Yo también soy iraní
Veo las imágenes de los disturbios de Teherán en los medios de comunicación y algo se revuelve dentro de mí. Yo, que hace sólo cuatro años pisé esas mismas calles donde ahora caen los muertos, también me siento iraní. Porque entonces pude ver con mis propios ojos cómo los habitantes de aquel país habían sido engañados una vez más, así que ahora comparto con ellos la rabia y la impotencia que sienten en estos terribles momentos.
Cuando visité Irán, hace cuatro años, Mahmud Ahmadineyad acababa de ganar las elecciones presidenciales. Aún no se había revelado como el peligroso retrógrado que hemos visto después, pero ya comenzaban los primeros avisos. El pueblo veía cómo sus libertades, que poco a poco habían ido creciendo en la etapa de Jatamí, quedaban cortadas en seco y por la fuerza. Se repetía la historia de hace 30 años, cuando la Revolución Islámica cambió la historia de este país.
Parece que en Irán siempre es peor el remedio que la enfermedad. Aquella revolución acabó con el régimen totalitario y desigual del sha, pero también con las libertades más elementales. Se impuso al pueblo desde la religión hasta la forma de vestir, y se prohibieron todas las formas de diversión: beber alcohol, cantar, bailar o jugar a las cartas. El régimen integrista impuso la represión absoluta y Ahmadineyad, el primer presidente no religioso, ha resultado peor que todos los ayatollas juntos, como ya os conté con detalle en otro post.
Por eso es evidente el pucherazo en las elecciones, que más bien es un golpe de estado en toda regla. Porque yo conozco Irán y a los iraníes, y conozco sus tremendas ansias de libertad. Una libertad que les han robado y que sólo pueden ejercer en la intimidad de sus hogares. Porque en la calle tienen que someterse a unas estrictas normas, bajo la mirada vigilante de los guardianes de la moral, que con el último presidente han aumentado su poder y endurecido sus formas.
Por eso el pueblo ha salido a la calle a defender su voto por el reformista Musaví, porque es la única esperanza que tienen de recuperar un poco de libertad. Por eso todos han salido en tromba a manifestarse en todas las ciudades. Y por eso, una vez más, las manifestaciones y protestas han sido reprimidas por la fuerza. Los integristas más conservadores, apoyados por el líder supremo Jamenei, se aferran al poder que han conseguido con engaños, mientras el pueblo lucha por la libertad y la democracia.
Yo también soy iraní, porque también defiendo la libertad y la democracia. Me solidarizo este pueblo y por eso me he quitado la corbata, una prenda prohibida en Irán porque se identifica con el poder de Occidente. En realidad me la he quitado por el calor sofocante que nos invade, pero así me siento más cerca de los iraníes. Yo soy como ellos, de hecho allí me tomaban por uno de ellos y por eso me hablaban en farsí. Aquí me veis vestido de negro y sin afeitar, con mi barba blanca acentuando mi prominente nariz y mis rasgos kurdos.

Detrás de mí Teherán, la moderna y gigantesca capital iraní, con sus más de 15 millones de habitantes. Una ciudad llena de vida, con un tráfico endiablado. Allí visitamos la Torre Azadi, el emblemático monumento que veis a continuación, cuyo nombre paradójicamente significa libertad. A sus pies se han concentrado las manifestaciones de la última semana y se han producido los primeros muertos a manos de las fuerzas represoras. Las mismas fuerzas que han expulsado por la fuerza a los periodistas extranjeros.

Pero las manifestaciones masivas no sólo se han producido en Teherán, sino también en otras ciudades como Shiraz. La segunda ciudad que visité en mi viaje es considerada la capital intelectual y universitaria de Irán. A continuación veis el precioso Palacio de Naranjestán, con su cuidado jardín lleno de naranjos (como su nombre indica). Después veréis la tumba del poeta Hafez, que es venerado como un santo. Aquí llegan iraníes de todas partes a rezar, meditar, recitar sus poemas y depositar rosas sobre su tumba.


