Por el río Li, como Avatar en Pandora
Llegamos al momento culminante de nuestro viaje a China: el crucero por el río Li, desde Guilin hasta Yangshuo. Un viaje de cuatro horas en barco, cruzando el paisaje más alucinante que he visto jamás. Esas montañas de origen kárstico que ya os he mostrado en posts anteriores, pero que ahora vais a ver en todo su esplendor. Un paisaje que inspiró a James Cameron para crear el planeta Pandora, que es el auténtico protagonista de su película Avatar.



Este crucero es una ruta turística de gran importancia: del puerto de Guilin parte un convoy de barcos cargados de turistas, que surcan las aguas del río ordenadamente. Es por la mañana y el cielo está cubierto de nubes, pero el sol calienta fuerte y se encargará de disolverlas. Algunos chinos navegan en sus balsas de bambú y se acercan a nuestro barco para intentar vender sus mercancías a los turistas. Según avanzamos, el paisaje se va haciendo cada vez más abrupto y espectacular.




En las riberas del río, bajo los picos de formas imposibles, crecen frondosos bosques de bambú de cola de pavo real (sobra explicar por qué los llaman así, ya habéis visto cómo son). Viajamos sobre la cubierta del barco disfrutando del panorama y del sol que comienza a apretar, rodeados de otros turistas. La mayoría son italianos de todas las edades, que viajan juntos en un nutrido grupo. En la popa de nuestro barco, como en todos los demás, ondea la roja bandera china.



Pasamos ante una pequeña aldea situada junto al río, oculta entre los bambúes. Montones de barcas aparcan alineadas en la orilla y surcan las aguas rodeando nuestro barco. Las ocupan familias de turistas locales, que vienen a disfrutar de este delicioso lugar y nos saludan sonrientes cuando estamos cerca. Componen una estampa maravillosa y auténtica, cuando entramos en la zona más impresionante del recorrido. El paisaje que nos rodea ahora nos traslada definitivamente a otro planeta.


Acabáis de ver la montaña de los siete caballos, como llaman los locales a esta enorme formación rocosa. Sobre la pared negra podéis ver siete caballos blancos, o eso es lo que dicen ellos, porque hay que echarle imaginación. Yo sólo consigo distinguir el grande de arriba, mirando hacia la derecha, y si acaso otro más pequeño justo debajo, mirando en dirección contraria. También son famosas las dos montañas gemelas que vais a ver a continuación, porque salen en el billete de doscientos yuanes.



Llega la hora de comer y bajamos por primera y única vez al interior del barco. Tenemos incluida la comida, un variado buffet del que damos buena cuenta rodeados de los ruidosos italianos. Lo que no tenemos incluido es el licor de serpiente que nos ofrecen a continuación, así que nos abstenemos de probarlo (tampoco resulta muy atractivo a primera vista). Después de comer subimos de nuevo a la cubierta a fumar y disfrutar del paisaje, que ahora se llena de prados donde pastan los búfalos de agua.




Finalmente llegamos a nuestro destino: el precioso pueblo de Yangshuo, que tendréis ocasión de conocer en un próximo post. Los barcos se amontonan y descargan por turnos hordas de turistas de todas las nacionalidades (aunque el 90% son chinos). La naturaleza que nos rodea es espectacular, sobre todo al otro lado del río, donde vemos las barcas, los bosques de bambú y las extrañas montañas que parecen seres vivos. Un perfecto resumen de este crucero que jamás olvidaré.



Cuando llego al hotel y me veo en el espejo me sorprendo: estoy rojo como un tomate. Al final ha salido el sol y en el barco nos ha pegado de lo lindo. Estamos en el sur de China y aquí el sol es más fuerte que en el norte, así que -por primera vez en el viaje- me veo hasta moreno. Se me había ocurrido ponerme una camiseta sin mangas para el crucero y, cuando me la quito, parezco un click de famobil... ¡Tengo los brazos de un color y el tronco de otro!











gabriela dijo
¡ Que viaje más lindo, Charly! Si no fuera por los barcos, el paisaje se vería muy irreal, la verdad. Estaba pensando que si le pasas plastilina a un niño y le pides que haga unos cerritos...y te los hace así, pensarías que no sabe hacerlos...Es una rareza !! Pero son muy bonitos al mismo tiempo. Llaman la atención las embarcaciones por ser tan bajitas, a ras de agua casi, en que se desplazan , como esa familia que iba saludando...En cuanto al licor de serpiente...jamás lo probaría!!
En cuanto a la montaña de los siete caballos, quizás hace años se veían mejor, y después hubo derrumbes...Yo ví tres...
Muy bonito post.
Besos.
4 Diciembre 2010 | 12:52 AM