Kyoto: templos, jardines, palacios y geishas
En plena depresión posvacacional, os sigo enseñando fotos de mi viaje a Japón. Paso directamente de la primera etapa (Tokyo) a la última (Kyoto) porque quiero acentuar el contraste entre estas dos ciudades, tan opuestas como sus propios nombres. En principio la ciudad de Kyoto, que fue capital de Japón hasta 1868, resulta fea. Carece de la grandiosidad y modernidad de Tokyo; de hecho su único edificio moderno destacable es la espectacular estación:

En realidad nadie espera encontrar edificios modernos en Kyoto, sino antiguos. Para ello lo mejor es salir a las afueras, pues hay miles de templos diseminados por las faldas de las montañas que rodean la ciudad. A continuación podéis contemplar algunos de ellos (lo siento, pero soy incapaz de recordar sus nombres):



El interior de estos edificios también es impresionante, porque algunos eran palacios en un principio y después fueron transformados en templos. Parece que lo de acaparar riquezas es una costumbre común a todas las religiones... Aquí tenéis un ejemplo de la típica decoración nipona:

Y una pagoda de cinco pisos, de las más altas del país, en el recinto de uno de los templos:

El entorno donde se sitúan todos estos templos es maravilloso: montañas y lagos donde los habitantes de la ciudad van a divertirse los fines de semana...

Además, todos los templos tienen fantásticos jardines y, como esto me lo sé (estaba muy bien explicado en la guía) os lo voy a enseñar con ejemplos. Resulta que hay cuatro tipos de jardines japoneses. En primer lugar, el jardín de paisaje, que se integra perfectamente en la naturaleza que lo rodea:

En segundo lugar tenemos el jardín de paseo, con sus caminos, faroles, cascadas, puentes...

En tercer lugar está el jardín de té, que se organiza en torno a una casa de té que se sitúa en el centro:

Y, por último, el jardín zen. El que veis a continuación es el más famoso de Japón y fue construido por un jardinero anónimo en el siglo XVI. Está formado por quince piedras en cinco grupos sobre una explanada de grava rastrillada. Lo rodea un muro por tres de sus lados, para que la vegetación del exterior no interfiera. En el cuarto lado se sitúa una galería del templo, donde la multitud se sienta a contemplarlo y a interpretarlo. Yo, personalmente, no creo que sea necesario encontrar sentido a todo...

En el centro de la ciudad de Kyoto hay, además de otros muchos templos perdidos entre sus calles y avenidas, dos imponentes palacios. El primero es el Palacio Imperial, que no se visita porque aún se utiliza para ceremonias cuando lo requiere la ocasión. Sí está abierto su enorme jardín, convertido en el principal parque público de la ciudad:

El otro es el Palacio de Nijo, que sí se visita y realmente merece la pena, porque su interior es imponente. Estaba prohibido hacer fotos, así que sólo os puedo mostrar imágenes del exterior:


Y, cómo no, de su jardín:

La movida nocturna de Kyoto gira en torno al abigarrado pasaje de Pontocho, un largo y estrecho callejón repleto de restaurantes y bares, rodeado de otros callejones aún más estrechos:

Cruzando el río entramos en Gion, el barrio de las geishas. La noche es el reino de estas mujeres que -lo digo por si no lo tenéis claro- no tienen nada que ver con las prostitutas. Pude ver a una de ellas pero no conseguí fotografiarla; caminaba deprisa, furtiva, semioculta en la oscuridad... Creo que estas dos fotos del barrio donde viven y trabajan las geishas están impregnadas de su elegancia y discreción. Con ellas cierro este capítulo.









Maria Teresa dijo
Genial, me encanta. Gracias por compartir tu viaje con tus fans.
Besos.
14 Septiembre 2007 | 12:00 PM