Los cambios son buenos
Este post no se podía llamar de otra manera y por eso se lo dedico a mi amiga Kilifa, cuyo blog se llama igual. Supongo que he cogido prestado el nombre de su blog, pero es que no se me ocurría otro mejor.
Ya os dije en mi primer post de este año que deseaba cambiar de vida y todo se ha cumplido como había previsto. Tal vez incluso mejor, porque la verdad es que las cosas me han salido como en mis mejores sueños. Es evidente que no es algo casual ni arbitrario, los cambios no se dan porque sí, sino porque nosotros los buscamos. Yo buscaba un gran cambio en mi vida y he puesto todo de mi parte hasta conseguirlo. Empecé poco a poco, con pequeños cambios que preparaban el camino para el definitivo y más esperado, porque los cambios nunca vienen solos. No quiero decir que estos pequeños cambios no sean importantes, al contrario: a primeros de enero dejé de fumar, después de 25 años sin parar. Bueno sí, lo había dejado un par de veces pero no había durado más de dos meses y ahora ya llevo cinco, así que creo que voy por buen camino, aunque aún no puedo cantar victoria en esta dura batalla.
En el mes de febrero cambié por fin la caldera de mi casa, porque se me rompió de nuevo y decidí que era el momento. El desembolso era importante, pero ya me había dado muchos problemas y había tenido que repararla demasiadas veces. Y es que cuando algo de problemas es absurdo prolongar la agonía, poner parches que no duran más que unos meses... Y lo mismo ocurría con el problema que me preocupaba, lo que ocupaba mi mente, lo que ocasionó aquel primer post del año y también éste. En realidad, llevaba meses dando vueltas al asunto, aunque sabía que mucha gente no lo entendería. ¿Cómo explicas que quieres abandonar tu trabajo y quedarte en paro en una situación como la que tenemos en España? Con más de cuatro millones de parados ¿cómo dices que tú quieres engrosar esta cifra? Sé que es complicado, pero son muchas las razones que me incitaban a tomar esa decisión, razones demasiado complejas para explicar aquí.
El caso es que llevaba diez años trabajando en una empresa y nunca había estado tanto tiempo haciendo lo mismo. Se supone que si llevas diez años en la misma empresa es porque has tenido una evolución, un recorrido, una carrera. Pero este no era mi caso porque yo seguía exactamente igual, o mejor dicho, peor. No voy a entrar en detalles, pero simplemente mi situación en el trabajo iba de mal en peor, en todos los aspectos. Hacía meses que me decía "si me dan la pasta me voy ahora mismo" y eso se había convertido en una obsesión para mí, iba al trabajo como si fuera al matadero. No sabía cómo hacerlo, pero finalmente me decidí, preparé mi discurso y busqué el momento adecuado, que llegó a finales de marzo. Me arriesgué y lancé mi órdago, cargado de incertidumbre porque desconocía cuál sería la respuesta, pero cargado también de esperanza, que es lo último que se pierde.
El mes de abril transcurrió sin noticias y yo estaba al borde de un ataque de nervios. La suerte estaba echada, pero yo seguía buscando argumentos por si tenía que seguir luchando por mi libertad. Pero no hizo falta, porque a principios de mayo todo se aclaró. El día 5 me dijo mi jefa que había hablado con Recursos Humanos y que hablarían conmigo. Ese mismo día escribí aquí un relato lleno de esperanza y, al día siguiente, mi sueño se hizo realidad. A primera hora me llamaron de Recursos Humanos y me hicieron una propuesta inmejorable, ante la que no tuve nada que objetar. Me parecía increíble que hubiese sido tan fácil, no tenía que discutir ni que pelear, podía respirar tranquilo. Las condiciones me parecieron perfectas, debía trabajar hasta fin de mes y así lo hice, pero ya de forma mucho más relajada. La verdad es que el mes se me hizo eterno, iba contando los días que me quedaban para dejar el trabajo, parecía que no llegaba el final.
El mes de junio llegó por fin y con él mi ansiada libertad. Después de diez años sin tener tiempo para nada, con un trabajo que me ocupaba tantas horas, ando en busca del tiempo perdido. Me parece increíble tener tanto tiempo para dedicarlo a las cosas que me gustan, a escribir o a leer, un placer que casi tenía olvidado. Hoy iba en el metro leyendo La buena crisis, el libro de Álex Rovira del que ya os hablé, que nos regalaron tras la conferencia del autor a la que asistí. Como os dije, este libro no me enseña nada nuevo, pero me sirve para reafirmarme en mis ideas: que las crisis son buenas porque provocan cambios, y los cambios son buenos porque nos sirven para transformar lo que nos disgusta en algo agradable y positivo. En eso estoy yo, aunque muchos os preguntaréis si estoy loco, cómo se me ocurre renunciar a un trabajo fijo por un capricho. Pero para mí no es un capricho mi dignidad como persona, es lo más importante que tengo.
Aquí no acaban los cambios, porque estoy "redecorando mi vida" y haciendo zafarrancho de limpieza. Mi casa lo necesita porque se me acumulan los montones de papeles y de ropa, que nunca he tenido tiempo de recoger. Ahora me puedo pasar días mirando, seleccionando y tirando cosas viejas para hacer sitio a las nuevas. Me he hecho una lista de cosas que quiero hacer, aprovechando que por fin tengo tiempo, así no me aburro. Mi próximo objetivo es cambiar de coche, pues es algo que tengo pensado desde hace meses, antes incluso de los otros cambios. Mi coche actual tiene casi diez años y más de 200.000 kilómetros, así que creo que ya ha cumplido con creces. Ya me he decidido y he comenzado a visitar concesionarios, creo que tendré que esperar un par de meses hasta que me lo entreguen, pero lo voy a pedir cuanto antes. Os dije que me gustan los coches pequeños y reconozco que este es un capricho, pero no me negaréis que es precioso.

Por si no lo conocéis, se trata del Citroën DS3. Esta foto la hice el otro día en CasaDecor, donde estaba este coche, justo del color que a mí me gusta, el que me voy a comprar. Es lo que más me gustó de la exposición.


















kilifa dijo
Te entiendo tan bien!!!....te admiro que no veas!!!
Ojala y yo pudiese hacer esos cambios "buenos" que hace años que tengo en mente, pero no me puedo permitir. No ahora. pero ya llegará mi turno, no desespero y entonces recordaré éste post y el título de mi blog....
Me parece estupendo que tengas las cosas tan claras. Digo yo que con el paro y unos ahorrillos, puedes permitirte el lujo de no currar, y a la vez dejarle tu puesto a alguien que quizás si lo necesite para dar de comer a unos hijos.
Creí que me ibas a recriminar mi comentario de ésta mañana...jajaja, me dá gusto ver que no ha sido así, y que encima me nombras en un post tuyo.
gracias amigo.
besitoxxxx
3 Junio 2011 | 07:21 PM