Los madrileños asistimos estupefactos, una vez más, a las luchas de poder entre nuestros mandatarios del PP. La rivalidad entre Espe y Gallardón ha llegado a las cotas más altas y las prácticas más rastreras. Mi amiga Carmen, que vive en Barcelona, dice que allí no se pueden creer las cosas que pasan en Madrid. Nosotros que vivimos en la capital no tenemos más remedio que creerlas porque las sufrimos a diario. Y yo ya estoy harto de sufrir en silencio.

Tanto el alcalde de Madrid como la Presidenta de la Comunidad han sido elegidos democráticamente (no con mi voto) para prestar sus servicios a los ciudadanos. Pero ellos prefieren dedicarse a otros menesteres y enzarzarse en luchas internas por el poder, primero en su partido, después en Caja Madrid, más adelante ya veremos... Para ello utilizan cualquier arma, sin pudor, mientras los madrileños, avergonzados, navegamos a la deriva sin que nadie se ocupe de gobernar nuestras instituciones.

El alcalde Gallardón dice, un día sí y otro también, que su máxima prioridad es conseguir para Madrid los Juegos de 2016. Sabéis que comparto esa ilusión, pero no puedo aceptar que sea esa su máxima prioridad, pues nuestra ciudad tiene muchas otras más urgentes e importantes. De hecho, las olimpiadas cada vez parecen más lejanas de Madrid, ante la fuerza del Chicago de Obama y tras la presentación de la candidatura de España y Portugal para organizar el Mundial de Fútbol de 2018.

Mientras el alcalde se centra en promocionar su proyecto olímpico y en anunciar obras faraónicas, se ha adueñado de la capital la Mafia de los porteros. Al igual que en Sicilia, en Madrid se producen cada noche peleas y asesinatos entre bandas, con el beneplácito y la complicidad de la policía local y los concejales del Ayuntamiento. Si la corrupción se destapó con el caso Guateque y el tráfico de licencias, aquello fue sólo el principio y desde entonces la fiesta ha crecido hasta alcanzar proporciones gigantescas.

De poco sirve que el alcalde mire a otro lado y diga que él no sabe nada. Se supone que ha sido elegido para poner orden en Madrid y en su Ayuntamiento, no para dejarlo en manos de mafiosos que él mismo ha elegido. Muchos alcaldes han dimitido por casos de corrupción que provocarían carcajadas al lado de éste, pero también éste parece pequeño comparado con lo que ocurre en la Comunidad de Madrid. Lo que sucede allí sí que es grave y escandaloso, aunque dan ganas de tomárselo a coña, porque uno no sabe cómo enfrentarse a algo tan absurdo.

La trama ilegal de espionaje y contraespionaje montada por el consejero de interior de la Comunidad de Madrid, encargado de seguridad y mano derecha de Esperanza Aguirre, es digna de un tebeo o una película serie Z de las peores. Como dijo el ministro Rubalcaba sólo faltan Mortadelo y Filemón, aunque yo he preferido compararla con Torrente, el brazo tonto de la ley. Granados hace bien el papel, porque resulta igual de casposo que el protagonista y que el resto de los personajes que le rodean.

Este consejero espiaba a sus compañeros del PP, desde Ignacio González (vicepresidente de la Comunidad) hasta Manuel Cobo (vicealcalde de Madrid y segundo de abordo de Gallardón). La trama destapada por EL PAÍS, a diferencia de la gran mentira que montó EL MUNDO con el 11-M, ha sido probada, documentada y confirmada por algunas víctimas. Parece que la historia viene de lejos: hace meses un político del PP denunció el incendio de su coche y otro el robo de su ordenador. Mientras tanto, Espe se dedicaba como siempre a la propaganda y a vender los servicios públicos madrileños al mejor postor, desde aquí hasta Bombay.

Esperanza Aguirre, la dama de hierro, la condesa descalza, la mujer más odiada (por mí y por otros muchos) dice que en la Comunidad de Madrid no hay espías. Ella tiene una legión de seguidores que se creen todo lo que dice porque lo hace con autoridad y firmeza. Pero lo que dice esta mujer no tiene nada que ver con lo que hace, o sea que miente más que habla. Es una mentirosa muy profesional, fría y convincente, pero se le ve el plumero y confío en que algún día también lo verán sus incondicionales. Entonces le darán la espalda, se quedará sola y llegará su fin, mientras los demás respiraremos aliviados y empezaremos a recuperar nuestra Comunidad. Espero que ese día esté cerca.