El embrujo de Shanghai
Nuestro viaje a China da un giro radical, del campo a la ciudad, de Yangshuo a Shanghai. La ciudad por excelencia, la mayor de China y una de las más pobladas del mundo, con más de 20 millones de habitantes. Una urbe impresionante y resplandeciente, con autopistas elevadas y bosques de rascacielos que se pierden en el horizonte. Shanghai tiene una historia corta pero intensa, en la que ha sufrido importantes transformaciones. Cosmopolita como pocas ciudades, hace ciento cincuenta años comenzó a atraer a los franceses, ingleses y japoneses, al calor del comercio de su importante puerto internacional. Llegó a conocerse como la Puta de Oriente (gracias al juego, las drogas y la prostitución) y pasó décadas sumida en un declive que parecía imparable, durante la dictadura comunista más cerrada.

En los últimos años, con el cambio radical que ha sufrido China, Shanghai ha recuperado su pujanza y ha vuelto a ser conocida como la Perla de Oriente. Todo comenzó hace veinte años, cuando el nuevo gobierno creó una zona especial en Pudong, al otro lado del río Huangpu que cruza esta ciudad. Allí donde entonces sólo había arrozales y pueblos de pescadores, hoy ha crecido el centro financiero de primer orden que habéis visto en la primera foto. Disfrutamos de la vista de este espectacular skyline entre la niebla desde el Bund, el paseo más famoso de la ciudad. Un privilegiado mirador que nos permite admirar el contraste entre los modernos rascacielos del otro lado, construidos hace una década, y los monumentales edificios del Bund, construidos hace un siglo. Parece que el río separe dos ciudades y dos momentos de la historia.


Dejamos atrás la monumental fachada fluvial que es el Bund y nos internamos en la ciudad por Nanjing Road, la calle comercial por excelencia de Shanghai. Una vía peatonal ancha y larga, flanqueada por centros comerciales de todo tipo y recorrida por una multitud de chinos y extranjeros. En esta zona se mezclan los edificios más modernos con otros más antiguos, pero igualmente imponentes, dando lugar a curiosos contrastes. Llegamos a la Plaza del Pueblo, un nombre muy apropiado para la zona verde que se considera el centro de la ciudad. Tras el moderno monumento, al fondo a la izquierda, veréis un rascacielos con forma de cohete: es Tomorrow Square, uno de los edificios más emblemáticos de Shanghai. Como podéis ver, en esta zona del centro de la ciudad también abundan los rascacielos, no sólo en el área de Pudong.



Nos sumergimos ahora en el barrio llamado Concesión Francesa, un oasis en pleno centro de Shanghai. Una amplia zona de casas bajas que nos traslada a cualquier ciudad europea. Calles apacibles y arboladas donde circulan bicicletas y viven muchos expatriados, que han venido a la ciudad a hacer negocios o trabajar en la Expo 2010. Aquí se respira un ambiente más tranquilo, alejado del ajetreo del centro. Vemos familias europeas paseando con sus niños, comprando en tiendas pijas o comiendo en restaurantes internacionales. Afortunadamente, nosotros encontramos un encantador restaurante chino donde probamos la deliciosa gastronomía local, que siempre nos sorprende. Después seguimos paseando por este agradable barrio, donde comprobamos de nuevo que la siesta es un deporte que los chinos practican en cualquier lugar.



Ahora cogemos el ultramoderno metro de Shanghai para llegar, cruzando bajo el río, hasta Pudong. Salimos a la superficie a los pies de los dos rascacielos más altos de la ciudad, que podéis ver a continuación. En primer plano veréis la torre Jing Mao, que fue la más alta de Shanghai hasta que, recientemente, se concluyó la que veis detrás: el Shanghai World Financial Center (SWFC). Nos disponemos a subir hasta lo más alto de este rascacielos que, como veis, presenta una curiosa forma de abrebotellas. En los proyectos iniciales el hueco superior era de forma circular, pero los habitantes de Shanghai vieron en ese círculo la bandera de Japón (la empresa promotora del edificio era japonesa) y finalmente se cambió para no herir susceptibilidades. Nos rodean rascacielos recién construidos por los cuatro puntos cardinales.


Nos acercamos al SWFC y lo vemos de perfil, ahora parece otro edificio como podéis apreciar a continuación, se ve puntiagudo y ha desaparecido el hueco trapezoidal que lo culmina. Por fin entramos y pagamos un dineral para subir hasta el mirador más alto, situado justo encima de ese hueco, a casi 500 metros de altura. Previamente hemos de esperar varias colas y subir, rodeados de turistas, en ascensor y escaleras mecánicas. Visitamos primero el mirador inferior, situado bajo el trapecio y más amplio, pero la emoción está en el superior: una pasarela con suelo de cristal sobre el vacío, que produce vértigo. Ya ha anochecido y las vistas son espectaculares, a nuestros pies millones de luces iluminan esta gigantesca ciudad.


