Carta número 1. El niño
Hoy inauguro una nueva categoría en mi blog, que he llamado Cartas auténticas. En primer lugar, porque aquí voy a publicar cartas absolutamente reales, con las que comprobaréis que la realidad supera la ficción. En segundo lugar, porque estas cartas también se pueden definir con otras acepciones de la palabra "auténtico": son curiosas y divertidas, aunque algunas son terribles. Las he recopilado durante años entre las muchas reclamaciones de todo tipo que han llegado a las empresas en las que he trabajado. Siempre pensé que entre ellas había algunas dignas de publicar y creo que, por fin, ha llegado el momento de sacarlas a la luz. La mayoría son bastante antiguas y están escritas a mano, aunque mi intención es transcribirlas literalmente para hacerlas legibles. Sin embargo, voy a empezar con una de las más recientes, que llegó a mi empresa a través del e-mail. Por supuesto, eliminaré todas las referencias personales para preservar el anonimato del remitente y el destinatario.
No puedo dar crédito a lo que ocurre en su web. Después de llegar a ella por publicidad observo que sortean, ni más ni menos, que un niño pequeño. ¿Cómo puede ocurrir semejante hecho en un país supuestamente moderno y europeo? ¿Cómo puede una empresa, la suya, participar en tal vil y bajo acontecimiento? Además, observo que tal es su afán de lucro que venden miles de números para tan triste rifa. Además lo promocionan en comerciales.
Y colmose, además lo sortean entre varios ganadores de la rifa. ¿Qué ocurrirá, lo mantendrá una semana cada uno? Además, la rifa la van a celebrar en el día en que celebramos la Epifanía de nuestro Señor: no podían escoger día más simbólico.
Simplemente, es una vileza semejante hecho. Dios y la justicia se apiade de los que cometen hechos pendencieros. No les deseo nada bueno.
Licenciado, XXX
Supongo que todos habéis adivinado lo que ocurrió: en nuestra web había publicidad del Sorteo del Niño, el famoso sorteo de la Lotería Nacional que se celebra el día de Reyes. Los banners mostraban un bebé, algo perfectamente comprensible para cualquier español. Queda patente uno de los peligros de internet: a una página se puede acceder desde cualquier parte del mundo y, lo que para nosotros es normal y se sobreentiende, puede resultar equívoco o descabellado para alguien de otro país. Incluso aunque comparta con nosotros el idioma o la cultura. Eso le ocurrió a este pobre mexicano.












Raquel dijo
Con esta carta demuestras lo que siempre se ha dicho: que España is different, y efectivamente lo somos. Ni siquiera los que comparten nuestro idioma y alguna de nuestras características nos entienden. Que le vamos hacer...
Un beso y espero impaciente tu segunda entrega...
Raquel
9 Junio 2009 | 09:50 PM