MVRDV en Sanchinarro
Sabéis que me apasiona la arquitectura y entre mis arquitectos favoritos se encuentra el estudio holandés MVRDV. Cuando viajé a Amsterdam hace unos años me alojé en un hotel de las afueras, al lado del cual había un edificio de estos arquitectos. Reconocí su estilo inmediatamente por sus balcones de colores, colocados de manera aparentemente aleatoria. Y es que estos arquitectos dotan a sus edificios de elementos originales que los hacen únicos, algo bastante común en la arquitectura contemporánea holandesa, pero muy raro en la española.
Sanchinarro es uno de los nuevos barrios que se han creado en los últimos años en los alrededores de Madrid. El Ayuntamiento de la capital tiene la sana costumbre de encargar las viviendas sociales, a través de la EMVS (Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo), a arquitectos de prestigio internacional. No otorgo el mérito al Partido Popular que gobierna el Ayuntamiento, pues es algo que se hace desde los lejanos tiempos en que gobernaba el PSOE (recordad el famoso Ruedo de la M-30, de Sáenz de Oiza). No obstante, agradezco que el PP haya mantenido esta tradición.
Los promotores privados de viviendas son más bien conservadores, así que si no fuera por las alegrías que nos ofrecen las viviendas sociales de la EMVS (antes EMV), los nuevos barrios de Madrid serían una triste y aburrida sucesión de bloques de ladrillo. Las inmobiliarias van a lo seguro y no arriesgan, de modo que casi todos los edificios residenciales que se construyen son prácticamente iguales. En algunos de los nuevos barrios como el Ensanche de Carabanchel, al sur de la capital, la abundancia de vivienda social ha producido una interesante acumulación de obras de prestigiosos arquitectos como Zaera o Chipperfield.
Sanchinarro se sitúa al norte de Madrid, supuestamente la zona noble y cara de la ciudad, de modo que la vivienda social escasea. Entre las pocas parcelas destinadas a este fin sólo dos se han encargado a arquitectos de prestigio internacional, concretamente al estudio holandés del que os he hablado al principio, que se ha aliado con la madrileña Blanca Lleó para firmar sus dos proyectos. El primero de los edificios se terminó hace unos años y yo ya había tenido ocasión de verlo, aunque sólo desde lejos. Cuando leí hace poco que el segundo estaba a punto de culminarse, me venció la curiosidad.
El otro día, a la hora de comer, cogí mi cámara y me fui hasta Sanchinarro. Un barrio fantasma, de difícil acceso y amplias avenidas desiertas, hechas a medida de los coches pero difíciles de pasear. Me guié por la mole del Edificio Mirador, el primero que levantó MVRDV, convertido ya en icono de la zona. Aparqué cerca pero no demasiado, para tener suficiente perspectiva y poderlo fotografiar. Me fui acercando lentamente, bajo un sol de justicia, y me crucé con el ridículo metro ligero que recorre el barrio. Un medio de transporte absurdo porque es tan lento como un trenecillo de feria, más apto para el pausado paseo de los jubilados que para el urgente traslado de los trabajadores.

El Edificio Mirador es monumental por su altura, que supera con creces al resto de bloques del barrio, pero también por el gran hueco que lo atraviesa. En un principio se pensó levantar una larguísima escalera mecánica para permitir el acceso del público, pero finalmente se descartó la idea. Así que el mirador se ha quedado para uso y disfrute exclusivo de sus privilegiados habitantes. También llama la atención la variedad de colores y texturas de su fachada, que obedece a los distintos usos y tipologías de viviendas. Las zonas de tránsito vertical y horizontal están pintadas de rojo, mientras los pisos y dúplex están recubiertos de distintos materiales: azulejos, paneles, hormigón...

Desde cerca aprecio con más detalle la variedad de materiales y la baja calidad de los mismos, no olvidemos que se trata de viviendas sociales aunque sean de firma. Observo que ya se han desprendido algunos de los azulejos, a la vez que me fijo en las ventanas de diferentes tamaños y formas. Esto ayuda a dar aún más movimiento a la fachada, que se convierte en una especie de cuadro abstracto y geométrico, estilo Mondrian. Al alejarme por el otro lado del edificio contemplo la segunda gran fachada, que es distinta de la anterior, como podéis ver a continuación.

Sigo caminando hasta el Edificio Celosía, que se encuentra bastante cerca del anterior. Aún hay obreros rematando los detalles de este nuevo bloque residencial. Aunque está proyectado por los mismos arquitectos y por tanto tiene elementos comunes, su planteamiento es bien diferente. Si el Mirador es eminentemente vertical, éste es horizontal. Aquí no hay juego de ventanas (son todas iguales, verticales del suelo al techo) ni de texturas (toda la fachada está recubierta de hormigón visto, barnizado y brillante). Pero veréis que no resulta monótono ni simétrico, como no podía ser de otra manera si está firmado por MVRDV.


El Edificio Celosía hace honor a su nombre por los múltiples huecos que perforan su fachada, permitiendo la entrada de la luz hasta el gran patio central que es su corazón. Afortunadamente, al menos por ahora, el patio está abierto al público y puedo entrar a disfrutar de estas magníficas perspectivas. Porque es aquí donde reside el encanto de este edificio, desde donde se aprecia su originalidad. Está constituido de minibloques de dos plantas apilados como si fueran piezas de lego, dejando huecos entre ellos que permiten la entrada de la luz y de los vecinos a sus viviendas. Aunque el sol está en lo más alto, produce juegos mágicos de luces y sombras, contrastes y reflejos que me sorprenden mire donde mire.


Dos edificios que enriquecen el patrimonio arquitectónico de la capital de España. El primero ya está habitado y aparece encerrado en sí mismo mirando altivo a su alrededor, con sus moradores atrincherados en su castillo. El segundo está a la espera de sus inquilinos, que pronto lo llenarán de vida. Habrá que ver cómo se comportan y cómo cuidan este valioso patrimonio, si son capaces de apreciarlo o lo convierten en un búnker. Sin duda es un edificio creado para facilitar la convivencia, el intercambio y la integración; espero que se consiga. Sé que a la mayoría de la gente le gusta vivir en una vivienda convencional, pero yo me considero bastante original y no me importaría nada habitar en alguno de estos edificios.








galeria59 dijo
A mi también me gusta mucho la arquitectura ... por eso me enfado mucho al ver como ha crecido Madrid barrio por barrio y derribando unas casas y construyendo moderneces que "no pegan ni con cola "...
Pero Sanchinarro como Barrio nuevo si , también me gustán los edificios que ilustran tu post , como las torres nuevas de la Castellana .
Un abrazo
11 Agosto 2009 | 01:18 AM