Las Cuatro Torres y el nuevo Madrid

Hace tiempo que deseo escribir este artículo, pero antes quería fotografíar las cuatro torres que han cambiado para siempre el skyline de Madrid. Son visibles desde prácticamente toda la ciudad y por fin empiezan a cobrar vida. Desde que fueron desmontadas las grúas que afeaban sus fachadas he esperado mi oportunidad, hasta que la semana pasada encontré el momento adecuado en un día espléndido. Aquí podéis ver las cuatro juntas desde el Parque Norte. De izquierda a derecha, en primer lugar la Torre Espacio (223 metros) de Pei, Cobb, Fred & Partners. A continuación, la Torre de Cristal (249 metros) de César Pelli y la Torre Sacyr Vallehermoso (236 metros) de Carvajal y Álvarez-Sala. Por último, la más alta: la Torre Caja Madrid (250 metros) de Norman Foster, aún en obras y sin ocupar a diferencia de las tres anteriores. Ahora las veréis por separado y por el mismo orden, fotografiadas desde el Paseo de la Castellana y muy cerca de sus respectivas bases.




Soy un fanático de los rascacielos y he subido a algunos de los más altos del mundo; incluso estuve en lo alto de las torres gemelas de Nueva York antes de que desaparecieran para siempre. Me alegra que por fin mi ciudad pueda presumir de tener no uno sino cuatro, a la altura (nunca mejor dicho) de los de otras ciudades. Hay que tener en cuenta que el anterior techo de Madrid era la Torre Picasso (150 metros) y hoy se consideran rascacielos sólo los edificios que superan los 200 metros, así que hemos pasado de no tener ninguno en España a ver cuatro juntos en la capital. Sé que estas torres tienen muchos detractores, que las ven como cuatro palos aislados donde no hay nada. Pero este panorama tiene que cambiar en los próximos años: aquí debe crearse el nuevo centro financiero de Madrid, aunque es probable que la crisis lo retrase. Al menos el alcalde ha puesto esta semana la primera piedra de lo que será el Centro Internacional de Convenciones Ciudad de Madrid (CICCM) de Tuñón y Mansilla, que completará el Cuatro Torres Business Area (CTBA). Me alegra que no sea ésta una de las obras que Gallardón ha cancelado a causa de la crisis (supongo que será porque no tendrá que pagarla el arruinado Ayuntamiento).

Para que la zona norte de Madrid pueda desarrollarse alrededor de las torres es necesario desbloquear de una vez por todas la Operación Chamartín, que propone prolongar el Paseo de la Castellana desde la M-30 hasta la M-40 y cubrir las vías de tren cercanas a la estación. Se trata de una operación imprescindible para mejorar las comunicaciones de la zona, pero lleva décadas empantanada por discrepancias entre las administraciones. Es ésta una disputa absurda y obsoleta, pues se centra en el número de viviendas protegidas que se han de construir en la zona. Todos sabemos que no es necesario construir viviendas aquí, porque ya hay demasiadas casas vacías y en construcción en muchos barrios de la capital. Lo que hay que edificar en torno a una Estación de Chamartín ampliada y modernizada son oficinas, comercios y hoteles, para convertir la zona en un polo de atracción. No todo el mundo quiere vivir junto a una gran estación de tren, pero sí es el sitio ideal para trabajar, comprar o divertirse por estar bien comunicado.


En mi viaje a Japón el año pasado aprendí mucho del urbanismo de aquel país y sobre todo de su capital, Tokyo. Es una urbe gigantesca y resulta difícil decir cual es su centro, puesto que hay muchos polos de atracción creados alrededor de las principales estaciones de transporte. Es una ciudad policéntrica, algo lógico en una urbe de ese tamaño, y las estaciones son como pequeñas ciudades con todo tipo de servicios. Madrid va adquiriendo un tamaño considerable y debe seguir el modelo de Tokyo para descentralizarse. Creo que es un error hacer una estación de tren en la mismísima Puerta del Sol, para llevar a más personas donde no cabe un alfiler. El centro de Madrid está saturado y va siendo hora de buscar alternativas donde la gente pueda encontrar de todo sin tener que ir al kilómetro cero. Ya se hizo en los años 70 con la estación de Nuevos Ministerios y el aledaño centro comercial y financiero de Azca. En su eterno crecimiento hacia el Norte, el futuro de Madrid pasa por las Cuatro Torres.


En la vecina Plaza de Castilla la transformación ha comenzado: ya se está levantando el obelisco de Santiago Calatrava, un hito que a priori no me gusta nada. Creo que no pega ni con cola una altísima columna dorada entre dos torres inclinadas plateadas (evidentemente, me refiero a las de Puerta de Europa). Hubiera preferido que el arquitecto valenciano se estrenara en Madrid con uno de sus elegantes puentes o uno de sus retorcidos rascacielos. En la misma plaza, el edificio de los Juzgados está condenado a morir, cuando se concluya la ciudad judicial que la Comunidad de Madrid levanta en Valdebebas. En su representativo solar se podría construir otro rascacielos y también se debería reformar el edificio vecino, junto a la calle Bravo Murillo. Fue el más alto de la plaza durante muchos años y hoy se ve horrible y anticuado, pero sería fácil modernizarlo con una fachada más actual, como se ha hecho en Berlín con algunos edificios de la época soviética. En Castellana 200 (más o menos desde donde está hecha la siguiente foto) se ha empezado a levantar un emblemático bloque, donde antes estuvo el Edificio Korea (derribado con la excusa de la aluminosis). El nuevo iba a contener viviendas de lujo y un centro comercial pero, dada la situación inmobiliaria, los promotores han decidido cambiar las casas por oficinas.

Imagino esta zona dentro de unos años plagada de rascacielos ultramodernos, como las ciudades asiáticas que me fascinan. La estación de Chamartín transformada en un gran intercambiador de transportes (AVE y trenes de cercanías, autobuses interurbanos, metro) y rodeada de centros comerciales y de ocio. Las estaciones japonesas están unidas a los edificios cercanos por pasarelas y pasadizos subterráneos para peatones. Esto último en Madrid es impensable porque el subsuelo ya está más taladrado que un queso gruyère, pero imagino una pasarela cubierta cruzando la Castellana desde el CTBA hasta la estación de tren, atravesando la nueva estación de autobuses que se construiría delante de la anterior. Esta pasarela cruzaría la actual sede de Repsol, que pronto quedará vacía, cuando la compañía española (tal vez entonces rusa) se mude a Méndez Álvaro. Su solar sería perfecto para el magnate Donald Trump, que busca suelo en Madrid para levantar uno de sus famosos hoteles de lujo. Este sería otro rascacielos para la zona y el hotel se uniría al que veis a continuación, instalado en una parte de la Torre Sacyr Vallehermoso. Pero creo que es hora de dejar de soñar y volver a la cruda realidad, para admitir que probablemente todo quedará a medias, como suele ocurrir en esta ciudad.







encontrada dijo
Un post genial de lo que podría llegar a suceder, lo que está sucediendo y lo que lamentablemente no sucederá. Las fotos, estupendas. Hace tanto que no voy por Madrid... :(
Iba a quedarme con alguna torre, por esa manía absurda de elegir con todo, pero no me decido, me gustan todas.
Besos
29 Noviembre 2008 | 01:26 PM