Hace una semana murió un joven apuñalado en el Metro de Madrid. Se llamaba Carlos y tenía sólo 16 años. Se dirigía con sus amigos a "reventar" una manifestación racista contra la inmigración. En la estación de Legazpi se encontraron con un grupo de neonazis que iban a participar en esa manifestación y las dos bandas se enzarzaron en una violenta pelea. Se saldó con la muerte de Carlos a causa de los navajazos que le propinó un soldado ultra. No defiendo a ninguna de las dos bandas porque creo que la violencia es mala, venga de donde venga. Es muy triste que haya jóvenes cuya única diversión consista en buscar pelea. Pero me dan más miedo los grupos de ultraderecha, pienso que son mucho más peligrosos, sobre todo por dos motivos.

En primer lugar, por su ideología neonazi: odian y se enfrentan a cualquiera que sea diferente a ellos, o sea "putos negros, rojos de mierda, moros, sudacas o maricones" (hablando en su idioma). Cada día hay agresiones xenófobas, racistas y homófobas en las calles de cualquier ciudad española, aunque sólo trascienden las que acaban trágicamente. Hace poco todos pudimos ver unas imágenes captadas por las cámaras del Metro de Barcelona. Un joven se levantaba de su asiento y la emprendía a patadas y puñetazos contra una joven ecuatoriana. El asunto trajo cola porque las imágenes eran muy fuertes, pero el agresor ya está libre a pesar de haber sido identificado y capturado en su día. Se habló mucho del famoso vídeo e incluso se culpó a un pasajero que lo vio todo y no actuó... ¿Qué hubierais hecho vosotros? Yo supongo que la mayoría haría como él, tal vez por quedar paralizado, presa del pánico, o tal vez porque estamos acostumbrados a mirar para otro lado y no meternos en nada. Personalmente, creo que yo hubiera hecho o dicho algo porque no soporto las injusticias, así que probablemente habría acabado agredido yo también...

En segundo lugar, me dan más miedo las bandas neonazis porque están muy bien organizadas, al estilo paramilitar. Hay un día de mi vida que recuerdo como si fuera ayer, aunque lo que os voy a contar sucedió hace casi veinte años. Yo volvía de la facultad, me bajé en Moncloa del autobús y me estaba meando, así que entré en la Cafetería Galaxia para ir al baño. Bajé las escaleras y pasé junto a un salón donde había un grupo de hombres reunidos, a los que no presté mayor atención. Entré en el baño y, mientras meaba, no pude evitar oír lo que hablaban aquellos hombres en el salón contiguo. No recuerdo las palabras con exactitud, supongo que las he borrado inconscientemente de mi memoria, pero sí recuerdo exactamente lo que sentí. Un escalofrío sacudió mi cuerpo y me dejó helado, sin poder moverme. Sentía pánico a salir de allí, pensando que aquellos hombres me harían algo al saber que había escuchado sus planes. Luego me enteré de que en aquel lugar se reunían grupos de ultraderecha (entonces aún no se les llamaba neonazis) para planificar sus actos y agresiones.

Pasado mañana es 20 de noviembre, una fecha clave para los militantes de la extrema derecha. Madrid está tomado desde ayer por los antidisturbios, en previsión de enfrentamientos entre bandas de ideologías opuestas. Aunque algunas manifestaciones no han sido autorizadas, hay varias que sí se han celebrado o se celebrarán desde ayer hasta el martes. No entiendo por qué se han autorizado estas manifestaciones que pretenden ensalzar el fascismo y atacar la inmigración; al fin y al cabo buscar la provocación, la violencia y el enfrentamiento. Por ejemplo, la que se celebra en la Plaza de Oriente (donde se reunían antaño los seguidores de Franco... ¿hasta cuándo?) o la marcha hasta el Valle de los Caídos (¿no se iba a despojar a este monumento de su simbología franquista, según la Ley de Memoria Histórica?). En fin, hay que desear que no se produzcan incidentes graves ni muertes, pero miedo me da.

Afortunadamente, los grupos violentos son una minoría dentro de la sociedad española,pero el problema está en el caldo de cultivo ideológico. Hay mucha gente que no agrede físicamente a los inmigrantes o a los homosexuales, pero los comentarios racistas y homófobos están a la orden del día: los puedes oír en la oficina, en el mercado o en el autobús. Esa gente, aunque no parece violenta ni lleva armas es igual de peligrosa, porque está justificando y apoyando con su silencio a los agresores. Esto tiene difícil solución porque sólo se conseguiría mejorar con la educación y hay generaciones que ya no aprenden ni cambian. Tal vez en un futuro, con asignaturas como Educación para la Ciudadanía, que fomenten la igualdad entre las personas, esto cambie. Mientras tanto, lo único que se puede hacer es cortar la violencia de raíz.