Fauna marina

Hoy os invito a un experimento sociológico que me he inventado, aunque también podría llamarse zoológico. No puedo evitar observar a las personas que me rodean y he descubierto que nuestra sociedad es como el océano. Para poder hacer un estudio hay que tomar una muestra y, si el acuario sería la muestra marina, la empresa me sirve de muestra social. Además, hay otra similitud, pues un edificio empresarial acristalado se asemeja a una pecera (no en mi caso, pues trabajo en una especie de nave con ventanas contadas). Los animales que habitan el océano tienen su equivalente en las personas que trabajan en una empresa, como os explico a continuación.
Por supuesto, los reyes de los mares son los tiburones, los especímenes más peligrosos para el resto de los mortales. Ocupan los puestos más importantes en el organigrama y son capaces de causar graves daños a su alrededor. Son prepotentes y orgullosos, totalmente imprevisibles e incontrolables. Saben que son superiores porque tienen el poder, así que se creen con derecho a menospreciar a los demás, a pasar de largo o a devorarlos según les venga en gana. Casi todos los seres tiemblan cuando ven acercarse a un tiburón, pues no se sienten seguros. Otros se quedan paralizados y cierran los ojos, con la esperanza de no llamar su atención y pasar desapercibidos.
Evidentemente, los tiburones llevan consigo sus rémoras, que viven en perfecta simbiosis con ellos. Las rémoras hacen el trabajo sucio: limpian la mierda de los tiburones a cambio de que ellos no les den ningún mordisco. En realidad, estos pececillos asquerosos, que en la empresa son conocidos como "pelotas", son casi tan peligrosos como los tiburones. Carecen de la astucia de éstos, pero son capaces de cualquier cosa para que queden limpios, así que se ganan la antipatía y el odio del resto de habitantes del acuario. Siempre que hay un tiburón hay unas cuantas rémoras pululando a su alrededor, eso no falla. Como se pasan el día comiendo mierda, estos pececillos apestan.
El grueso de la fauna marina lo forman los bancos de peces. Seguro que los habéis visto en el océano: todos nadan a la par, en la misma dirección, formando un todo. Son todos iguales, del mismo color, completamente anodinos si los vemos de uno en uno. Pero nunca veremos a uno separado del resto porque siempre van juntos, necesitan ir en grupo porque así se sienten protegidos. Ninguno destaca sobre el resto ni tiene personalidad propia, por eso a veces nos resulta difícil identificarlos y recordar sus nombres. Hacen todo juntos, desde ir al baño hasta tomar café, y todos se marchan a la vez porque se esperan unos a otros. Poco más se puede decir sobre estos grupos de seres vacíos.
Afortunadamente, también hay animales con personalidad propia. Está el pulpo, que lanza sus tentáculos hacia todas las chicas de la oficina. La estrella de mar, que brilla con luz propia y provoca la envidia de todas sus compañeras. El pez payaso, que siempre está contando chistes malos y encima pretende que los demás le rían las gracias. El pez globo, que se hincha orgulloso presumiendo de cualquier cosilla. La morena, agazapada en su rincón con cara de mala leche, esperando que se acerque alguien para morderle el cuello. La tortuga, tan lenta para todo que desespera a cualquiera. El calamar, que en cuanto ve peligro lanza un chorro de tinta para despistar. El lenguado, que se camufla con el medio para escaquearse... Y por último, el cangrejo, a quien no le importa caminar en dirección contraria al resto de la fauna. Supongo que éste soy yo.

















charlitox dijo
La foto es mía, la hice hace años en el acuario del Zoo de Madrid.
27 Mayo 2010 | 10:06 PM