Tras esta impactante y vertiginosa experiencia, bajamos de nuevo hasta pisar tierra firme. Ante nosotros se alza, iluminada en brillantes colores, la torre Perla Oriental, otro de los edificios más característicos de Shanghai. Una riada de gente lo inunda todo y disfruta del espectáculo de las luces de la ciudad. Porque al anochecer Shanghai se transforma en una ciudad-espectáculo, una especie de parque temático invadido por los turistas. Nosotros nos impregnamos de este sentimiento y decidimos volver al Bund utilizando el túnel panorámico, una especie de atracción que parece sacada de una película de James Bond de los años 70. Viajamos en una cabina acristalada rodeados de luces de colores, música y sonidos inenarrables.


Cuando llegamos al Bund casi no cabemos, de la cantidad de turistas que se amontonan tratando de fotografiar el panorama más codiciado: el skyline de Pudong (la zona de la que venimos) iluminado en mil colores es una postal obligada. A continuación la podéis ver, con las torres que ya os he mostrado (la línea vertical azul del fondo es del SWFC, al que hemos subido). Tras nosotros y la muchedumbre, los elegantes edificios del Bund también aparecen iluminados, en una estampa que compite en belleza con la que vemos enfrente. Es el delirio absoluto, donde los turistas chinos y extranjeros peleamos por encontrar un hueco para conseguir la mejor foto, mientras otros hacen lo mismo desde los barcos que surcan las aguas del río.


Nuestro segundo día en Shanghai lo dedicamos íntegramente a visitar Expo 2010, como ya os conté en otro post detalladamente. Esta exposición universal ha sido la excusa para limpiar la ciudad, que tras una dura labor de varios años ahora luce resplandeciente. En nuestra última mañana en Shanghai nos disponemos a visitar la zona que nos queda: la ciudad antigua. Creíamos que no había nada antiguo aquí, pero nos equivocamos. Vamos paseando entre viejas casas por calles que conservan el auténtico sabor de la China tradicional, a la sombra de los rascacielos residenciales que amenazan su existencia. Como es habitual aquí, poco a poco todo se transforma en un gigantesco centro comercial, lleno de tiendas de recuerdos de todo tipo y atracciones de feria que parecen sacadas de una vieja película.



Por fin, en el centro de este gigantesco bazar, encontramos el embrujo de Shanghai. Se trata de los jardines de Yuyuan, un maravilloso paraje escondido entre tanta aglomeración, absorbido por la urbe que ha crecido alrededor. Construidos originariamente en el siglo XVI y restaurados varias veces, son prácticamente el último vestigio de la jardinería de la dinastía Ming. Tenemos que verlos rodeados de montones de turistas, sobre todo japoneses, pero podemos disfrutar de la belleza de sus rincones, sus estanques llenos de voraces carpas anaranjadas y sus elegantes pabellones. Un auténtico laberinto de pasadizos entre rocas calizas decorativas, cascadas y puentes, kioskos y detalles que llaman nuestra atención. Como los dragones negros que coronan los muros blancos que rodean el jardín, o las delicadas figuras sobre los tejados.



Al salir de estos preciosos jardines nos encontramos con la casa de té de Huxinting, que vais a ver a continuación. Es la más antigua de Shanghai y una de las más famosas de toda China. Está construida sobre un estanque y por eso sucede lo que veréis en la foto: el calor evapora el agua y forma una neblina, así que parece que la casa flota sobre las nubes. Es una visión mágica y evocadora que sirve para poner fin a este recorrido por la ciudad de Shanghai, una gran urbe llena de contrastes y sorpresas. También pone fin a mis posts por este año 2010, aunque me queda la última etapa de mi viaje a China. No me importa que se quede para otro año, porque se trata de Hong Kong y, aunque pertenezca a China, en realidad es otro mundo.













lasrecetasdeteresa dijo
Hola Que tal esa noche buena estas más animado, a mi con estas fotos que has puesto me muero de enviada, por cierto no tenemos ya la opción de llevárnoslas han quitado lo de favoritos o yo no lo veo.
Bueno Carlos deseo que el próximo año sea un poco mejor para el mundo entero y para ti particularmente, de corazón un abrazo muy fuerte de tu amiga Tere
29 Diciembre 2010 | 01:54 PM