Ayer estuve, por fin, en la concentración juvenil que ha convertido el centro de Madrid y de España en el epicentro de una revolución pacífica que nos ha sorprendido a todos. Hoy escribo, por fin, sobre este tema, después de haber sido testigo de algo tan grande, de haberme sentido parte de este movimiento abierto a todos. Siento no haber escrito antes, pero reconozco que me ha costado aclarar mis ideas y ordenar mis sentimientos, pues todo esto me ha superado. Llevo varios días pensando muchas cosas, pero voy a intentar poner aquí en orden todo lo que ha pasado por mi cabeza.

Al principio fui muy escéptico, tal vez porque soy demasiado independiente y no creo en los grupos. Me pareció todo muy sospechoso, tal vez porque la vida me ha enseñado a desconfiar de casi todo. No entendía quién había organizado esta protesta, quién estaba detrás de este movimiento, quién movía los hilos de todo esto. No creí que fuera algo espontáneo, sino organizado por unos cuantos, que habían gestado la acción del 15 de mayo y se habían encargado de extenderla por las redes sociales. Quedaba así demostrado que estas herramientas son ideales para manipular a las masas.

Me quedé con un mensaje, el de la abstención, que no comparto. Será porque he visto nacer la democracia española y he votado en todas las ocasiones que me han dado desde que cumplí la mayoría de edad. Siempre he creído que el voto es la única herramienta que tenemos para hacer algo y cambiar las cosas. Además, todos sabemos que la abstención beneficia a la derecha porque ellos van a votar siempre, religiosamente y en familia. Sólo los de izquierdas se cuestionan la política y se plantean la abstención, así que por desgracia el PP ganará las elecciones del domingo por goleada.

Finalmente decidí profundizar en los motivos de esta revolución que ha imitado a las del Norte de África, tan cercano a nosotros. En realidad, estoy de acuerdo con todos y cada uno de los motivos que esgrimen los jóvenes, es cierto que nuestra democracia tiene fallos. Yo me indigno y me quejo, aquí o en otros foros, pero eso no sirve de nada. Tal vez esta acampada tampoco sirva de mucho, pero dicen que la unión hace la fuerza y si todos nos unimos tal vez nos escuchen, por lo menos ya se empieza a hablar de esto en todas partes. Un rayo de esperanza surgió en mi interior.

Dijo Esperanza Aguirre que lo que tienen que hacer los "antisistema" es presentarse a las elecciones. La marquesa presidente metió la pata como siempre, pues esto sería incongruente. Que se presenten a las elecciones los políticos, nosotros lo que queremos es que los políticos hagan bien su trabajo. Ya veis que me incluyo en el grupo, aunque algunos no se identifican con la palabra "antisistema". Yo sí, porque tengo claro que hay muchas cosas del sistema actual que no me gustan y que cambiaría: fuera corrupción, fuera religión, menos privilegios, más justicia, igualdad...

Cuando ayer entré en la Puerta del Sol, donde no cabía un alfiler, mi corazón latió con fuerza. Noté el subidón de adrenalina al sentirme parte de aquella masa heterogénea de gente joven y no tan joven. Hace unos años nos quejábamos de que los jóvenes eran apáticos y no se movilizaban, ahora debemos sentirnos orgullosos porque han sido ellos quienes han liderado esta revolución, que ya sirve de ejemplo para el resto de Europa. Una revolución pacífica de personas indignadas con muchas cosas que parecen asumidas en nuestra sociedad, que ya va siendo hora de cambiar.

Ayer fui a la Puerta del Sol justo después de asistir a una conferencia en el cercano Círculo de Bellas Artes. El ponente era Álex Rovira y hablaba de La Buena Crisis, su último libro. La charla fue interesante aunque no me enseñó mucho, pues yo sé bastante de este tema y lo he aplicado recientementa a mi propia vida. Sí aprendí que crisis tiene la misma raíz que crisol, crítica, crisálida, criba y Cristo. También aprendí una nueva palabra: longanimidad, cuyo primer significado según la RAE es "grandeza y constancia de ánimo en las adversidades" así que nos viene al pelo.

Deseo que este movimiento sea longánime para que entre todos saquemos algo bueno de la crisis actual y consigamos cambiar, transformar y mejorar nuestra sociedad. Para que no se vuelvan a repetir casos como la actual ley hipotecaria, pactada por los dos partidos mayoritarios: PSOE y PP. Ya sabéis, esa ley vigente hoy en día según la cual, si no puedes pagar tu hipoteca el banco se queda con tu casa, pero eso no te libra de la hipoteca, sino que tienes que seguir pagando. ¿En qué cabeza cabe eso? ¡Ni hablar, que los bancos apechuguen, que son los culpables de casi todos los males!