Vietnam y llegamos a la ciudad más bella del país, la única que se ha conservado y cuidado, la única que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Llegamos al anochecer, procedentes de Hue y Danang, y salimos a cenar y dar una primera vuelta por la ciudad. Nos sorprende encontrarla llena de turistas y de tiendas que venden todo tipo de mercaderías, desde farolillos de colores hasta maquetas de barcos de madera. Pero sobre todo abundan las famosas sastrerías, donde muchos turistas se encargan trajes a medida a buen precio, de un día para otro. Yo prefiero no caer en la tentación.

De inmediato apreciamos la diferencia con el resto de ciudades vietnamitas que hemos visitado hasta ahora. Aquí, el centro está reservado a los peatones, bicicletas, xiclos y alguna que otra moto, así que resulta bastante tranquilo a pesar de la multitud de turistas. Los farolillos están por doquier, iluminando la noche: cenamos en la terraza de un restaurante bajo un gran farol redondo y luego tomamos una copa en un garito de moda, decorado con un montón de faroles rojos. Cuando salimos, aunque ya es tarde, las tiendas siguen abiertas esperando que entre algún turista. Está claro que aquí no están dispuestos a dejar escapar ninguna venta...

Al día siguiente nos disponemos a visitar detenidamente la vieja ciudad y sus monumentos. No contábamos con el monumental calor que hace, pues aquí el sol pega fuerte, pero nos aguantamos porque no tenemos más remedio. Comenzamos nuestra visita por el famoso Puente Japonés, que cruza un estrecho canal. Dentro de este encantador puente cubierto se venera la estatua de un mono, cubierto con un velo rojo a juego con el farol que hay sobre él. Después visitamos un templo, bonito y pequeño. De él nos llama la atención que se utiliza para reuniones de vecinos, así que aparece decorado con la parafernalia comunista de rigor...

Bajamos hasta el río, que se ve tranquilo bajo el poderoso sol, con las redes de pesca fuera del agua. Hemos comprado una tarjeta para turistas que permite la entrada a diez monumentos a elegir, entre los muchos que hay, así que hemos de escoger con cuidado. Entramos en otro pequeño templo, con encantadores rincones como el que vais a ver, con el arco redondo bajo el redondo farol. En su parte trasera hay un jardín con una gigantesca fuente, llena de dragones enroscados, que me recuerda a una Falla valenciana. Después, para combatir el horrible calor y reponer fuerzas, tomamos un zumo en una terraza con vaporizadores de agua... ¡Qué gusto!

Entre los monumentos que se pueden visitar están varias casas tradicionales, que se conservan igual que hace siglos. En la primera que visitamos podemos ver su patio con su fuente de piedra, llena de plantas. También vemos el altar dedicado a los antepasados, donde junto a las fotos de los familiares fallecidos, los vivos depositan galletas, tabaco y cerveza. Esto nos llamó mucho la atención al principio, pero ya nos hemos acostumbrado a verlo, pues es una costumbre generalizada en Vietnam. Luego nos explicarán que sólo se dejan estos consumibles durante tres días en el altar, para ofrecerlos a los antepasados o a los dioses, luego se retiran y se consumen.

Acabáis de ver una de esas mujeres que ya os he mostrado en otros posts anteriores, que cubren cada centímetro de su piel para que el potente sol no la broncee. Ya sé que el ideal de belleza femenina aquí es la blancura total, pero no acabo de acostumbrarme a ver mujeres tan tapadas con el tremendo calor que hace. Las casas de reunión de las comunidades chinas son los principales monumentos de Hoi An, las hay de cada una de las provincias de China y compiten en belleza entre sí. En ellas desde hace siglos, y aún hoy como vais a ver, se congrega la importante colonia de emigrantes chinos que hay en esta bonita y curiosa ciudad.

El sol de mediodía cae a plomo sobre nuestras cabezas, aún no hemos comido y empieza a apretar el hambre, así que comenzamos a buscar un restaurante para comer. Seguimos paseando por las tranquilas calles, con sus casas bajas, antiguas y bien conservadas, sus coloridas buganvillas saliendo de los patios... Recorremos el mercado junto al río, buscando la sombra de los puestos y de las esbeltas palmeras... Entramos en tiendas, no ya por comprar sino por protegernos del sol, descubriendo en una de ellas a una chica durmiendo la siesta. Ya os dije que en Vietnam, como en China, lo hacen sin ningún pudor, en cualquier parte, donde pueden...

