El pasado domingo se celebró en Madrid la Gala de entrega de Premios de la Academia Española de Cine. Estos premios, más conocidos simplemente como "los Goya", cumplían 25 años y por ello la Gala se trasladó de su sede habitual (el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones) al Teatro Real, en pleno centro de Madrid. Era el gran golpe de efecto con el que Alex de la Iglesia cerraba su etapa como director de la Academia, pues ya había anunciado que renunciaría al cargo después de la Gala, como protesta por la Ley Sinde. Con los aplausos que recibió al finalizar su discurso (en el que dijo que "internet es la salvación de nuestro cine") quedó claro su triunfo ante la ministra de cultura, que fue abucheada al entrar en el Teatro. Poco importó a Alex que su película Balada triste de trompeta, que optaba a quince premios, recibiera sólo dos.

Por cuarto año consecutivo escribo aquí mi crónica sobre la Gala de los Goya, aunque esta vez la vi empezada por motivos ajenos a mi voluntad. Reconozco que este año no había hecho los deberes, pues de las películas nominadas sólo había visto También la lluvia. Ya os hablé aquí de la magnífica película de Icíar Bollaín, que sólo recibió tres premios, entre ellos el de mejor actor de reparto para el gran Karra Elejalde. El mismo número de premios recibió Buried (Enterrado), galardonada por su guión original, montaje y sonido. Pero fue Pa Negre (Pan Negro) de Agustí Villaronga la triunfadora absoluta de la noche, con nueve premios incluidos los principales: mejor película, director, actrices (principal, de reparto y revelación) y actor revelación. Es la primera vez que una película rodada en catalán triunfa en la noche de los Goya y acapara tantos premios.

No he visto aún Pa Negre, película que muestra los horrores de la Guerra Civil desde un punto de vista infantil. Estoy deseando verla, porque estoy seguro de que es un peliculón que merece todos estos premios. Me alegra muchísimo que por fin le haya llegado el reconocimiento al director mallorquín Agustí Villaronga, que comenzó su carrera catalogado como "maldito". Sus primeras películas Tras el cristal y El niño de la luna lo convirtieron en director de culto dentro del cine de terror y fantasía, que tan de moda está hoy. Con 99.9 marcó un hito dentro de este mismo género, aunque yo recuerdo sobre todo su preciosa película El mar, en la que ya habló de la Guerra Civil. Como os he dicho su última película (como algunas de las anteriores) está rodada en catalán, pero esta no es la única razón que explica el título de este post (y no busco ninguna intención política).

Por segundo año consecutivo, el presentador de la Gala fue Buenafuente, que cumplió correctamente como la vez anterior. Otro catalán quiso arrebatar protagonismo a las estrellas de la noche: el espontáneo Jimmy Jump, ese payaso que ya fastidió la actuación de Daniel Diges en el último Festival de Eurovisión, subió al escenario con su barretina cuando cuatro actrices se disponían a entregar el Goya a Javier Bardem como mejor actor. Esto ocurrió por un grave error de seguridad, pero hubo otros errores, como cuando Mario Camus salió para recibir el Goya de Honor y se oyó una voz en off que decía "sube al escenario Federico Luppi". Otro catalán destacado en la Gala fue Pasqual Maragall, que protagonizó un emotivo momento al recoger el premio al mejor documental por Bicicleta, cuchara, manzana, que narra su lucha contra el alzheimer.

Poco más que destacar sobre esta Gala del 25 Aniversario de los Premios Goya, que tuvo tan poco glamour como las anteriores. Por mucho que nos empeñemos, esto no es Hollywood, aquí el cine tiene más que ver con la política que con la moda. Así que no vale la pena hablar de los modelos que lucieron las actrices, que volvieron a abusar del negro para caminar sobre la alfombra roja (esta vez por fin era de este color y no verde como en las ediciones anteriores). Espero que el año que viene alguna actriz se atreva a lucir un modelo adecuado para la ocasión, y de paso se atreva a dar a conocer a algún diseñador español que espera su gran ocasión. Entonces sí dedicaré mi espacio a mostrar vestidos, pero para eso habrá que esperar un año más. Mientras tanto, seguiré disfrutando del cine español, algunas veces en las salas y otras veces en casa.