Zurück in Berlin
El pasado domingo no pude ver, en directo y por la tele como todo el mundo, la victoria de la selección española de fútbol frente a la alemana en la final de la Eurocopa. Cuando se jugó el partido yo estaba en un avión, volando precisamente desde Berlín hasta Madrid. Sólo se nos transmitió por megafonía a los pasajeros el gol de la victoria, así que todos nos quedamos con ganas de más. Al menos tuvimos la suerte de vivir las horas previas al partido en la capital alemana -con abundancia de cerveza, camisetas blancas y banderas (algunas de ellas españolas)- y las posteriores a la victoria en Madrid, donde tuvo lugar la gran fiesta de las camisetas (rojas) mojadas (en las fuentes). Entre medias, durante las tres horas de vuelo incluidos los noventa minutos de partido, sólo un inmenso vacío, o mejor dicho: aire.
Hace once años viví durante dos meses en Berlín y aquella estancia me marcó para siempre. Desde entonces siempre he considerado la capital alemana mi segunda ciudad, porque es la única en la que he vivido como adulto independiente aparte de Madrid. Vivir en Berlín me ayudó a encontrarme a mí mismo y a forjar esa forma de ser de la que estoy tan orgulloso. Me atrapó la vida de esa ciudad y me costó despegarme de ella para volver a la mía. Aunque sólo fueron dos meses, creo que fueron muy intensos, al menos así los recuerdo. No había vuelto a Berlín desde entonces y el pasado fin de semana lo hice, por fin, aunque sólo para una visita fugaz. Sabía que en dos días no podría profundizar en la ciudad tanto como lo hice en dos meses, pero estaba deseoso de volver a tomarle el pulso. Quería ver cómo le habían sentado los profundos cambios que ha sufrido en los últimos años.
Cuando dejé Berlín hace once años empezaba su enorme transformación. La herida abierta que había quedado en el centro de la ciudad tras la caída del muro se preparaba para la sutura. El Reichstag (foto 1) estaba en obras y a su alrededor se agitaba un inmenso mar de grúas. Ahora he vuelto a aquel lugar y me he encontrado con una nueva ciudad que no reconozco. Allí han crecido modernos edificios y brillantes rascacielos, firmados por arquitectos de moda, que igual podrían estar en Tokyo o en cualquier otra ciudad. Tanto la Potsdamer Platz (foto 2), al sur del recuperado Parlamento, como el nuevo barrio del Gobierno (foto 3) y la nueva Estación Central (foto 4) al norte, son bellos ejemplos de arquitectura actual y monumental, pero para mí carecen de personalidad. Son demasiados edificios recientes juntos, sin historia, en el centro de una ciudad cuya esencia es precisamente su historia.



Afortunadamente, también me he reencontrado con el Berlín que me fascinó hace años. El de los barrios y rincones únicos con ese aire tan alternativo, tan radical, tan berlinés... Lugares como el Tacheles (foto 5), que increíblemente se ha salvado de la reforma que ha terminado con casi todos los rincones auténticos del barrio de Mitte. Símbolos tan únicos como el Muro (foto 6), del que milagrosamente se ha conservado un tramo de un kilómetro junto al río Spree, en el barrio de Friedrichshain. Mercadillos callejeros tan abigarrados y populares como el que visitamos el domingo en la Strasse des 17 Juni (foto 7). Y, por supuesto, vistas clásicas como la que se obtiene desde la Isla de los Museos (foto 8), con la mole de la Catedral en primer plano y al fondo la Fernseheturm, que se divisa prácticamente desde todos los rincones de la ciudad.



La mejor manera de recorrer Berlín en poco tiempo es hacerlo en bicicleta y os lo digo con conocimiento de causa. La ciudad es llana y perfecta para pedalear, con grandes avenidas provistas de carril-bici. Yo había montado en bici alguna vez cuando vivía en Berlín, pero nunca lo había hecho con tanta intensidad como ahora. Alquilamos las bicicletas el sábado por la mañana y las devolvimos el domingo por la tarde, después de rodar por toda la ciudad: de Norte a Sur y (por supuesto) de Este a Oeste. Como teníamos que devolver las bicis en domingo tuvimos que alquilarlas en Alexanderplatz, en una tienda de chinos que son los únicos que abren en festivo (los alemanes no trabajan tanto como creemos ni tanto como nosotros). La experiencia fue maravillosa y totalmente recomendable, tal vez os cuente más detalles...





álvaro ortiz dijo
nunca he estado en berlín, tengo una visita pendiente... con posts como estos me entran más ganas! :)
2 Julio 2008 | 09:31 AM