Museo Sorolla, la casa del pintor
El pasado domingo visité el Museo Sorolla de Madrid, al que no había vuelto desde que era estudiante. Está ubicado en la casa donde vivió el pintor, un encantador palacete del barrio de Chamberí. Tenía muchas ganas de visitar de nuevo la casa de este pintor famoso por sus luminosos cuadros costumbristas de las playas valencianas, que se ha vuelto a poner de moda tras la gran exposición que le dedicó el Museo del Prado el año pasado. Supongo que por eso había bastante gente, a pesar del frío y la lluvia que nos acompañó el domingo, como tantos días en este invierno eterno. Bueno, supongo que también porque los domingos la visita al Museo Sorolla es gratuita.

Joaquín Sorolla no era el típico pintor que no vendió un cuadro en su vida (como Van Gogh) ni el típico artista bohemio y pobre como tantos. Viendo este patio andaluz del palacete que habitó es fácil comprender que era de familia acomodada y que tuvo una vida desahogada. Tanto su casa como sus cuadros nos trasladan fielmente a la época que le tocó vivir, entre los siglos XIX y XX. No hice fotos en las primeras salas del museo porque no me atreví, pero al llegar a la tercera decidí preguntar y me dijeron que se podía sin flash. Por eso las primeras fotos del museo que vais a ver corresponden a la Sala 3, cuyas altas paredes están cubiertas de cuadros del pintor y de otros objetos artísticos.



Aquí podéis ver uno de los grandes y luminosos cuadros playeros de Sorolla, sin duda los más famosos y característicos del pintor. Reconozco que son los que más me gustan, pero gracias a esta visita he conocido otras facetas de su obra. En esta gran sala estaba situado el estudio del pintor, que se recrea en un rincón de la misma. Como podéis ver a continuación, todo su material de pintura se conserva en perfecto estado: el caballete, la paleta y los pinceles parecen listos para volverse a usar.


A continuación visitamos las habitaciones nobles de la casa de Joaquín Sorolla, que se conservan exactamente igual que en su época, como se puede comprobar en algunas fotos. Ahora veréis el elegante comedor, que el propio pintor decoró con motivos vegetales y frutales. Además, son abundantes las estatuas y las piezas de cerámica y orfebrería, que reflejan su buena posición. Hay que tener en cuenta que, cuando Sorolla se instaló en Madrid junto a su esposa Clotilde (uno de cuyos muchos retratos veréis a continuación), ya había alcanzado la fama. Era entonces un pintor prestigioso que habia ganado varios premios.


Subimos a la planta superior, donde antaño estaban los dormitorios. Ahora, aquí hay más salas del museo, donde se muestran preciosas pinturas de Joaquín Sorolla. Por fin tengo una visión clara de la evolución artística de su obra. Aunque comienzo con una de las más famosas obras de su periodo de madurez, otra de niños (en este caso niñas) en la playa, las siguientes son anteriores. La marina y la escena costumbrista que vais a ver corresponden a su primera etapa, anterior a 1900. Son cuadros realistas de técnica casi miniaturista, que ya apuntan la maestría de este gran pintor.



Continúo con dos retratos de la etapa más prolífica de Sorolla, la primera década del siglo XX. En ellos vais a ver claramente la evolución de su pintura hacia el impresionismo. El primer retrato muestra al hijo del pintor en su juventud, y en él ya se aprecian los trazos ligeros. Pero es en el de la gitana que veréis después donde los brochazos se vuelven más impresionistas, sobre todo en las manos y el niño.


Cierro con dos obras de su última etapa, posterior a 1910. En la primera el impresionismo ya es total: el pintor logra con unas pocas pinceladas un cuadro que se adelanta a tiempos más modernos. El último cuadro que vais a ver corresponde a la serie Miradas de España que Sorolla pintó para la Hispanic Society de Nueva York, con la que el pintor logró fama universal.


Al salir del museo, recorremos el pequeño jardín que rodea el palacete. No podemos disfrutar de sus coquetos rincones por culpa de la lluvia, pero fotografío algunos detalles. Románticas fuentes y estatuas rodeadas de setos crean acogedores espacios, aunque si miramos hacia arriba vemos altos edificios por todos lados. Un entrañable y desconocido oasis en pleno centro de Madrid, que os recomiendo visitar.



















lascosasdepepe dijo
Sorolla,,uno de los grandes.
un abrazo.
28 Febrero 2010 | 10:23 PM