Expo 2008, penúltimo día
Interrumpo de nuevo el relato de mis vacaciones para hablaros de mi visita a la Expo de Zaragoza. Ya os dije que compartíría con vosotros mis fotos y comentarios de la exposición, así que cumplo mi palabra. Fui el sábado 13 de septiembre, sólo un día antes de su clausura (tenía invitaciones y no quería desaprovecharlas). Pensaréis que no paro, pero es que intento no quedarme parado... Lo bueno es que con el AVE la capital aragonesa está a un paso de Madrid, así que pude ir y volver en el día. Además, tenía la esperanza de que el viaje me saliera gratis, como me ocurrió este verano cuando fui a Málaga y el AVE llegó media hora tarde.
Esta vez el tren llegó puntual a la nueva estación intermodal de Zaragoza-Delicias. Con esta infraestructura y otras realizadas con excusa de la Expo (puentes, carreteras, jardines y el parque empresarial que ocupará el recinto) la ciudad ha quedado preparada para el futuro. Sin duda lo más valioso de la ya concluida exposición es el legado que quedará para la ciudad, que además se ha reconciliado con su río. A continuación podéis ver el impresionante aspecto del edifico que reúne estación de ferrocarril y de autobuses, hotel, comercios y servicios.
Como os podéis imaginar, siendo el último sábado y además puente en Cataluña, la Expo estaba atestada de gente. El recinto me pareció un poco pequeño para tanta muchedumbre, aunque luego he leído que las exposiciones internacionales (a diferencia de las universales) tienen el espacio limitado. Yo tenía muy claro que no iba a perder el tiempo haciendo colas para ver el interior de los pabellones, así que me limité a pasear por el recinto y entrar sólo en aquellos edificios en los que no había que esperar mucho. Bueno, y también en aquellos que me interesaban especialmente, como los siguientes.
Entré en la Expo atavesando el pabellón-puente de Zaha Hadid, convertido en icono horizontal del recinto. No me defraudó, aunque era difícil disfrutar del edificio con esa continua riada de gente. Me chocó que fuera tan cerrado y no interactuara más con el Ebro, quedando convertido más en pabellón que en puente. Visité la exposición que ocupaba su interior para poder recrearme en sus entrañas y reconozco que, aunque no sé de qué iba, me permitió lograr algunas curiosas instantáneas como las que veis aquí. En las dos últimas aparezco yo jugando con los reflejos y el agua, leit motiv de la Expo.


Tras pasar ante la mole del Palacio de Congresos nos dirigimos a la Torre del Agua, el icono vertical de la Expo. Curiosamente, estos tres edificios de diferentes arquitectos (el puente de Zaha, el palacio de Nieto y Sobejano y la torre de Enrique de Teresa) han logrado una unidad. Cubiertos por una misma piel de aluminio plateado y taladrado, han creado un estilo común que dota de armonía al conjunto, incluido el hotel construido al lado.
La Torre del Agua es un enorme edificio vacío, sólo ocupado por la espectacular escultura colgante Splash. Subimos hasta arriba para nada, porque no había nada que ver ni que hacer en lo alto (ya podían haber montado un bar más chulo que ese tan cutre). Sin embargo, valió la pena disfrutar del panorama tanto exterior como interior. Aquí la gente no estorba, sino que añade fotogenia, al cruzarse a distintos niveles mientras sube y baja por la interminable espiral que recorre la fachada.


A diferencia de la Expo de Sevilla, en la de Zaragoza los países y comunidades presentes (a excepción de España y Aragón) no disponían de pabellones aislados, sino que unos grandes edificios de dos alturas albergaban a los participantes. Así, más que pabellones parecían stands de una feria de muestras, no sólo por fuera sino por dentro (lo digo por los pocos que visité). Lo bueno es que estos edificios tienen más fácil su reciclaje: lo que veis aquí abajo se convertirá pronto en un moderno parque empresarial.
Mucho más interesantes me parecieron las llamadas "plazas temáticas" que eran en realidad pabellones con exposiciones relacionadas con el agua. No simples contenedores como los pabellones nacionales, sino edificios construidos ad hoc para las exposiciones que contenían (o viceversa, exposiciones diseñadas ad hoc para los edificios). La plaza temática que más me gustó fue "ciudades de agua", aunque reconozco que el tema urbano es mi debilidad. Podéis ver aquí un par de imágenes de este curioso pabellón. En la segunda se adivina, al fondo, el famoso pabellón-puente de Zaha Hadid.

Llegué a Madrid a las doce de la noche completamente agotado y en la capital comenzaba "la noche en blanco". Evidentemente, ya había sufrido demasiados mogollones, colas, empujones y esperas, así que me fui directo a casa a descansar. Ya acudí a la primera cita madrileña y me prometí no volver a picar en ese circo de cultura efímera en una ciudad con cultura permanente. Preferí quedarme con el recuerdo de la Expo y con la sensación de haber disfrutado de una arquitectura también efímera, pero a la vez de otra con vocación de permanencia.









encontrada dijo
Realmente sigo sin estar muy convencida de esto de las expos, de su función, de su utilidad. Pero tal como lo muestras, sí que parece, cuanto menos, atractiva. Y a diferencia de otras, bastante útil para el futuro de la ciudad. Ya veremos. Buen post, muy bien expuesto. Un abrazo
25 Septiembre 2008 | 01:16 AM