Pekín en contraste: lo eterno
Pensaríais que, en contraste con lo moderno, despues vendría lo antiguo, pero es que no hay nada en Pekín que se pueda calificar así. Casi todo lo antiguo ha sido destruido y es una pena, porque en su lugar crecieron edificios de corte soviético durante décadas y ahora crecen rascacielos. Además, como los chinos tienen la costumbre de renovarlo todo, lo poco que se conserva desde la antigüedad está tan restaurado y reconstruido que parece nuevo. Son edificios y monumentos que siempre han estado ahí, pero parece que se acaban de construir. Por eso he decidido llamar a este paseo por la ciudad "lo eterno" que, además, rima con moderno.
Comenzamos donde acabé mi post anterior, en la Plaza de Tiananmen, desde donde se accede a la Ciudad Prohibida. Entramos en ella cruzando la Puerta de la Paz Celestial, presidida por un gran retrato de Mao Zedong. Si el otro día os conté que Pekín es una ciudad cuadriculada, el centro de esta cuadrícula lo ocupa la colosal Ciudad Prohibida. Reservada al emperador durante siglos, él casi nunca salía de esta ciudad, en la que casi nadie podía entrar. Ahora que el palacio es un museo abierto al público, el pueblo se ha apropiado de él, así que nos vemos rodeados de una muchedumbre aún mayor que las que hemos sufrido hasta ahora.



Dos inmensos leones nos dan la bienvenida al recinto interior del palacio, un conjunto de preciosos edificios de tejados dorados y brillantes colores. Entre ellos se suceden grandes espacios abiertos cubiertos de piedra, donde antiguamente se reunía la corte y hoy los turistas. Es difícil hacer una foto sin que aparezcan en ella cientos de personas, aunque consigo captar un gran espacio casi vacío: un milagro que consigue trasladarnos a otra época. Entre la multitud, es casi imposible asomarse para ver el interior de los pabellones, así que avanzamos y cruzamos un abigarrado jardín hasta salir por la puerta norte de la Ciudad Prohibida.



Si os fijáis en la foto anterior seréis testigos de una costumbre muy popular entre los chinos: levantarse la camiseta para refrescarse la barriga. Reconozco que yo también la practiqué y funciona bastante bien para combatir el sofocante calor. Hemos salido de la Ciudad Prohibida y ante nosotros se alza la colina que veis a continuación, presidida por un templo. Subimos hasta lo más alto para ver la vista, que resulta espectacular: impresiona ver la gigantesca Ciudad Prohibida desde arriba, con el foso que la rodea en primer plano. La vista alcanza hasta "el huevo", el nuevo Teatro de la Ópera que brilla a lo lejos, al otro lado de la Ciudad.



Este niño tan gracioso que acabáis de ver está en el templo, en lo alto de la colina. Resulta que otra costumbre muy popular en China es disfrazar a los niños con trajes antiguos y hacerles fotos, así que en la mayoría de los lugares turísticos se alquilan estos trajes. Bajamos de la colina para llegar al Parque Beihai, el más importante del centro de Pekín, ocupado en su mayor parte por un gran lago. En el centro de este lago está la Isla de Jade, donde se alza la Pagoda Blanca. Es un templo tibetano del siglo XVI que domina el parque y el lago, lleno de barcas donde los pekineses pasan el rato apaciblemente entre las flores de loto.


Paseamos por el parque tranquilamente, rodeando el lago y observando a nuestro alrededor. Vemos a un hombre que pinta con agua en el suelo, con la ayuda de una gran brocha. Otros paseantes se paran a admirar su obra, que a veces es figurativa y otras simples letras chinas, pues la caligrafía se considera un arte en este país. Encontramos gente que practica tai chi o artes marciales, algo que aún no habíamos visto pero que veremos en todos los parques que visitaremos en China. También hay hombres que se bañan en el lago en ropa interior, y es que los chinos no tienen ningún pudor, como tendremos ocasión de comprobar.


Nos internamos ahora en los hutongs, los barrios tradicionales de Pekín. Aunque muchos han sido destruidos, aún quedan algunos vestigios del pasado en esta zona. Son barrios de casas bajas de ladrillo gris, sin baños, separadas por estrechos callejones y patios donde se ubican los baños comunes. Vemos que aquí la gente sigue viviendo como antiguamente, de forma tranquila y sin las prisas de la ciudad moderna. Los vecinos se reúnen en la calle para jugar a las cartas o a las damas, pues los chinos son fanáticos del juego. En un estrecho callejón, nos cruzamos con un cocinero que corre camino del trabajo, o del baño...


Más vale tarde que nunca, parece que las autoridades de la capital china han decidido conservar y rehabilitar los hutongs que quedan, convirtiéndolos en un atractivo turístico para la ciudad. Esto es positivo por un lado, porque se salvan de la piqueta, pero por otro lado es negativo porque pierden su encanto y su modo de vida tradicional. Llegamos a una preciosa calle rehabilitada, convertida en zona turística, donde paseamos entre bicicletas y rickshaws. En lugar de las casas de vecinos que hemos visto antes, ahora todo lo ocupan cafés y tiendas de todo tipo, que venden mercancías tan extrañas e increíbles como las que vais a ver más abajo.


Cogemos el metro de nuevo para dirigirnos hacia el sur, pues hoy vamos a terminar nuestra ruta en otro icono de Pekín: el Templo del Cielo. Se encuentra también en el centro de un gran parque y su silueta es inconfundible. De cerca parece que está recién construido, pues está tan restaurado que parece nuevo. Me sorprende su brillante color azul, no sé si siempre lo había visto en fotos en blanco y negro... Entre otros turistas, disfrutamos del atardecer en este majestuoso lugar: subimos y bajamos las escaleras, rodeamos el templo circular y vemos el resto de edificios que lo rodean, igual de hermosos y azules, como el cielo.



Os he dicho que aquí termina nuestra ruta de hoy, pero aún os voy a mostrar una foto más, porque sin duda vale la pena. Nos dirigimos hacia la salida del Parque del Templo del Cielo cuando vemos a esta mujer y nos quedamos estupefactos. A los chinos no parece llamarles la atención, pero a los extranjeros sí, porque unos franceses se paran junto a nosotros, la miran y nos miran alucinados. Comprendemos de inmediato por qué los chinos son los más longevos del planeta, ya hemos visto a otros ancianos andando, corriendo y haciendo deporte en los parques, pero esto es increíble. En fin, una imagen vale más que mil palabras, sin comentarios:














colegui dijo
Impresionante lugar.
Es verdad, al menos en las fotos da esa sensación de estar construido hace cinco años, no más. Acerca de que los chinos les gusta el juego es cierto. Me acuerdo una vez, que fuí con mis coleguis al casino de Torrelodones a cenar y había un huevo de chinos apostando y jugando.
Impresionante todo lo que nos muestras. Jajaja, creo que todos nos vamos repitiendo, post tras post, pero es así de cierto. Fantástico.
Que tengas un buen domingo.
Saludotes
19 Septiembre 2010 | 03:28 AM