Por fin encontramos un restaurante de nuestro agrado entre los muchos que hemos visto, o tal vez nos paramos en este simplemente porque ya no podemos más. Tiene rincones tan encantadores, zen o navideños como el que acabáis de ver, y ofrece magníficas vistas sobre el río como las que veréis a continuación. Las fotografío desde la terraza, pero comemos en el interior, evidentemente, porque fuera el calor es insoportable. Después, de vuelta al hotel, deseando llegar a descansar, aún tenemos tiempo de visitar otra preciosa casa tradicional y de hacer un par de coloridas y típicas fotos que me sirven para cerrar el recorrido por la hermosa ciudad de Hoi An.

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25 Noviembre 2011

Danang y las Montañas de Mármol

Seguimos nuestro recorrido por el centro de Vietnam, con el trayecto desde Hue hasta Danang por la carretera de la costa. Se trata de una preciosa vía que discurre entre verdes montañas, aunque al principio el viaje se hace pesado. El tráfico es muy intenso y no hay alternativa, así que el atasco es constante, como veréis en la primera foto. Luego la cosa cambia, porque se ha abierto una autovía que atraviesa las montañas por túneles, de modo que casi todo el tráfico toma la vía rápida. Nuestro coche continúa por la vieja carretera, lo que nos permite disfrutar del maravilloso paisaje en absoluta soledad. Vemos pequeños pueblos y playas de arena fina y blanca.

Ascendemos un puerto impresionante, rodeados de una inmensidad verde y azul. Vamos casi solos por la carretera y nos sorprende ver a algunos ciclistas que se atreven con el ascenso. En lo más alto paramos, junto a una fortificación en ruinas, utilizada en pasadas guerras. Es obligatorio parar aquí para ver las vistas, así que hay una legión de vietnamitas tratando de vender algo a los turistas. Mientras hacemos fotos van llegando los ciclistas, que resultan ser australianos. Evidentemente, llegan agotados, sudorosos y sofocados, pero aun así mantienen su simpatía. A lo lejos, frente a nosotros, al otro lado de la bahía, resplandece la ciudad de Danang, que parece bonita y moderna.

Bajamos de las montañas y llegamos a la ciudad de Danang, que de cerca no es tan bonita y moderna como parecía desde lejos. Según nos acercamos y la atravesamos pienso que sería una buena capital para Vietnam por su situación en el centro del país, junto al mar, con un importante puerto y un moderno aeropuerto. Creo que la ciudad tiene posibilidades, pero hoy por hoy lo único que tiene interesante es el Museo de escultura Cham. Hacemos una parada para visitar este importante museo donde se conservan los restos más notorios de esta vieja civilización vietnamita. Afortunadamente, los franceses crearon el museo a comienzos del siglo XX y salvaron estas valiosas esculturas.

Nos impresiona la belleza de estas esculturas, que nos recuerdan a algunas que vimos en la India. Sobre todo nos asombran porque hasta ahora no habíamos visto casi nada antiguo en Vietnam. La civilización cham tuvo su apogeo en esta zona entre los siglos X y XV, pero sus yacimientos más importantes como Myson han sido arrasados por las guerras. Sin embargo, estas esculturas se han salvado y su estado de conservación es admirable, lo que nos permite disfrutar de su belleza. No nos cansamos de recorrer las salas de este museo, donde nos aguardan sorpresas sin fin: hombres, dioses, monstruos y animales conviven aquí en perfecta armonía y compiten por llamar nuestra atención.

No puedo evitar el buscar referencias y encontrar semejanzas cuando admiro estas bellas esculturas. Así, veo a Ganesha, el dios-elefante hindú, o al guerrero haciendo la postura de yoga del arco en el relieve que habéis visto. También la diosa de grandes senos que me recuerda al arte africano, o el gracioso león que acabáis de ver, y que sin duda sujetaba un edificio o parte de él. También está la Garuda, el pájaro-quimera símbolo de Indonesia, y otros dioses y monstruos. Pero lo que más me sorprende es lo que vais a ver a continuación: no me podéis negar que este elefante sirvió de referencia al mismísimo Walt Disney para dibujar los paquidermos que aparecen en El libro de la Selva.

