Impacto ambiental
Los regidores del Partido Popular en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid se han vuelto a enzarzar en una de sus habituales disputas. ¿Cuándo podremos tener los madrileños unos gobernantes que se preocupen por nosotros y no por su gloria personal? El motivo de esta última pelea es el Eje Prado-Recoletos, un asunto que viene de lejos y que aún traerá cola... Por si no conocéis los detalles del tema, os pondré en antecedentes. El alcalde Gallardón anunció hace unos años su proyecto personal (uno más) de transformar el Paseo del Prado y el de Recoletos, que con su prolongación (el Paseo de la Castellana) constituyen la principal arteria de la capital de España. Del conjunto, una ancha y larga avenida que atraviesa la ciudad de Norte a Sur, los paseos a reformar son los más antiguos, se sitúan junto al centro histórico y están flanqueados por los museos más famosos de Madrid. Hace dos siglos paseaba por este lugar, entonces rodeado de palacios, lo mejor de la sociedad madrileña. El panorama ha cambiado bastante desde entonces y hoy sobre todo transitan turistas por el Paseo, en su peregrinación de uno a otro museo. Los turistas deben sortear el intenso tráfico, los vendedores de recuerdos, los bolardos, las vallas y los chirimbolos de todo pelaje que se han ido acumulando por las esquinas mientras los jardines han perdido su esplendor.
Para poner orden en este desbarajuste y llevar a cabo su nuevo proyecto personal, el alcalde Faraón (digo, Gallardón) convocó un concurso internacional de ideas hace unos años. Lo ganó el prestigioso arquitecto y urbanista portugués Álvaro Siza con un proyecto denominado Trajineros. Este proyecto se topó de inmediato con la oposición frontal de la Baronesa Thyssen, que vio cómo se pretendía hacer pasar todo el tráfico del Paseo por delante de su Museo. De aquello nos quedan las memorables imágenes de Tita encadenada a un árbol, rodeada de medios de comunicación y gritando "no a la tala". El alcalde, que es muy orgulloso, no quiso ceder al principio, pero tuvo que hacerlo cuando la Baronesa amenazó con llevarse su colección de cuadros fuera de Madrid. Así que ordenó al autor del proyecto que hiciera las modificaciones oportunas, y luego más, hasta que Tita quedó satisfecha. Consiguió que se ampliara la acera frente a su museo y que se respetaran todos los árboles existentes (algunos centenarios), resultando mucho más ecologista que la concejala de Medio Ambiente Ana Botella (por cierto, ¿sigue siéndolo? y ¿dónde está?).
Todos contentos, el alcalde anuncia ahora que pone en marcha su nuevo proyecto faraónico, pero se había olvidado de su eterna contrincante Esperanza Aguirre. La Espe, que no desaprovecha ni una oportunidad para enfrentarse al alcalde, le amenaza con pedir una declaración de impacto ambiental. Tiene guasa la cosa, cuando ella es la primera que se la salta a la torera en la obra de la "carretera de los pantanos". Conozco esta carretera al dedillo (la M-501) porque la utilizo para ir a La Adrada y he visto con mis propios ojos la barbaridad que está haciendo. Con la excusa de reducir los accidentes que se producen en esta vía la convierte en autovía, pero mientras está en obras es mucho más peligrosa que antes: llena de curvas y cambios de rasante mal señalizados, se convierte en una trampa mortal. Eso por no hablar de las quejas de los ecologistas por los centenares de encinas centenarias taladas, pero a ella le da igual. Esperanza Aguirre está por encima del bien y del mal, no hace caso ni a las recomendaciones ni a las denuncias interpuestas por la Unión Europea. Ella es como "la terremoto" y no atiende a nadie, así que ahora anuncia que va a hacer un túnel de diez kilómetros bajo el Monte de El Pardo para cerrar la M-50. Como el Ministerio de Fomento no tenía intención de cerrar este anillo de circunvalación, que es de su competencia, la Espe lo hace suyo, le cambia el nombre al tramo por M-61 y manos a la obra, por supuesto sin informe de impacto ambiental.
