Me río de Madrid Río
Hace justo un año os mostraba aquí el primer tramo abierto de Madrid Río, los jardines que se han creado sobre los túneles de la M-30, enterrada a ambos lados del río Manzanares. Ya os dije entonces que el alcalde inauguraría el segundo tramo antes de las elecciones municipales y así lo hizo, abriendo la parte que hoy os muestro hace unas semanas. Pudo terminar esta operación, que estuvo años parada por falta de financiación, gracias al Plan Zapatero, el dinero que el gobierno central repartió entre los municipios para reactivar la economía. Este plan le vino de perlas a Gallardón, pero se nota que esta obra se ha ejecutado deprisa y corriendo para inaugurarla antes de las elecciones. Poco tiene que ver este tramo con el primero que os mostré en su día y supongo que los vecinos lo han notado, pues el alcalde ha sido castigado y en los barrios que lindan con el Manzanares la pérdida de votos de Gallardón ha sido aún mayor que en el resto.



La diferencia está, sobre todo, en el entorno. El primer tramo de este plan de recuperación de las riberas del río, por donde antes circulaban los coches, recorre la zona más noble y bella de Madrid, con bellas vistas y perspectivas inéditas del Palacio Real, la Catedral o la Casa de Campo. Este tramo del Sur recorre una zona más degradada y además no se ha hecho solo un paseo como el Salón de Pinos del primer tramo, sino que se han querido hacer demasiadas cosas, sin orden ni concierto. El resultado es un pequeño batiburrillo que no acaba de convencer. Habéis visto en primer lugar el estadio Vicente Calderón, que pronto se demolerá y permitirá la conclusión de este importante proyecto, pues ahora es un escollo en este largo paseo. Lo veis desde los columpios colgados bajo un puente, el único que ha quedado elevado del nudo del Puente de Toledo. Este precioso puente de piedra se ve raro y encogido, pues solo el arco central (con las hornacinas de San Isidro y Santa María de la Cabeza) conserva su altura original, los otros han quedado muy chatos.



Habéis visto el Puente de Arganzuela, la original pasarela peatonal que ha diseñado el famoso arquitecto francés Dominique Perrault, que ya levantó junto al Manzanares, aunque más al Sur, la Caja Mágica. Desde lejos este puente resulta un armatoste, como una torre eléctrica caída sobre el río, demasiado grande, rompiendo la armonía con el cercano y viejo Puente de Toledo. Desde su interior, esta pasarela de madera rodeada de una espiral metálica, es mucho más bonita e interesante. En realidad, se trata de dos espirales que va creciendo en diámetro hacia el centro, donde se encuentran, abiertas sobre un montículo que domina el Parque de Arganzuela, como veis en la siguiente foto. Desde el curioso interior de este puente vemos los estanques de la denominada Playa de Madrid, hacia donde nos dirigimos a continuación.



Bajamos del promontorio donde se apoyan los dos brazos del nuevo y extaño puente, aprovechado para poner varios toboganes donde familias enteras de inmigrantes disfrutan a lo grande. Llegamos por fin a la playa que el alcalde había prometido tantas veces a los madrileños, y es entonces cuando se nos cae el alma a los pies. Los tres estanques serían supuestamente láminas de agua donde la gente se podría refrescar, pero en realidad son charcos de agua estancada, llenos de algas, donde los niños se tumban exponiéndose a coger cualquier enfermedad o infección. El panorama es triste, pues los charcos se ven rodeados de otras zonas encharcadas, que han hecho desaparecer el césped de aquí. Evidentemente, este lugar no invita a tumbarse a tomar el sol, pues parece un foco de insalubridad, así que la gente busca zonas más alejadas donde aún queda césped. Y no olvidemos que esto se acaba de abrir, no me lo imagino dentro de unos meses, en pleno verano y con el calor sofocante que caracteriza a esta estación en la capital de España.