En el museo no sólo hay esculturas, sino que también hay otros restos de antiguas civilizaciones, como los cántaros que habéis visto. Algunos están llenos de viejas monedas, como si se hubieran usado de hucha... También hay muebles y cacharros de cerámica más modernos, pero los auténticos tesoros del museo son sus preciosas esculturas. Terminamos nuestra visita y subimos de nuevo al coche pare seguir el viaje. Vemos modernos estadios y edificios en construcción que muestran la pujanza de esta ciudad. Después circulamos junto a la costa y la famosa playa de China Beach, donde se están levantando gigantescos hoteles y resorts de lujo para atraer el turismo internacional.

Nuestro conductor nos para en la tienda que acabáis de ver, que nosotros recorremos estupefactos... ¿Se cree que vamos a comprar una fuente o una estatua gigante? Le decimos que no somos rusos ni tenemos palacio, pero es que esto es lo que se lleva aquí. Estamos en las Montañas de Mármol, varios promontorios de los que se extrae esta piedra, así que hay montones de tiendas como esta. Paramos a los pies de una de las montañas, que es la que vamos a visitar. Hay unos horribles ascensores, pero nosotros preferimos subir andando por la escalera, lo que resulta más bucólico y también más cansado. Nuestra primera parada es a los pies de un blanco y elegante Buda.

Aquí empieza una ruta por la montaña que recuerda a una visita a un parque de atracciones, o un parque temático de tema chino. Vuelvo a pensar que Vietnam es como yo pensaba que era China, pues no visitamos nada tan chino como esto el año pasado en el gigante asiático. Esta montaña está llena de templos, budas, cuevas y pagodas de cemento, que parecen recién construidas. Dentro de las cuevas hay estatuas de buda, pero no hay luz, así que resulta bastante difícil verlas, y más conforme avanza la tarde. El conjunto es de lo más kitsch, pero también de lo más entretenido. Y entre tanto turista, los monjes tratan de seguir a sus quehaceres como si nada, sin alterarse en absoluto.

Seguimos el camino que serpentea por la montaña, arriba y abajo, ofreciendo continuas sorpresas. Lo más curioso es la propia montaña, con sus cuevas y su extraña vegetación: los árboles cuelgan y se agarran a las paredes, con sus ramas y raíces formando lianas imposibles. En lo más alto de la montaña, una mujer con una chepa tremenda abre cocos a machetazos, es el momento ideal para descansar y refrescarse bebiendo agua de coco. Compramos un par de cocos tras el regateo de rigor, y nos sentamos junto al resto de los turistas a beber de su interior con ayuda de una pajita. La verdad es que es una delicia y nos refresca, justo lo que necesitábamos para seguir el camino.

Comienza a anochecer y cada vez hay menos luz, de modo que todo adquiere un aire misterioso y terrorífico. Aceleramos el paso para llegar abajo antes de que anochezca del todo, incluso tememos perdernos en la oscuridad. Al bajar encontramos otro templo y, frente a él, los jóvenes monjes hacen deporte. Juegan con una especie de "mosca" de bádminton, con plumas, pero se la pasan con el pie sin que toque el suelo. Parecen divertidos y sudan, como nosotros que seguimos caminando a buen ritmo. Por fin llegamos a los pies de la montaña y buscamos a nuestro conductor, que nos esperaba preocupado. Subimos al coche y partimos, dejando atrás estas curiosas montañas.

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10 Noviembre 2011

Hue y el Río del Perfume

Dejamos por fin el Norte de Vietnam para volar hasta Hue, ciudad situada en el centro del país, del que fue capital hasta 1945. Como antigua capital imperial alberga importantes monumentos, aunque por culpa de las guerras su estado de conservación deja mucho que desear. La vieja ciudad se sitúa en una orilla del Río del Perfume, mientras la zona nueva se ubica en la orilla contraria. Nuestro hotel está en esta zona y tiene piscina, lo que agradecemos porque el calor aquí es tremendo.

