Aventuras en las montañas
Seguimos en Sri Lanka y llegamos a otro momento cumbre de nuestro viaje. Nunca mejor dicho, porque nos encontramos en la zona más elevada de la isla. Aquí hay varios picos que superan los 2.000 metros de altura, así que el clima es fresco (sobre todo por la noche). Los ingleses se instalaron aquí alegando que el clima es más salubre que en el resto del país, aunque en realidad es porque se parece más al de su país: frío y lluvioso. Atravesamos Nuwara Eliya, una población plagada de casas de estilo victoriano y Tudor, con campo de golf incluido. Las montañas que nos rodean se cubren de impresionantes plantaciones de té, producto que encabeza la lista de exportaciones de Sri Lanka.
Llegamos a Bandarawela, población situada a 1.200 metros de altitud. Aquí nos quedaremos tres noches, en un hotel que nos transporta a los lejanos tiempos de la colonia británica. Nos sentimos como exploradores en un mundo por descubrir, dormimos en altas camas de hierro con colchones de lana y nos duchamos en una vieja bañera con patas. Después de cenar nos tomamos una copa de arrack junto a la chimenea encendida en el salón, rodeados de la más absoluta tranquilidad. Descubrimos en Kandy este delicioso licor procedente de la destilación del coco (otro de los productos nacionales) y nos hemos aficionado a su sabor, parecido al del whisky. El hotel ocupa un precioso edificio estilo cottage, todo piedra, madera y tejas.
Disponemos de dos días enteros para recorrer la zona por nuestra cuenta y sabemos que por Bandarawela pasa el tren de la línea que va de Colombo a Badulla. Como nos han dicho que vale la pena montar en este tren que recorre las montañas entre maravillosos paisajes, decidimos cogerlo hasta Badulla para acercarnos hasta la famosa cascada de Ruwana. Nos dirigimos a la estación a primera hora de la mañana y nos dicen que nuestro tren pasa a las doce y media del mediodía, así que nos vamos a pasear por el pueblo para hacer tiempo. Volvemos a la estación a las doce con intención de comprar los billetes, pero nos dicen que esperemos hasta que llegue el tren. Nos sentamos y esperamos pacientemente (qué remedio) casi hasta las tres de la tarde, cuando por fin nos venden los billetes porque llega el tren.
Como veis, en Sri Lanka aún no se han electrificado las vías, de modo que por las pocas líneas de ferrocarril que hay en el país circulan trenes tirados por máquinas diesel. Esto implica que tras la máquina van varios enormes depósitos de gasóleo y, sólo al final, un par de vagones de madera para pasajeros. Vemos cómo se agolpa la multitud para subir al tren y nos preguntamos si vamos a tener que ir de pie, tras tantas horas de espera. Finalmente, los amables cingaleses nos ceden sitio para que nos podamos sentar, nos acomodamos y empezamos a disfrutar del viaje. Es un placer asomarse por las ventanillas abiertas para ver y sentir la espectacular naturaleza que nos rodea.

En nuestro repleto vagón la gente comienza a animarse. Unos jóvenes que van de pie en una esquina comienzan a entonar una animada canción. Tras pasar el impresionante puente que habéis visto, parece que el tren comienza a acelerar y a alcanzar su velocidad de crucero. Al principio nos parecía que iba demasiado lento, pero ahora parece que se tambalea un poco en las curvas. De repente, precisamente en una de estas curvas, sentimos un brusco frenazo y el tren se para en seco. Todos nos quedamos en silencio y salimos impulsados hacia delante, mientras los que van de pie se ven desplazados varios metros por el pasillo. Nos miramos unos a otros sin saber qué ha pasado, aunque la inclinación del vagón delata que no es nada bueno.
Poco a poco vamos saliendo del vagón para enfrentarnos con la cruda realidad: el tren ha descarrilado y se ha partido literalmente por la mitad. La máquina y algunos depósitos de combustible están muchos metros por delante de nosotros, la vía ha quedado destrozada y se ven tornillos sueltos por todas partes. Estamos perplejos y pensamos qué hubiera ocurrido si descarrilamos un poco antes, por ejemplo en el puente que habéis visto. Mi primer acto reflejo es encenderme un cigarrillo, pero me lo pienso mejor cuando veo que el gigantesco depósito junto a mí pierde gasóleo, que un hombre recoge con una botella de Coca-Cola. Ante este surrealista panorama, optamos por seguir a algunos pasajeros que se alejan por un camino junto a la vía.

