Moverse por Japón
Ante la insistencia de varias de mis fans, tengo que hablaros de nuevo de Japón y de mi aún reciente viaje. En esta ocasión voy a contaros algunas curiosidades y a daros algunos consejos, por si os decidís a visitar algún día este interesante país. Como siempre, ilustraré el reportaje con fotos de mi viaje.
Para conocer bien Japón y moverse de una ciudad a otra, lo mejor es sacarse el Japan Rail Pass, que te permite coger todos los trenes que quieras durante un periodo determinado (creo que hay de 7, 14 y 21 días). Lo puedes reservar desde aquí y canjearlo al llegar al aeropuerto de Tokyo-Narita, de modo que lo puedes utilizar para llegar hasta la capital (los billetes de tren sueltos resultan muy caros). Mientras no pierdas la tarjeta (perderías todos los derechos) puedes viajar en todo tipo de trenes: desde los locales hasta los Shinkasen o trenes bala, pasando por los rápidos como este:

Dentro de las ciudades, lo mejor para moverse es el metro. Al principio acojona, pero rápidamente lo controlas si estás acostumbrado a viajar en metro. Afortunadamente los nombres de las estaciones y los de las líneas (que también tienen nombres en vez de números) están escritos en nuestro alfabeto, además de en uno o dos japoneses (hay varios). Si te manejas en el metro de Madrid no tendrás ningún problema en hacerlo en los de Tokyo, Nagoya y Kyoto (los tres que conocí en Japón). Sólo debes evitar las horas puntas y supongo que yo lo hice, porque la verdad es que no vi aglomeraciones mayores que las que se ven a diario en el metro madrileño. En el interior del vagón te sorprende ver que la mayoría de la gente va dormida, incluso los que van de pie, y es que las jornadas laborales niponas son brutales y los trabajadores arrastran el agotamiento durante toda la semana.
En cuanto sales a la calle empiezas a ver diferencias entre las ciudades japonesas y las españolas. La primera es que no hay coches aparcados en las calles como estamos acostumbrados a ver en todas las ciudades que conocemos. En Japón, si no tienes una plaza de aparcamiento, no te permiten comprarte un coche. Abundan los aparcamientos de varias plantas, pero no como los que hay aquí sino como este:

Otra cosa que te sorprende al caminar por las calles es la gran cantidad de postes y cables que las sobrevuelan; parece que todo va por el aire en lugar de enterrado como aquí y la verdad es que no resulta muy estético. Pero lo que sí choca de verdad es que los edificios nunca están pegados como aquí; incluso los que están juntos están separados por un espacio, aunque sea mínimo. Yo ya había leído sobre esto antes de llegar a Japón: se hace por los frecuentes terremotos que azotan el país. Así se evita que las vibraciones se transmitan de un edificio a otro (o sea, que si se cae una casa no tiene porqué caerse la de al lado). Pude comprobar in situ que es cierto, y el efecto es tan extraño como podéis ver a continuación:

Lo más difícil en las ciudades niponas es encontrar una dirección, y es que por increíble que parezca las calles no tienen nombres ni números. Para nuestra mente occidental esto no tiene pies ni cabeza, pero os lo intentaré explicar: una dirección de Madrid "a la japonesa" sería del tipo distrito Chamberí - barrio Vallehermoso - manzana 5 - casa 8. O sea, para volverse loco... Nosotros, para encontrar la dirección del hotel al llegar a una ciudad teníamos que preguntar por la calle a alguien que hablara inglés (no creáis que todos los japoneses lo hacen) y enseñarle la dirección y el teléfono. Normalmente, lo que hacía el amable lugareño era llamar con su móvil al hotel para preguntar cómo llegar, y luego nos lo explicaba a nosotros.
Debido al clima húmedo y caluroso de Japón en verano, en cuanto llevas cinco minutos andando por las calles vas chorreando. Os juro que esto es literal: los chorros de sudor te caen desde la cabeza a los pies, sobre todo en las ciudades de la costa sur como Tokyo o Nagoya. Si vas de turista pasas gran parte del día pateando, así que es inevitable sudar como un pollo. Como curiosidad, aquí podéis ver una especie de duchas situadas en una céntrica avenida de Tokyo, supongo que con la intención de paliar el sofoco de los viandantes:

Una costumbre muy extendida entre los nipones, para combatir el calor y la humedad, es llevar encima (sobre los hombros o incluso la cabeza) una toallita con la que cada rato se secan el sudor de la frente o de cualquier parte del cuerpo. Esto se ve tanto entre los campesinos de los pueblos como entre los ejecutivos de las ciudades. Estos hombres de negro uniformados con su traje y su maletín son los que predominan en cualquier rincón urbano: en el metro, en los bares o en la calle. Sólo algunas mujeres dan un poco más de color y glamour a la fauna urbana, como podéis apreciar en esta foto tomada en el lujoso barrio tokyota de Ginza:

