Vergüenza
Recientemente fue aprobada por la Unión Europea la Directiva de Retorno, conocida ya en todo el mundo como "directiva de la vergüenza". Es un nombre apropiado porque este es el sentimiento que produce, sobre todo en los países de América Latina. En aquellos países que antes recibían a los españoles con las manos abiertas y hoy envían a sus hijos a la Madre Patria dejando familias rotas. Durante los años de bonanza se ha hecho la "vista gorda" pero todo cambia cuando llega la crisis (sí, Zapatero, crisis). Ya transcribí aquí una frase que dijo hace años Jodie Foster: "cuando hay crisis todos nos volvemos racistas" y el tiempo le ha dado la razón.
Es una vergüenza que el gobierno socialista español haya apoyado una directiva que persigue y encierra a los inmigrantes ilegales durante hasta 18 meses antes de devolverles a su lugar de origen, que dificulta el reagrupamiento familiar o que permite la expulsión de menores africanos a terceros países que ni siquiera conocen. En una Unión Europea dominada por la derecha de Berlusconi, Merkel y Sarkozy, al menos hay que agradecer que España haya impuesto algunas condiciones en el acuerdo final sobre inmigración. Entre otras, no se obligará a los inmigrantes a firmar ningún contrato ni a aprender el idioma como quería el presidente francés.
Los progresistas sentimos vergüenza al ver cómo se pretende criminalizar a los inmigrantes ilegales ahora que no hay trabajo, después de habernos aprovechado de ellos durante tanto tiempo. Ahora que hay problemas económicos les culpamos de todos los males y queremos que se vayan para que no nos quiten el pan. Desde el gobierno nos dicen que para quienes tienen papeles, residencia y trabajo no hay nada que temer, pero ahora que esos bienes escasean muchos inmigrantes se plantean volver a sus países de origen. Los socialistas prometen ayudar a todos los que tomen esta decisión, a la vez que piden el derecho al voto para los que se queden y estén integrados en nuestra sociedad.
Más vergüenza siento al ver las imágenes de lo que ha pasado esta última semana. A las costas del Sur de España han llegado varios cayucos cargados de muertos: hombres, mujeres, niños y bebés. Viendo el drama de estas personas me pregunto si en África no se han enterado de los derroteros que está tomando Europa, o si a pesar de saberlo les da lo mismo porque en sus países están peor. Cómo estarán de mal si deciden poner en peligro de muerte sus vidas y las de sus hijos recién nacidos. De qué sirve blindar Europa con murallas y leyes si siguen llegando a nuestras costas miles de africanos que se juegan la vida para nada. De qué sirve encerrarlos o devolverlos a sus países o a otros, si van a seguir intentando venir.
La vergüenza que siento es tan grande como el egoísmo de Europa, que prefiere seguir mirándose el ombligo y preocupándose de sus pequeños problemas, en lugar de mirar al otro lado del Mar Mediterráneo. Al otro lado de ese mar cada día más lleno de cadáveres es donde están los verdaderos problemas y mejor haríamos en intentar solucionarlos. En lugar de poner barreras de todo tipo para impedir que vengan los africanos, deberíamos mejorar las condiciones infrahumanas de ese continente para que sus habitantes puedan quedarse a vivir allí. Deberíamos invertir en el desarrollo de aquellos países o al menos en explicar a los africanos los problemas que van a encontrar, pero es impensable dedicar recursos a estos asuntos ahora que estamos en crisis (sí, crisis, Zapatero).




Gema dijo
En estos días ha tenido lugar la cumbre anual del G8 en la isla japonesa de Hokkaido, al final más de lo mismo, los líderes allí reunidos tuvieron una comida con ¡¡19 platos!! mientras trataban de la crisis de los alimentos y de cómo ayudar al tercer mundo... mucha comilona y sonrisas entre los mandatarios, buenas palabras pero muy pocos hechos.
Los ricos cada vez más ricos a costa de que el resto sea cada vez más pobre.
14 Julio 2008 | 07:02 PM