Dejamos el baño para más tarde y abandonamos el hotel para ir a visitar la Ciudadela y la Ciudad Prohibida, al otro lado del río. El conjunto palaciego es bastante impresionante y nos recuerda al del mismo nombre que visitamos el pasado año en Pekín, pues su estructura es semejante. Sin embargo, la Ciudad Prohibida de la capital china era mucho más grande y también mucho más antigua, aunque parecía más moderna porque estaba muy restaurada. Este palacio imperial vietnamita es del siglo XIX.

Cruzamos varios fosos cubiertos de flores de loto, que por algo se considera la flor nacional de Vietnam. Llegamos al interior de la Ciudad Prohibida, un conjunto de plazas de gran tamaño rodeadas de diversos pabellones. Mi cámara se recrea en los detalles más típicos de la cultura vietnamita, como los dragones que decoran los tejados y los grandes jarrones de porcelana, o las ventanas circulares con formas que simbolizan la Doble Felicidad o la Larga Vida, entre otros buenos deseos.

Llegamos a una zona del palacio que está siendo completamente restaurada en la actualidad. Sus brillantes colores contrastan con las piedras semiabandonadas que nos rodean, aunque también estas tienen su encanto. Los vietnamitas se han dado cuenta recientemente de que a los turistas les gusta visitar monumentos, así que ahora comienzan a restaurarlos y cuidarlos. Es una pena porque muchos ya resultan irrecuperables y han quedado destrozados en las guerras, aunque más vale tarde que nunca.

Tras visitar la Ciudad Prohibida y atravesarla de sur a norte, cruzamos el foso y la dejamos atrás. Nos disponemos a pasear por las calles de la Ciudadela, la vieja ciudad que rodea el palacio, pero acabamos sucumbiendo ante la insistencia y subimos a un xiclo. Nos da una vuelta por las tranquilas calles de esta ciudad y después buscamos un restaurante para cenar. Encontramos uno muy curioso, como una cabaña de bambú de dos plantas, con unas chicas que nos llaman desde las alturas.

Se nota que estamos en el centro de Vietnam, porque aquí la comida ya no nos parece tan deliciosa como en el Norte. Al menos nos resulta más rara y más picante, y eso que aún no hemos llegado al Sur... Después de cenar volvemos al hotel, ya ha anochecido y cruzamos el río por un puente metálico iluminado con luces multicolores. Al día siguiente nuestro plan es coger un barco para navegar por el famoso Río del Perfume y visitar alguno de los monumentos que se sitúan cerca de sus orillas.

Tras algunas dificultades encontramos por fin un barco y negociamos como podemos con la chica, que cubre su cuerpo por completo de los rayos del sol. Subimos al barco con ella, con el barquero y con un gato, para surcar las aguas de este río de nombre evocador pero nada realista, al menos en la actualidad. Mientras pienso por qué se llamará así este río de aguas tan sucias y poco perfumadas, veo a lo lejos la Pagoda de Thien Mu, nuestro primer y último destino en este breve crucero fluvial.

Se trata de una preciosa y antigua pagoda de ladrillo, de planta poligonal y siete alturas, situada en un bello paraje elevado junto al río. Junto a ella hay varios pabellones y en uno de ellos vemos una estela de piedra sobre una tortuga, como las que vimos en Hanoi. Detrás hay una extensión cubierta de césped y, al fondo, un templo bajo y alargado. Todo el conjunto desprende belleza y serenidad, sobre todo porque tenemos la suerte de ser casi los únicos turistas que estamos visitando este monumento.

Más lejos de la ciudad, siguiendo el curso del río, se encuentran las tumbas de los antiguos reyes vietnamitas, pero nos quedamos con las ganas de visitarlas porque no tenemos tiempo. Debemos regresar al hotel para seguir nuestro viaje, pero de nuevo nos sentimos un poco estafados por los vietnamitas. Contratar la excursión en barco por nuestra cuenta nos ha salido más caro y nos ha cundido menos de lo que pensábamos, pues sólo hemos podido ver esta pagoda. En cualquier caso, ha valido la pena.

