Recuerdos de Nara (Japón)
Vuelvo a Japón, aunque no físicamente (ya me gustaría) sino a través de mis recuerdos. Se ha hablado bastante de este país últimamente, debido a la grave recesión que atraviesa. Ya cuando lo visité en verano de 2007 se hablaba allí de crisis, así que también en eso nos llevan ventaja. Cuando volví de mi viaje os hablé de Tokyo y de Kyoto, pero no de Nara, la tercera capital que, en realidad, fue la primera.
Fuimos a pasar un día a la pequeña y tranquila Nara desde Kyoto, la ciudad que le arrebató la capitalidad hace siglos. Ambas poblaciones están bastante cerca y el viaje en tren es corto y agradable. Era domingo y había muchos turistas locales: familias enteras con niños, de excursión. Lo que hay que ver en Nara es un enorme parque donde se encuentran los principales y más antiguos templos. En este parque habitan centenares de ciervos en libertad, acostumbrados a los turistas que los alimentan sin pausa.
El primer templo que visitamos era el típico japonés: con su edificio octogonal y su pagoda de varios pisos (en este caso de cinco). Lo que más nos llamó la atención es lo que veréis en la primera foto: rocas talladas con antiguos relieves, "vestidas" con telas rojas con inscripciones, a las que los turistas ofrecían cuencos con agua o arroz. También aquí vimos los primeros ciervos, persiguiendo y asustando a una divertida turista.




Seguimos paseando por el espléndido jardín rodeados de ciervos, a los ofrecíamos galletas que compramos en uno de los muchos puestos. El parque se transformó en un espeso bosque y el camino comenzó a ascender, a la vez que aparecían miles de faroles de piedra a ambos lados. Cada vez había más, y es que nos acercábamos al llamado templo de los faroles. Se trataba de un templo sintoísta, lo que se podía adivinar por la puerta o toori que atravesamos y por el color rojo predominante. Como podéis ver en las siguientes fotos, también abundaban los faroles en el interior del templo, haciendo honor a su nombre.




Tras visitar este precioso templo continuamos nuestro delicioso periplo. Bajamos de nuevo a la llanura, cubierta de extensos y verdes prados donde los ciervos pastaban apacibles. Queríamos visitar por último el templo que atraía a mayor número de peregrinos y turistas. Según nos acercábamos aumentaban las riadas humanas, hasta que divisamos en la lejanía un inmenso edificio. Es el mayor del mundo construido enteramente de madera y alberga una gigantesca estatua de Buda, también de madera.




En esta última foto veis una estampa típica de Nara: el ciervo intentando robar la merienda de la niña. Esta curiosa imagen sirve para poner fin al relato de este maravilloso día, que hoy ha vuelto a mi memoria. Supongo que echo de menos mis viajes a tierras lejanas y por eso me invade la nostalgia, aunque también puede influir el feo día que hace hoy. Parece que los meteorólogos han acertado y, tras unos espléndidos días primaverales, han vuelto el frío y la lluvia. Ya vendrán días mejores y nuevos viajes.









flor_deloto dijo
Los venados son bastante inquietos, y si te descuidas son "traicioneros" y embisten con una fuerza increíble. En Suramérica es más común decirles venado que ciervo, pero - creo- es el mismo animal. No conozco Nara, pero se debe respirar el mismo ambiente que en Kyoto. Me dá nostalgia, pero si he de volver a Asia prefiero volver a China.
Besitox.
Por cierto, la tercera foto de la segunda serie es espectacular.
28 Marzo 2009 | 10:04 PM