Terribles casualidades
Hace unos meses os dije que nunca había visto la serie de televisión Perdidos, ni siquiera sabía de qué iba... Pues bien, hace tres días comencé a verla y esa misma noche me tragué los tres primeros capítulos. Resulta que la serie comienza cuando un avión de pasajeros desaparece en mitad del oceáno, cae en una isla desierta y los supervivientes quedan incomunicados. Al día siguiente de estrenarme viendo esta serie, leí una noticia que me dejó helado: un avión de Air France había desaparecido en mitad del Océano Atlántico con todos sus pasajeros a bordo, cuando volaba de Río de Janeiro a París.
Los protagonistas de la serie de ficción Perdidos fueron afortunados por sobrevir al accidente, a pesar de los terribles peligros que les acechaban en la isla. El caso real de Air France es aún más terrible, porque parece que no hay supervivientes entre los 228 ocupantes del avión. No dejo de darle vueltas a todo esto, aunque supongo que es pura casualidad. Probablemente a todo el mundo le suceden cosas así todos los días, pero yo me como el coco más de lo normal. Hace un par de meses me dio por pensar si fue casualidad que la cantante Mari Trini falleciera el mismo día en que nombraban a mi prima Trini (Trinidad Jiménez) Ministra de Sanidad.
Siempre queda la duda de si todo es pura casualidad o está escrito en nuestro destino. Yo creo que es una mezcla de ambos, pero que realmente somo nosotros mismos quienes escribimos nuestro destino. No creo que sea casualidad que los países a los que viajo sufran terribles desgracias, más bien creo que tengo por costumbre viajar a los lugares más peligrosos del planeta. Hace tres años planeé visitar Líbano, Siria y Jordania, pero poco antes de emprender el viaje estalló la última de las muchas guerras que se suceden en la zona. Finalmente decidí cambiar de destino y escogí Birmania, el maravilloso país ahora llamado Myanmar por los dictadores que lo gobiernan con mano de hierro.
Desde entonces, todas las noticias que me han llegado desde Birmania han sido terribles: la revolución azafrán de los monjes budistas que fue brutalmente aplastada por los militares, el ciclón Nargis que arrasó el país dejando miles de muertos, o el arresto domiciliario de la Premio Nóbel de la Paz Aung San Suu Kyi que va camino de convertirse en permanente. La última noticia que he leído sobre aquel país es aún más terrible que las anteriores: resulta que los militares secuestran a niños y los separan de sus familias para convertirlos en soldados. Ahora entiendo que no es sólo la pobreza lo que empuja a las familias birmanas a enviar a sus hijos a los monasterios para que sean monjes.
Todos sabéis que el verano pasado visité Sri Lanka, porque he dado buena cuenta de aquel maravilloso viaje en este blog. Poco antes de mi estancia se había roto la tregua y habían vuelto los atentados de los terroristas Tigres Tamiles. En Colombo, la capital del país, un taxista (mejor dicho, un conductor de tuc-tuc) me dijo que el presidente había engañado al pueblo que le había elegido democráticamente. El pueblo quería la paz, pero el presidente se había propuesto acabar con la minoría tamil (hinduista frente a la mayoría cingalesa, budista). Tras mi estancia se recrudeció la guerra, que ya duraba décadas, entre el ejército y los Tigres Tamiles, que controlaban una zona del nordeste del país.
Recientemente el presidente de Sri Lanka ha anunciado el fin de la guerra, la aniquilación de los terroristas y la muerte de su jefe. No ha dicho nada de los más de 20.000 civiles muertos a lo largo de los últimos meses de esta cruel guerra, entre hombres, mujeres y niños tamiles. Un genocidio consentido por la comunidad internacional, que no se ha pronunciado al respecto. Terrible pero lógico, porque Sri Lanka (como Myanmar) es un país pobre, sin petróleo (no es un aliado necesario) y sin armas nucleares (no es parte del eje del mal ni un peligro para el resto del mundo, como Irán o Corea del Norte). Casualmente, en mi reciente viaje a Londres encontré a un grupo de emigrantes tamiles que se manifestaban ante el parlamento para denunciar este genocidio:

Hablando de genocidios, y volviendo al Líbano, casualmente ayer vi una magnífica película israelí llamada Vals con Bashir. Ofrece una visión brutal y terrible de la guerra, a través de unas imágenes maravillosas: dibujos animados de impresionante calidad y llenos de sentimiento (las imágenes reales serían demasiado crudas, como se demuestra al final). Estructurada como un documental, narra la masacre de Sabra y Chatila, los campos de refugiados cercanos a Beirut donde miles de palestinos fueron asesinados durante la Guerra del Líbano de 1982 por la falange libanesa. Israel fue declarado indirectamente responsable de los hechos por no evitar la matanza, que fue calificada como genocidio por la ONU. Os recomiendo a todos que veáis esta excepcional película que además tiene música de los 80, ya que los hechos que narra sucedieron en esa mágica década que últimamente parece perseguirme.








Juanma dijo
¡Ay, ay, ay! Los 80 no te persiguen; eso que sientes se llama nostalgia. Y hablando de casualidades: no existen. Sólo existen sucesos que aparecen juntos en el tiempo; es la mente humana la que trata de establecer relaciones de "causalidad" y por ello nos parece que es mucha
"casualidad" que hayan sucedido a la vez.
A los terribles hechos de Líbano, Sri Lanka y Myanmar podríamos sumar los de Sudán, Somalia, Congo, Nicaragua y tantos otros. Definitivamente la humanidad está loca de la cabeza a los pies.
Voy a ver la película que recomiendas, porque la recomiendas tú y porque me ha llenado de curiosidad.
3 Junio 2009 | 10:22 PM