Caminamos y fumamos comentando la suerte que hemos tenido e imaginando todo lo que nos podría haber ocurrido de haber sufrido semejante accidente en otro punto del recorrido. Afortunadamente, el camino llega pronto a un pequeño pueblo cuyos habitantes nos miran asombrados. Allí cogemos un tuc-tuc para que nos lleve a Ella (pronúnciese como en Ella Fitzgerald), un pueblo a mitad de camino entre el lugar donde nos encontramos y Bandarawela, nuestro punto de partida. Tras lo ocurrido desistimos de llegar a Badulla, por lo menos hoy. Conseguimos llegar a Ella como a las cinco de la tarde y casi no hemos probado bocado en todo el día, así que nuestros estómagos rugen con fuerza. Pero afortunadamente, en este pequeño publo perdido entre las montañas, nos espera una agradable sorpresa.
Creo que hasta ahora no os he hablado de la comida de Sri Lanka, pues bien os diré que pica como los demonios. Incluso cuando les pides por favor que no te la pongan picante, no puedes evitar los lagrimones ni los sudores mientras te bebes cualquier cosa para aplacar el fuego de tu garganta. Resulta que llegamos al restaurante Ella Village a la hora que os he indicado y el dueño nos ofrece una típica comida cingalesa a base de curry. Nos tememos que comeremos poco como de costumbre pero, ante nuestro asombro, todos los platos que veis en la mesa son deliciosos y (milagrosamente) no pican. El dueño, de cuyo nombre no logro acordarme, ha conseguido como clientes fijos a todos los jóvenes mochileros procedentes de todo el mundo que recorren estas montañas. Descubrimos que la gastronomía local sería deliciosa si no fuera por la peligrosa afición a lo picante de los cingaleses. Por primera vez dejamos los platos vacíos y nos sentimos repuestos para continuar el viaje en otro tuc-tuc hasta nuestro hotel.
Nos queda otro día para intentar llegar hasta Badulla y, como sabemos con certeza que la línea de ferrocarril está cortada, decidimos probar en autobús. Resulta que los buses son frecuentes y baratos, así que se convierten en el mejor transporte para recorrer la isla si vas por tu cuenta. En el trayecto hago la foto que habéis visto, que refleja claramente la dualidad de Sri Lanka, un país que se mueve entre el pasado y el futuro. El hombre de la derecha representa el pasado, descalzo y vestido a la manera tradicional, con el sarong (la tela a modo de falda o pareo). El joven de la izquierda representa el futuro, vestido a la manera occidental y calzado con zapatos de punta cuadrada, tan de moda aquí. Llegamos a Badulla acompañados de una lluvia intermitente y cogemos un tuc-tuc que nos acerque hasta la cascada, nuestro objetivo.
El tuc-tuc nos deja en la carretera a un par de kilómetros de la cascada de Ruwana. Desde aquí hay que seguir a pie por un camino de lo más transitado, como podéis ver en la foto. Curiosamente, somos los únicos extranjeros del camino, así que nos sentimos como "bichos raros" mientras los turistas locales se hacen fotos con nosotros. El camino se va complicando por momentos mientras la lluvia comienza a arreciar, convirtiendo la arcilla y las rocas en peligros constantes. Tememos (de nuevo) por nuestra integridad física, pero nos consolamos (de nuevo) al ver que nos rodean personas de todas las edades: desde niños hasta ancianos. Cuando parece que no vamos a conseguir llegar nunca, comenzamos a oír un estruendo continuo. Poco después empezamos a distinguir una pared blanca entre la espesura del bosque. Y por fin aparece ante nosotros, majestuosa, la imponente cascada de sesenta metros de altura. Nos sentimos orgullosos de haber alcanzado nuestro destino, tras tantos y peligrosos avatares.











galako dijo
Vaya aventura !! qué miedo lo del tren, no? menos mal que sucedió en un lugar más o menos llanito y pudistéis llegar al pueblecito andando.
Saludos!!
6 Octubre 2008 | 12:17 PM