Pedimos al barquero que acelere porque parece que no vamos a llegar nunca al embarcadero, tenemos prisa y no pensamos pagar más de lo acordado aunque lleguemos más tarde... Luego caminamos a buen ritmo de vuelta al hotel, es mediodía y el sol pega fuerte. Sólo me detengo a fotografiar lo que me llama la atención, como la madre y la hija durmiendo la siesta, o el ciclista que pasa ante los carteles de propaganda, que nos recuerdan que estamos en un país comunista. Y aquí termina nuestra visita a esta ciudad vietnamita.

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2 Noviembre 2011

Caminando entre montañas y arrozales (Sapa 2)

Seguimos en Sapa, la aldea rodeada de montañas situada en la esquina noroeste de Vietnam. En realidad, a esta localidad le queda poco de aldea y va camino de convertirse en gran ciudad, aunque sigue conservando parte de su encanto. Hay una zona donde viven los vietnamitas y otra zona reservada a los turistas, que gira en torno a la calle que veis a continuación, plagada de hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos. En cuanto pisamos la calle nos rodean las mujeres dao rojas, empeñadas en que les compremos alguna de las baratijas que venden. Nosotros nos hacemos los duros, pero finalmente picamos, porque es la única forma de que se vayan y nos dejen en paz.

Lo de las vendedoras resulta muy pesado, pero peor aún es lo que acabáis de ver: a los niños pequeños, con sólo cinco años, les ponen un bebé a la espalda y los mandan a vender collares y pulseras... No sé si algún turista picará, pero yo me niego a comprar nada a los niños y así se lo hago saber: no quiero favorecer la explotación infantil. Con esa extraña sensación nos acostamos y al día siguiente nos levantamos más descansados y despejados. Tras el desayuno viene el guía a buscarnos y nos lleva en coche hasta el lugar donde comienza nuestro trekking. En realidad, es un cómodo paseo cuesta abajo desde la ladera de una montaña hasta el fondo de un verde y precioso valle.

Nos rodean los cultivos de arroz en terrazas, que se inundan con el agua que baja de las montañas. También nos rodean las mujeres de las distintas minorías étnicas, dispuestas a acompañarnos a lo largo de todo nuestro paseo si pueden vendernos algo. El paisaje es impresionante, verde y húmedo, más verde según se levanta la neblina y las nubes dejan ver las altas cumbres. En la caminata está incluida la parada en algunas casas habitadas por las minorías étnicas que pueblan la zona. Por supuesto, están acondicionadas para vender todo tipo de mercaderías a los turistas, como la que veis a continuación. Mientras una mujer trabaja en un telar, nuestro guía nos muestra un instrumento típico.

Llegamos al fondo del valle, donde encontramos varias pequeñas aldeas de casas dispersas. Visitamos un colegio justo a la hora de comer y vemos cómo los niños comen el arroz que les sirven sus profesores. También vemos grupos de niños que vuelven del colegio con sus tarteras, con sus caras pícaras y sonrientes. Pero lo que más nos agrada es ver a unos niños jugando con una carretilla y riendo a carcajada limpia, porque los vemos disfrutar como niños que son. Me acuerdo del pequeño que vimos ayer, vendiendo y cargando con un bebé a sus espaldas, y no puedo evitar pensar en cuántos niños ven truncada su infancia en este y en otros países. Cuántos deben cambiar el juego por el trabajo...

La verdad es que nuestro paseo por este verde y hermoso valle cubierto de arrozales se convierte en una experiencia maravillosa. Podemos ver de cerca cómo viven estas personas, pobres pero felices, tan diferentes de los turistas que recorremos estos embarrados caminos... Aprendemos a diferenciar las distintas minorías étnicas, gracias a las indicaciones de nuestro guía y a las ropas que las diferencian. Así, sabemos que la mujer que veis a continuación pertenece a la etnia Giay porque viste la blusa típica, que en este caso es azul celeste y rosa pero que también podría ser de otros colores... Sin duda, las preciosas imágenes de este agradable paseo quedarán grabadas para siempre en mi retina.

