Playaterapia

Creo que ya os lo he dicho varias veces: para mí no hay nada mejor. Llegar a una playa tranquila, desnudarme y tumbarme bajo el sol con los ojos cerrados, sintiendo cómo sus rayos me acarician y me queman. Bañarme desnudo en el mar, jugar con las olas, saltar por encima y bucear por debajo. Tumbarme sobre las aguas haciendo el muerto, notando cómo las olas me mecen y el sol calienta mi piel mojada. Es el relax absoluto, que me hace olvidar los problemas diarios. Es la mejor terapia para cargar pilas antes de volver a la vorágine.

En mi reciente escapada a Cádiz también tuve tiempo para esta deliciosa terapia. Fuimos a mi playa favorita de la zona, cerca del Faro de Trafalgar. La conozco desde hace más de veinte años y sigue prácticamente igual, con su arena fina, sus aguas limpias y frías, poca gente y mucha tranquilidad. Las playas gaditanas son perfectas para disfrutar del baño, el paseo y el relax, por su gran extensión y poca masificación. Aquí puedes encontrar tu rincón privado y sentirte libre, en contacto con la naturaleza, un lujo al alcance de unos pocos.

Igual que hacía yo veinte años atrás, fuimos caminando por la playa hasta el Sajorami, que seguía al fondo, en lo alto de su atalaya. Pero lo encontré muy cambiado: si entonces era un precioso chiringuito de cañas y hojas de palma, porque estaba prohibido construir, ahora es el centro del pequeño imperio que han creado sus dueños alrededor. Apartamentos y casas de alquiler para unos pocos privilegiados en un nuevo pueblo que yo no conocía, porque antes literalmente no existía. Una amenaza a pequeña escala para la playa de Zahora.

La gran amenaza se cierne sobre la vecina playa de El Palmar, donde existe un proyecto para construir un gran complejo hotelero. Hace tiempo que soy miembro de la Plataforma Salvar El Palmar, o al menos soy su amigo en facebook. Ahora todos podéis firmar en su página web para evitar este desastre. Supongo que la crisis ha retrasado el proyecto, pero no hay que bajar la guardia. Os invito a que firméis para que se proteja este rincón de nuestra costa, para que todos podamos seguir disfrutando de las últimas playas semivírgenes de España.

Me he ido un poco del tema, pero es que estoy algo disperso últimamente, por eso me cuesta tanto centrarme y escribir. No lo he podido evitar, porque me rebelo ante la dictadura del cemento que amenaza este precioso lugar. Pero no os preocupéis, que no me altero, porque lo bueno de la playaterapia es que sus efectos duran algún tiempo. Ahora que nuevos problemas y preocupaciones se ciernen sobre mí, cierro los ojos y veo la playa, oigo el sonido del mar y siento el sol que acaricia mi piel, incluso el sabor de la sal al pasar la lengua por mis labios...



















gabriela dijo
Preciosa playa, no se merece el cemento encima, a pocos metros...ni menos las aglomeraciones. Hay lugares que merecen ser un refugio para muchos sin discriminación.
Me alegra que este paseo te haya servido para cargar las pilas y sacudirte los problemas.
Un abrazo.
gabriela
20 Junio 2010 | 07:10 AM