Segundo día en Xi'an: bajo la lluvia
El primer día en Xi'an lo pasamos bajo un cielo plomizo, pero nos libramos de la lluvia. Sin embargo, cuando nos levantamos a la mañana siguiente está lloviendo, y lo peor es que no parará en todo el día. Ya nos pasó en Pekín, supongo que es lo que tiene viajar a China en verano... No nos resignamos a quedarnos sin salir, así que pedimos prestados el el hotel unos paraguas que nos acompañarán durante toda la jornada. Cogemos un taxi para ir a visitar la Pagoda del Gran Ganso, uno de los monumentos más emblemáticos de esta vieja ciudad. Cuando llegamos y bajamos del coche, la lluvia se ha convertido en aguacero.


La vieja pagoda de ladrillo fue concluida en el año 652 para albergar los escritos de un monje budista. Tiene siete alturas y se puede subir, pero no lo hacemos porque hay que pagar y ya hemos pagado bastante por entrar en el recinto. Junto a la pagoda se encuentra el bonito Templo de Da Ci'en, uno de los más grandes de la época Tang, aunque los edificios actuales datan de la dinastía Qing. En realidad, está tan restaurado que parece nuevo, pero recorremos todo su interior para no mojarnos y para disfrutar del bello conjunto que forma junto a la pagoda. Al salir al jardín, un gran buda dorado recibe los deseos que los visitantes dejan escritos.


Nosotros lo único que deseamos es que deje de llover, pero no tendremos esa suerte... Salimos del recinto y nos refugiamos en un café, antes de emprender la dura tarea de conseguir otro taxi que nos lleve al centro. Finalmente para uno conducido de manera temeraria por una mujer. Estamos extramuros y yo quería aprovechar el camino para visitar y fotografiar las famosas murallas, pero esto se convierte en misión imposible bajo el aguacero. La taxista temeraria nos deposita en el mismo centro de Xi'an, la plaza de la Torre de la Campana que ya os mostré. Comenzamos a recorrer las calles comerciales que desembocan aquí.
Pasamos unas horas de tienda en centro comercial, la única forma posible de evitar la lluviosa calle. Comemos por primera vez (no será la última) en un KFC, más conocido en nuestro país como Kentucky Fried Chicken. Estos restaurantes de fast-food o comida basura triunfan en China y abundan en todas las ciudades. Después volvemos al barrio musulman, sin duda lo que más nos ha gustado de Xi'an, y entramos a visitar la Casa Tradicional. Se trata de una preciosa residencia de la dinastía Qing, restaurada y abierta para los turistas como museo. A pesar de la fuerte lluvia, podemos apreciar la belleza y elegancia de todos sus rincones.


Nos trasladamos a otra época que ya parece lejana, perdida en la vorágine de la China actual. Recorremos las diferentes estancias de la casa, separadas por encantadores patios donde se funden piedra y madera con miles de detalles: plantas, faroles, estatuas o arcos circulares. Visitamos el dormitorio, el templo y la sala de té, donde disfrutamos de la ceremonia y probamos distintas variedades. Finalmente nos recibe un hombre vestido al estilo Mao: es quien nos hará la función teatral. Vemos las graciosas marionetas que sirven para representar La leyenda del rey mono, pero nosotros hemos elegido la función con sombras chinescas.



No entendemos mucho el argumento de esta leyenda mitológica protagonizada por un rey, un mono, un cerdo y una princesa, pero disfrutamos a lo grande de este espectáculo representado en exclusiva para nosotros. Mientras el hombre que habéis visto hace sonar un instrumento tradicional, una mujer mueve hábilmente las sombras tras la pantalla. Ella hace la voz de la princesa y él la de los personajes masculinos, pero a nosotros todo nos suena a chino. Cuando terminan les aplaudimos a rabiar y salimos de la casa-museo para volver a las calles del barrio musulmán. Comienza a anochecer y parece que ahora llueve un poco menos.


Caminamos por última vez por estas estrechas calles llenas de puestos de comida, que resultan especialmente atractivos iluminados por la tenue luz de las bombillas. Vemos por última vez chinos tocados con gorritos y chinas cubiertas con velos. Todo está hoy más tranquilo, pues la lluvia ha reducido la afluencia de público. Paseamos tranquilamente, nos dejamos atraer por los curiosos olores y compramos deliciosos pasteles de huevo. Al salir por última vez de este barrio tan especial nos encontramos con la Torre del Tambor brillantemente iluminada, la última foto de esta ciudad antes de apretar el paso, pues la lluvia arrecia de nuevo.

Dedicado a mi querida amiga María, que ahora está volando entre nubes irlandesas. No he podido evitar acordarme de ti, porque seguramente en Irlanda tendrás que sufrir muchos días de lluvia como este. Espero que te vaya muy bien en la vida y en tus viajes, sé que tienes muchos por delante.















galeria dijo
Como me gustan los títeres...
Toda una gran vivencia ...tu viaje
Saludos
16 Octubre 2010 | 10:50 PM