Terminado nuestro trekking, volvemos a Sapa para comer. Por la tarde tenemos una experiencia que prefiero olvidar, para quedarme con los maravillosos recuerdos de la mañana. Nuestro guía nos lleva a la montaña de Ham Rong, que debemos ascender andando y recién comidos. Se trata de un jardín propiedad del gobierno, muy kitsch porque tiene incluso esculturas de Mickey Mouse. Vemos un espectáculo de danzas étnicas bastante patético y pedimos al guía que no traiga aquí a más turistas, pues preferimos lo natural a lo artificial. De este extraño y absurdo lugar son las dos últimas fotos que habéis visto: el jardinero bajando por las extrañas rocas y yo, exhausto al llegar al mirador sobre la ciudad de Sapa.

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21 Octubre 2011

Mercado multicolor y multiétnico (Sapa 1)

Llegamos a uno de los momentos cumbres de nuestro viaje a Vietnam, nunca mejor dicho, pues nos vamos hasta las montañas del norte del país, junto a la frontera con China. Viajamos en un tren nocturno desde Hanoi, compartiendo compartimento con una pareja española. El tren cargado de turistas llega por la mañana temprano a Lao Cai, la población más grande de esta zona. Allí nos espera nuestro guía que nos lleva a desayunar a un hotel junto a la estación, donde nos lavamos la cara y nos desperezamos para empezar la intensa jornada.

Subimos al coche que nos llevará a nuestro primer destino, el mercado de Bac Ha, uno de los más populares de la zona. Aquí son muchas las minorías étnicas y en este mercado tomamos el primer contacto con ellas. Se diferencian por la vestimenta y se denominan según el color preponderante. Así, aprendemos que la etnia más numerosa en este mercado son los hmong flor, cuyas mujeres visten con las telas multicolores que vais a ver a continuación, todas elaboradas de forma artesanal. Aún es temprano, pero el ambiente es increíble...

Las mujeres se dedican a vender y los hombres a beber, vemos que algunos ya van bastante beodos y (según nos cuenta el guía) son muchos los que acaban a cuatro patas a mediodía, cuando el mercado llega a su fin. Hay que tener en cuenta que este acontecimiento es semanal y para las etnias de las montañas es el único momento de socializar, conocer gente nueva o ver a los amigos de otras aldeas. Las familias aprovechan para comer arroz, incluso vemos que una de las etnias lo tiñe de morado, a juego con su vestimenta...

Entre tanto colorido, destacan los hmong negros, como el hombre y la mujer que habéis visto a la derecha en la foto anterior. Su vestimenta negra llama la atención, aunque las mujeres también llevan toques de color en sus elaboradas faldas. En este mercado se vende casi de todo, hay algunas tiendas para turistas, pero la mayoría son para que los lugareños se aprovisionen de todo lo que necesitan. También se venden animales, como búfalos y caballos, e incluso acuden algunos peluqueros para trabajar a lo grande en este día grande...

Recorremos una y otra vez los puestos de este mercado, montado con palos y lonas sobre el barro y la basura, sin dejarnos de sorprender por los personajes que nos rodean. Algunos son tan extraños como las ancianas que vais a ver a continuación. Cuando nos cansamos de dar vueltas abandonamos este increíble mercado y volvemos al coche, que nos lleva hasta el cercano río Chay, donde nos espera una barca para llevarnos río abajo. El paisaje es increíble, nos rodean verdes montañas con cascadas que vierten sus aguas al río.

Navegamos por el río que hace de frontera entre dos países: Vietnam a nuestra derecha y China a nuestra izquierda. El paisaje es espectacular, sobre todo al principio. Luego la garganta se va abriendo y el relieve se suaviza, entonces el barquero detiene la barca en la orilla y nos bajamos. De nuevo subimos al coche para que nos lleve a nuestro destino final, la aldea de Sapa, donde pasaremos la noche. Es mediodía, pero estamos agotados porque no hemos dormido demasiado bien en el tren, así que comemos y nos echamos la siesta.

