El ego de Almodóvar
El pasado miércoles fui al cine a ver Los abrazos rotos. No era la primera vez que iba a ver una película de Pedro Almodóvar en el día de su estreno, pero probablemente será la última. Siempre me gusta ver lo que hace el director manchego porque espero encontrar algo, pero sé que me puedo encontrar lo mejor y lo peor. Unas veces, maravillas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Átame o la anterior Volver. Otras, mediocridades con destellos como Tacones lejanos, Todo sobre mi madre o Hable con ella. Pero también, y cada vez más frecuentemente, bazofias intragables como Carne trémula, Kika o La mala educación.
Los abrazos rotos entra de cabeza en este último grupo de películas fallidas, que igualmente triunfan en taquilla porque el marketing da sus frutos. Y en eso se ha convertido el cine de Almodóvar, en puro marketing perfectamente urdido por el director. Tenía que haberlo previsto cuando vi, unos días antes del estreno, la entrevista a Pedro y Pe en televisión. El primero no dejó hablar a la segunda, ni al presentador, sólo habló él y sólo de sí mismo. En la nueva película el ego de Almodóvar engorda hasta el infinito, y la convierte en una aburrida repetición de todas las anteriores. Es habitual ver a directores homenajear a otros directores y películas, pero lo del manchego resulta chocante por egocéntrico.
En Los abrazos rotos hay homenajes a todas y cada una de las anteriores películas de Almodóvar, pero sobre todo a Mujeres al borde de un ataque de nervios. Sin embargo, la única escena original y memorable de la nueva película está metida con calzador y sin sentido (que alguien me explique quién rompe las fotos). El drama que pretende ser desgarrador no emociona en ningún momento, así que el director tiene que meter la escena cómica de turno, también sin venir a cuento. Aunque todas las chicas Almodóvar hacen sus cameos (Chus Lampreave y Rossy de Palma aparecen un segundo cada una), en esta ocasión la afortunada es Carmen Machi. Ella suelta su parrafada con gracia, el público se mea de risa y se va a casa tan contento.

Se echan de menos en Los abrazos rotos los diálogos chispeantes del Almodóvar de antaño. Pero es que, como también comprobé en la entrevista de los tres oscars, el director ha perdido su gracia y su genialidad con los años. Ya no es capaz de introducir el humor con naturalidad en el serio drama, pero tampoco renuncia a él, así que chirría. El guión evidencia su falta de imaginación o de inspiración, que suple con lo de siempre: noticias de los periódicos, enfermedades raras, mucho ego e historias cruzadas que demasiadas veces quedan sueltas. Las expectativas del espectador van quedando en nada y eso es lo que te queda cuando sales del cine: nada.
El director de actrices se centra en Penélope Cruz, su musa actual (antes hubo otras pero ninguna de Hollywood) y se olvida de las otras. ¿Por qué se empeña en sacar a Blanca Portillo de amargada? Todos sabemos que también tiene su faceta cómica, como demostró en Siete Vidas. ¿Y por qué Lola Dueñas en sus manos parece tonta, cuando es un pedazo de actriz? Y eso que en Los abrazos rotos la mayoría de los papeles son masculinos, como ya sucedió en La mala educación. Repite por tanto el error, aunque en esta ocasión los actores no están tan mal como en aquella. Poco se puede añadir sobre el trabajo de los actores, porque ya he dicho que Almodóvar es director de actrices.
Este año hay duelo de directores españoles en la cumbre y dentro de unos meses Alejandro Amenábar estrena película. Poco se sabe de Ágora, la superproducción que el director de Tesis, Los Otros y Mar adentro ha rodado en Malta. Sé que las comparaciones son odiosas y aún no he visto la película de Amenábar, pero ya apuesto por ella para ganar el duelo. A diferencia del acomodado Almodóvar, el joven Alejandro aún conserva la ilusión por el cine y su objetivo es hacer disfrutar al público. Por eso nos sigue sorprendiendo con sus películas y sin duda lo volverá a hacer con la próxima. Yo estoy deseando verla y estoy seguro de que no me defraudará. Es mi apuesta, porque sigo apostando por el cine español.









isabel61 dijo
No he visto la película, pero sí he leído las críticas y la ponen más o menos como lo haces tú. Uno de ellos añadía que la crisis de Almodovar se aprecia hasta en los pelos que lleva ultimamente.
Es un director al que te gusta o no te gusta, no hay términos medios. Yo le odiaba y le fui queriendo con el tiempo. De todas formas creo que la cultura en general está en crisis, lo poco que sale es malo y eso que siempre se ha dicho que en épocas depresivas es cuando suele agudizarse el ingenio ¡ya veremos!
Un abrazo
25 Marzo 2009 | 09:13 PM