También algunos jóvenes escapan de la dictadura del traje negro y es que, antes de empezar a trabajar, pueden dar rienda suelta a su imaginación durante unos años. La sociedad japonesa es muy tradicional y cualquiera que no siga las normas establecidas es considerado un marginado social. Los jóvenes pueden jugar durante un tiempo y disfrazarse de personajes imposibles, antes de "pasar por el aro" y ponerse a trabajar en una empresa de por vida (aunque esto también está en desuso), o sea, de entrar a formar parte de la sociedad como una pieza más del engranaje. Son famosas las "pintas" tipo manga que lucen algunos jóvenes nipones, desde las lolitas góticas hasta las pink ladies, pasando por el típico look colegial de esta pandilla juvenil de Nagoya:

A la hora de comer, no esperéis encontrar muchos puestos de comida callejera como en otros países asiáticos, aunque los hay en algunaz zonas. A continuación veréis un puesto junto al mercado central de Kanazawa, donde compramos unos curiosos buñuelos rellenos de calamares a esta mujer:

Tampoco esperéis encontrar muchos restaurantes "a pie de calle", porque la mayoría están en sótanos o en pisos. Lo mejor es fijarse en los escaparates y guiarse por las fotos o los platos con comida de plástico (increíble pero cierto) en los que figure el precio (si no lo pone, mejor no arriesgarse). Luego te fijas en el piso (si, por ejemplo, pone 3F es que el restaurante está en la tercera planta) y subes en el ascensor. A veces te llevas una sorpresa, pero normalmente es agradable y los precios son más asequibles que aquí, en Madrid. Por supuesto, hay restaurantes de todo tipo, desde los prohibitivos, que se caracterizan por un toldo blanco con letras japonesas negras (como no entendíamos nada no nos vimos tentados a entrar, afortunadamente) hasta los de menú económico. Los hay especializados en pasta soba, en yakitori y, por supuesto, en sushi. Si os gusta esta delicia nipona (a mí me encanta) debéis probar un auténtico sushi bar. Escoges de una extensa y variada carta las piezas que deseas y el sushi man las prepara delante de ti con sus propias manos, como veis aquí:

Para alojarse la oferta también es amplia y variada: desde los económicos hoteles-cápsula (me quedé con ganas de pernoctar en uno de ellos, creo que sería una interesante experiencia) hasta los establecimientos de lujo, pasando por los de negocios que suponen una alternativa aceptable y asequible. Pero si queréis conocer el Japón tradicional tenéis que alojaros al menos un par de noches en un ryokan. Nosotros estuvimos en uno en Takayama (una preciosa población situada enmedio de los Alpes Japoneses) y la experiencia fue maravillosa. Un ryokan es un hotel tradicional japonés, donde duermes en un futón sobre un suelo de tatami por el que hay que andar descalzo. Dispones de baños tradicionales japoneses, con jacuzzi, de madera. Y lo mejor: te sirven la cena a la manera tradicional en la habitación. Luego me he enterado de que en algunos ryokan no es así, depende de la categoría, pero nosotros teníamos incluidos la cena y el desayuno. El desayuno se servía en el comedor, pero como os decía la cena nos la traían a la habitación... ¡Y no veáis qué cena!

Aunque os parezca increíble, esta es la cena individual, o sea para una persona (como éramos dos, teníamos dos bandejas como esta). El chico del ryokan que hablaba inglés nos explicaba cómo teníamos que comer cada plato (la carne cruda que hay a la izquierda había que cocerla un poco en el hornillo de madera, luego tomarla con una salsa determinada...). Como veis, la mesa es un festival para los sentidos, y es que la gastronomía tradicional japonesa presta tanta atención a los colores y las texturas como a los sabores. Cuando acabábamos de cenar (increíblemente conseguíamos dejar todos los platos vacíos) llamábamos por teléfono a recepción para avisar. Entonces venían unas mujeres, recogían la mesa, la apartaban a un lado, sacaban los futones del armario y nos hacían las camas:

Como podéis ver, el ambiente que se respira es el puro Japón tradicional, como trasladarse a otra época. La paz y la tranquilidad nos envolvieron durante el día y las dos noches que pasamos en el ryokan de Takayama. La estancia nos ayudó a comprender mejor este país y esta curiosa sociedad, pero tambiéna reponernos y a coger fuerzas para seguir nuestro viaje. Y para cerrar este viaje particular voy a poner una foto mía, aunque sabéis que no me gusta. Lo hago para que podáis ver los detalles de la habitación del ryokan: las puertas correderas de madera y delicado papel de arroz y el suelo de tatami (bueno, y también para que luego no me digáis que nunca salgo en las fotos). Así que aquí me tenéis vestido de japonés, aunque no con la yukata que llevábamos siempre dentro del ryokan, sino con un traje tradicional que compré en una mercería local.









mis-cosicas dijo
Muy interesante, espero proximos capitulos ansioso.
Un saludo
11 Noviembre 2007 | 11:05 PM