La mañana ha sido tan larga que decidimos tomarnos la tarde de relax. Tras la siesta, damos una vuelta por el pueblo y hago la foto que acabáis de ver. Dos mujeres locales conversan y miran a las montañas que nos rodean por todas partes. Se puede decir que estamos en la capital de la sierra, la localidad donde acuden los turistas para explorar la zona. Mañana lo haremos nosotros, pero eso lo dejo para mi próximo reportaje. Por hoy prefiero parar aquí, descansar y dejaros descansar a vosotros, creo que ya está bien de emociones...

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8 Octubre 2011

La ciudad de los lagos (Hanoi 2)

Un año más, la actualidad me ha absorbido en su vorágine y me cuesta mucho publicar en el blog. No encuentro tiempo para concentrarme y retrotraerme a mi viaje del ya pasado verano, pero me esfuerzo por hacerlo porque vale la pena. Me sirve para evadirme de la alienante y deprimente realidad, y a la vez para revivir las sensaciones que comparto con vosotros. Hoy os traigo el segundo y último capítulo sobre la capital vietnamita.

En el centro de Hanoi, junto al barrio antiguo, se encuentra el lago de Hoan Kiem, que quiere decir "Espada Restituida". Cuenta la leyenda que un rey recibió una espada dorada de los dioses, para combatir a los enemigos. Tras vencerles, una tortuga gigante se llevó la espada al fondo del lago para devolverla a los dioses. Los vecinos frecuentan las orillas del lago, sobre todo al atardecer, cuando se convierten en un encantador entorno para pasear.

En el centro del lago hay una isla, donde se ubica el famoso Templo de la Montaña de Jade, uno de los más frecuentados por los habitantes de Hanoi. Se accede a la isla y al templo por el precioso puente de madera roja y estilo japonés que acabáis de ver. En el interior del templo llama la atención la gigantesca tortuga disecada que vais a ver a continuación, descendiente de aquella que se llevó la espada. Dicen que aún quedan tortugas gigantes en el lago, aunque hace años que nadie ha visto ninguna.

En el exterior del templo vemos a los ancianos jugando a las damas chinas, y es que los vietnamitas son tan aficionados a los juegos de todo tipo como los chinos. También vemos, a orillas del lago, un bello bonsái. No recuerdo si es el primero que vemos, pero sí que no será el último. La costumbre de cuidar estos árboles en miniatura está muy arraigada en Vietnam, aunque aquí los ejemplares me parecen de talla superior a los que vi en su día en Japón, no sé si estaréis de acuerdo conmigo.

Junto al lago que ocupa el privilegiado centro de la ciudad se encuentra el Teatro de Marionetas de Agua, una de las principales atracciones de Hanoi. No hay turista que abandone la capital vietnamita sin asistir a una de sus funciones, y nosotros no vamos a ser menos. Este teatro tradicional tiene su origen en el delta del Mekong y se inventó para distraer a la gente de esa zona que está inundada gran parte del año. No consigo hacer ninguna foto en condiciones, pero no me he resistido a mostraros una para que os hagáis una idea.

Como supongo que podéis intuir, las marionetas se mueven sobre el agua, manejadas por los artistas que se ocultan tras las persianas de caña que veis detrás. Estos artistas titiriteros trabajan sumergidos en el agua hasta la cintura, como si estuvieran en zona inundada. Junto al escenario, un conjunto de músicos tocan instrumentos tradicionales y cantan en tonos agudos, redondeando el precioso espectáculo. Al final, los turistas que llenamos el teatro aplaudimos con ganas, agradecidos tras ver algo tan auténtico.

Las dos imágenes que acabáis de ver son de una casa tradicional que visitamos en el barrio antiguo. Como la mayoría de las casas vietnamitas es estrecha y alargada, con varios patios interiores. Consta de dos alturas: abajo se sitúan los espacios públicos y arriba los privados, es decir, los dormitorios. Las maderas talladas de contraventanas, balaustradas, vigas, escaleras y muebles aportan calidez y elegancia. Un increíble contraste con la foto que vais a ver a continuación, que hago en un lugar cercano.

Os habrá llamado la atención este retrete, perteneciente a un garito moderno que descubrimos por casualidad. Pero probablemente no habéis reparado en que lo que se ve a la izquierda de la foto es un urinario decorado con una pantalla de vídeo. Si sois hombres os podéis imaginar meando directamente sobre la cara de vuestro cantante favorito... Y para terminar con los contrastes del centro de la capital vietnamita, a continuación podéis ver la Catedral de Notre Dame (no de París, sino de Hanoi). Ya os dije que aquí estuvieron los franceses...