El pueblo iraní es noble, orgulloso y hospitalario, como pude comprobar en mi viaje. El orgullo le viene de su glorioso pasado, porque la historia de Persia se remonta a la antigüedad. Comprobamos el brillante esplendor de esa antigua civilización cuando visitamos las impresionantes ruinas de Persépolis. Los restos de esta ciudad dan una idea de su grandiosa riqueza. Son curiosas sus estatuas de quimeras y grifos, como la que veis a continuación. Los exquisitos relieves de la escalera del palacio te dejan boquiabierto.


Cerca de Persépolis se encuentran las tumbas de los Reyes Arqueménidas, excavadas en la roca de la montaña. Son obras faraónicas que quitan el hipo por su grandiosidad, como veis en la siguiente foto. Después de visitarlas y de acercarnos hasta la tumba del Rey Ciro, emprendimos una impresionante travesía a través del desierto, en dirección al caravansar donde pasaríamos la noche. Al amanecer subí a la azotea, donde me retrataron ante la majestuosa vista del desierto y as montañas que veis a continuación.


Desde allí fuimos hasta la increíble ciudad de Yazd, en plena ruta de la seda y casi completamente construida de adobe. La panorámica que veis a continuación, tomada desde lo alto de una torre, permite adivinar el laberinto de callejuelas y arcos de barro. A lo lejos se divisan los elevados minaretes de la mezquita más alta de Irán, cuya fachada podéis ver de cerca en la siguiente foto. Es del mismo estilo que todas las mezquitas de Irán, como podéis ver en el post que dediqué a la maravillosa ciudad de Isfahán, pero mucho más alta.


Se me olvidaba explicaros el significado de esas chimeneas cuadradas que habéis visto en la panorámica de la ciudad de Yazd: son una especie de "aire acondicionado natural" inventado por los persas y muy frecuente en las casa tradicionales y en los palacios. Os aseguro que funciona, que el aire se refresca, aunque no sé muy bien cómo. En la siguiente foto veis precisamente el jardín de un palacio, donde coinciden varias mujeres con el tradicional chador negro, tapadas de arriba abajo, con la vestimenta integrista impuesta por la autoridad.

Ya veis que el pueblo iraní vive atrapado en un régimen del que será muy difícil salir. Más difícil aún si el mundo no le apoya en su rebelión contra el engaño y la represión. Ya veis que este pueblo vive en un maravilloso país, que yo he querido mostraros para que os sintáis más cerca de él. Es un país demasiado grande para abarcar en sólo unas líneas, pero habrá más. Parece que en estos duros momentos vuelven a mí los recuerdos de aquel maravilloso viaje que hice hace cuatro años, aunque parece que fue ayer.

He querido cerrar este post con la foto de un cartel revolucionario, de los muchos que cubren las paredes de todas las ciudades iraníes. Está claro que los carteles son una herramienta fundamental para extender las consignas de toda revolución que se precie. Y lo digo porque también en Cuba vi numerosos carteles callejeros con todo tipo de mensajes. Espero que la nueva revolución que ha emprendido el pueblo iraní sea la definitiva, para que por fin consiga la anhelada libertad. Y lo deseo porque yo también soy iraní.










fdez_barrio dijo
LO QUE ESTÁ ACONTECIENDO EN ESE PAIS ES MUY TRISTE, COMO DICES, CAEN MUERTOS POR LA CALLE.... REALMENTE TRISTE, LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD DEBERÍA SER UN DERECHO Y NO UN PRIVILEGIO.
BUENA CRÓNICA Y.... UNA FOTO TUYA!,
NADA DE ESPEJOS Y REFLEJOS... QUE RARO.
SALUDOS Y COMO SIEMPRE MUY BUENAS FOTOS, AUNQ EN UN PAÍS ASÍ SERÁ DIFICIL QUE SALGAN MAL, CON ESOS PAISAJE Y SUS MONUMENTOS.
AHORA SÍ, SALUDOS.
20 Junio 2009 | 10:57 PM