A partir de aquí ya se hace patente la prisa con la que se ha abierto todo esto. Vemos un arroyo artificial seco, cubierto de piedras, donde el agua brilla por su ausencia. No sé si algún día llegará a haber agua corriendo por este cauce, o si el agua también aquí se quedará estancada. Vemos también un bonito y largo banco de madera, enfrentado a un ancho camino cubierto de asfalto. Es evidente que nadie se va a sentar en este banco bajo un sol de justicia, habrá que esperar años para que crezcan los muchos y variados árboles plantados aquí. Porque si el primer tramo era un paseo rodeado de pinos, esto es un guirigay de caminos serpenteantes rodeados de árboles de todo tipo, arbustos, troncos y montículos, demasiadas cosas amontonadas, sin orden ni concierto, formando un conjunto que transmite de todo menos paz y tranquilidad.



Finalmente nos topamos con una valla metálica tras la que hay un campo de fútbol, justo delante del Puente de Praga. Después está el Matadero, pero ya no queremos ver más, hasta aquí hemos llegado. Me quedo sin ver si se ha recuperado el precioso Invernadero de Arganzuela o se lo han cargado para siempre. Porque eso es lo que han hecho, por ejemplo, con el maravilloso Parque de Arganzuela, que yo conocí antes de las obras. Aquí se hacían las fiestas del barrio y era un lugar encantador, pero ahora se ha perdido. Como veis a continuación, las obras no han terminado y todavía quedan vallas que cierran algunas zonas. Solo ha quedado un paseo arbolado, que recorremos bajo los gigantescos plátanos centenarios. Caminando por aquí, en esta fresca sombra, se hace más patente la diferencia entre lo viejo y lo nuevo, entre el precioso parque que teníamos y el cutrerío que han hecho ahora, y no me refiero simplemente a la diferencia de porte entre los árboles más antiguos y los que están recién plantados.



Donde antes había una escalinata monumental que daba acceso al parque, ahora hay otra más pequeña, junto a una nueva acequia de agua estancada. Desde lo alto apreciamos perfectamente el destrozo de este parque, un destrozo absurdo e innecesario. Vemos una fuente a un lado y al otro el viejo obelisco, ahora en el suelo, despojado de toda representatividad. Antes este obelisco estaba elevado, en el centro de una gigantesca fuente ovalada, que formaba un conjunto monumental, en perfecta simetría con la escalinata. La amplia plaza donde antes se celebraban conciertos y otros actos, ahora es un absurdo erial sin sentido, sin belleza, donde la gente anda perdida, donde nada encaja. Todos sabemos que Gallardón carece de sentido estético, por eso debemos obligarle a respetar el patrimonio madrileño, no debemos permitir que acabe con las plazas y los parques que tenemos, lo digo ahora que amenaza con "remodelar" otros espacios.



De vuelta a casa, paso junto a la vieja fábrica de Mahou, ahora en plena demolición. Supuestamente, aquí se levantará un nuevo barrio de casas de lujo, aunque supongo que para ello habrá que esperar a que acabe la crisis. Sobre el vecino estadio Vicente Calderón, que también será demolido, se creará un parque que dará continuidad a todos los que jalonan esta ribera del Manzanares. Para verlo tendremos que esperar probablemente otros cuatro años, hasta que se acerquen las siguientes elecciones municipales. Espero que no tengamos que esperar tanto para ver los prometidos chiringuitos, pues son ya dos las veces que el Ayuntamiento los ha sacado en concurso y otras tantas las que ha quedado desierto, pues nadie puede hacer frente a las draconianas condiciones que pone el alcalde. Por cierto, no sé si vosotros también habéis encontrado el parecido entre el alambre de espino de la última foto, que corona la valla que rodea la fábrica en estado de demolición, y el nuevo Puente de Arganzuela. Supongo que serán cosas mías...















fenicia dijo
madrid volverá a ser eso que al pensarse se dice y con razón...¡¡De Madrid al Cielo!!
Besos guapetón y no te pierdas,es décir que publiques a menudo.
Espero que tu malilla racha acabara.Yo con lo del próximo eclipse ya ando apagailla...
29 Mayo 2011 | 09:44 PM