Estamos cansados de callejear por el barrio antiguo y su continuo mercadillo, por lo que decidimos visitar un Hanoi diferente. He descubierto en internet un nuevo y moderno museo, recién construido e inaugurado, que se llama precisamente Museo de Hanoi y está dedicado al arte contemporáneo. Una mañana cogemos un taxi para que nos lleve hasta este museo, situado a las afueras de la ciudad, en una zona de nueva construcción destinada a ser el futuro centro económico y financiero de la capital.

El museo es un edificio moderno y atrevido, con forma de pirámide escalonada invertida. Nos tenemos que conformar con verlo por fuera porque es lunes y está cerrado al público, siempre pasa lo mismo, ya conocéis la "ley de Murphy"... Delante del museo, de nuevo una colección de grandes bonsáis; a la izquierda un lago y el nuevo Palacio de Congresos que me recuerda al de la Expo de Zaragoza. Y a la derecha un gigantesco rascacielos rodeado de otros en construcción, en medio de un páramo baldío.

Está claro que los vietnamitas quieren emular a los chinos, pero las obras aquí son mucho más lentas que en el Gigante Asiático. A esta zona le queda mucho para ser habitable, y nos las vemos y nos las deseamos para encontrar un taxi que nos saque de aquí. Finalmente lo conseguimos y nos dirigimos a otra zona característica de la capital, donde se encuentran varios monumentos. El primero que vemos es el Museo de Ho Chi Minh, aunque sólo de lejos, con aspecto de polideportivo comunista.

La curiosa construcción que acabáis de ver, situada junto al museo anterior, es la Pagoda de pilar único, uno de los monumentos más emblemáticos de Hanoi. Supongo que esperaba algo más especial, tal vez porque tengo las expectativas muy altas, pero el caso es que este pequeño edificio me decepciona un poco. Veo la escalera demasiado gruesa y pesada para tan grácil estructura, aunque en el fondo el conjunto tiene un aire agradable que transmite paz y tranquilidad, algo que se agradece en esta ajetreada ciudad.

Caminamos hacia el norte por una ancha y recta avenida, bajo un sol de justicia, y pasamos ante el imponente Mausoleo de Ho Chi Minh, que tampoco visitamos por falta de interés personal. Pasamos también ante el Palacio Presidencial, rodeado de fuertes medidas de seguridad. Dejamos a la derecha la historiada puerta de un templo y nos damos de bruces, por fin, con el gigantesco Lago del Oeste o Ho Tay, el mayor de la ciudad. Impresiona encontrar esta gran extensión de aguas tranquilas, donde se reflejan los edificios lejanos.

Caminamos junto a la carretera que circula por una estrecha franja de tierra que divide el lago y deja uno más pequeño a la derecha. A nuestra izquierda se alza la esbelta Pagoda de Tran Quoc, que acabáis de ver reflejada en las sucias aguas del lago. Se encuentra sobre una pequeña isla a la que se accede por otra franja de tierra aún más estrecha, cubierta de palmeras de esbelto porte, duplicado por el mágico efecto del agua. La pagoda está cerrada por obras, así que de nuevo nos conformamos con ver lo que habéis visto.

Con estas dos bellas y apacibles imágenes nos despedimos de los lagos de Hanoi. Dejamos atrás a los muchos pescadores que esperan pacientes en sus orillas, los estrechos edificios de distintas alturas reflejados en sus tranquilas aguas, como en un cuadro... He comenzado esta crónica en un lago y la he terminado en otro, son los más conocidos de Hanoi, pero hay más. Nos sumergimos de nuevo en la vorágine del barrio antiguo antes de decir adiós definitivamente a la capital de este país que vamos a conocer.

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Sobre mí

Ciudadano del mundo, aventurero y viajero incansable. Idealista, inconformista y rebelde sin pausa. Puro Aries: impulsivo, independiente y sincero. Desde marzo de 2007 vuelco aquí mis opiniones, experiencias y sueños.

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