Mientras tanto, el alcalde sigue con su enfermiza y peligrosa tendencia a acumular obras molestas y dejarlas a medias, así que dice que empezará la reforma del Paseo del Prado por donde pueda, o sea, donde no se pueda meter la Espe. Parece que ya se ha olvidado de su obra faraónica anterior, la de la M-30, que ha dejado empantanda y sin terminar. Acabó los túneles para los coches, así que habrá pensado que los parques para los peatones pueden esperar. O tal vez espera recaudar suficiente dinero para construirlos con los radares que hoy han comenzado a funcionar en los túneles. Los radares de la Calle 30, que es el nombre que puso a su proyecto (no entiendo por qué, todos sabemos que la M-30 es una autovía o un túnel, pero no una calle) multarán a miles de conductores cada día, así que las arcas del Ayuntamiento volverán a estar boyantes para el derroche. Espero que no me caigan muchas multas a mí, que recorro estos túneles a diario, igual que tuve que recorrer la autovía durante los dos años que duraron las obras. Aquello sí que era dantesco, como un rally, una aventura diferente cada día que nunca sabías cómo iba a acabar: los baches, socavones, curvas peligrosas y cambios de rasante, entradas y salidas de camiones por doquier, ponían a prueba los nervios de todos los sufridos conductores. Pero Gallardón tampoco se dignó entonces a hacer un estudio de impacto ambiental de las obras, ni siquiera cuando vinieron los enviados de la Unión Europea y se quedaron estupefactos con el espectáculo mientras preguntaban dónde diablos estaba el río. Por supuesto, le cayó la multa, pero al alcalde le da igual porque sabe que la pagamos entre todos los madrileños.
Se pueden hacer obras siempre que sean necesarias, pero si se pueden hacer bien ¿por qué hay que hacerlas mal? Creo que los madrileños nos merecemos un respeto, que bastantes calamidades tenemos que sufrir a diario como para que nuestros gobernantes nos pongan más obstáculos. Creo que es bueno reformar el Eje Prado-Recoletos para embellecerlo y hacerlo más atractivo, armónico y agradable. Para devolverle su antiguo esplendor mejorando los pavimentos y los jardines, armonizando las farolas y el mobiliario urbano. Pero no creo que sea necesario levantarlo entero y molestar a los madrileños y a los turistas una vez más. Me parece bien reducir el tráfico, pero hay que buscarle una alternativa... ¿De verdad se cree nuestro alcalde que van a desaparecer de un plumazo los miles de coches que ahora transitan por esta vía? ¿Y dónde se van a meter? Gallardón se niega a hacer un túnel, qué raro... ¿dónde está su afán taladrador? ¿Es que ya tiene pensado algún nuevo destino para sus tuneladoras? Por lo menos al final se ha incluido un carril-bici en el proyecto, para callar a los ecologistas, pero a mí no me parece suficiente. ¿Por qué se niega a que el tranvía vuelva a las calles de Madrid? El transporte público menos contaminante está en auge en toda Europa y el eje de la Castellana es perfecto para hacer una línea de Norte a Sur de Madrid, ya que tiene un carril separado del tráfico en ambos sentidos. Son muchas las preguntas que se agolpan en mi mente, pero terminaré con esta: ¿por qué han quitado la fuente-cascada de la Plaza de Colón? Esta cascada que cubría el Centro Cultural de la Villa (ahora llamado Teatro Fernán Gómez), un icono de Madrid que era único en el mundo y admirado por todos nuestros visitantes, ha sido sustituido por una horrorosa mampara de metacrilato oscura. No sé si existirá alguna oscura razón, pero yo no lo entiendo; me parece una falta de respeto brutal por el patrimonio y una patada de gran impacto ambiental.





jecevi dijo
Buen post y felicidades por tu blog
http://www.lacoctelera.com/jecevi
31 Marzo 2008 | 10:37 PM