Mandawa, primeras sensaciones
Ya he vuelto de mi fantástico viaje a la India y aún arrastro los efectos del jet lag, pero estoy deseoso de compartir con vosotros mis experiencias. Todavía estoy aterrizando y no me acostumbro a Madrid, que ahora me parece tan limpio y tan diferente de las ciudades que he visto. Mientras escucho uno de los discos que compramos en Delhi, cuya melodía me traslada hasta allí, empiezo con el relato de mi viaje. He decidido comenzar por el principio para no perderme, para seguir un orden que me ayude a recorrer de nuevo paso a paso aquellos lugares, esta vez con vosotros.
Llegamos a la capital a medianoche y la abandonamos por la mañana, así que nuestro primer paso por Delhi es fugaz. Pasamos por la ciudad de puntillas, ya habrá tiempo de disfrutarla al final del viaje. Tal vez es mejor así, dejar la capital para la última etapa, como postre, pues como primer plato se nos podría atragantar. Por la mañana partimos con destino a Mandawa en nuestro primer trayecto en coche, que yo encaro con los ojos bien abiertos. Atravesamos los primeros pueblos con sus coloridos mercados y nos sorprende el tráfico enloquecido. Desde nuestro coche vemos carros tirados por camellos y hombres amontonados en vehículos que nos trasladan a otra época.



A mediodía llegamos a nuestro destino y el conductor nos deja en el impresionante hotel Castle Mandawa, situado en el interior del fuerte que domina la población. Nos dedicamos a recorrer las increíbles estancias de este hotel-palacio, donde se mezclan encantadores rincones llenos de historia con modernas instalaciones propias de un establecimiento de lujo. Una perfecta combinación entre lo antiguo y lo actual, con un ambiente entre decadente y confortable, que transmite relax y lujo asiático.



De inmediato nos echamos a la calle para dar un paseo por el pueblo, en nuestro primer cara a cara con la realidad de este país. Afortunadamente se trata de una población pequeña y relativamente tranquila, ideal para empezar. Vemos algunas hermosas havelis, que son las antiguas casas de los ricos comerciantes, con sus arcos y balcones de piedra tallada. Vemos también mujeres vestidas con los saris de colores brillantes tan típicos del Rajastán. Pasamos por delante de un templo hindú, que luce engalanado con guirnaldas con motivo de alguna festividad.



Pero no todo es tan bonito como sale en las fotos... También nos damos de bruces con lo más desagradable: el sofocante calor que nos hace chorrear de sudor, el mal olor que inunda las calles embarradas y sucias, y los niños que comienzan a rodearnos. Al principio creemos que nos dicen "disculpen" y nos extraña, pero luego nos damos cuenta de que dicen "school pen", o sea, que nos piden bolígrafos. Tras recorrer el pueblo, agotados, empapados y agobiados, decidimos volver al hotel para disfrutar de la maravillosa piscina que habéis visto. Por hoy ya hemos tenido suficiente.
Después del baño, de la ducha y de la estupenda cena, subimos a la terraza del fuerte a tomar un té. Desde lo alto se disfruta de una espléndida vista de la población y sus alrededores, que de noche y con el torreón iluminado se vuelve mágica. Tumbados cómodamente en nuestro chill out particular, solos mirando las estrellas, nos sentimos como pachás. Más aún cuando empiezan a sonar unos cánticos que ascienden desde el templo que os he mostrado. La música nos envuelve y convierte la noche en un sueño fantástico que pone un perfecto colofón a esta primera y larga jornada.











galeria59 dijo
Qué sitio mas de cuento !!!
Me gustan mucho los colores de las fotos ...
El hotel de las mil y una noches ...
Seguiré tus crónicas de este apasionante viaje !
Un abrazo y bienvenido a casa !
6 Septiembre 2009 | 09:04 PM