La Organización
Cuando salió por última vez de aquella nave grande y oscura no lo podía creer. Siguió caminando rápidamente hasta que paró a respirar, entonces se volvió y la vio a lo lejos, como una ballena varada. Había pasado allí dentro muchos años de su vida, sin duda demasiados, pero había conseguido escapar. Le parecía increíble caminar por la calle a pleno día, bajo los rayos del sol, sintiendo su calor, algo a lo que no estaba acostumbrado. Siguió caminando, ahora más lentamente, paseando tranquilo, mientras recordaba lo que dejaba allá atrás, dentro de aquella mole tan fea y antigua.
La Organización era como otro mundo, porque se regía por sus propias normas. Allí imperaba la ley de la selva o la ley del más fuerte, por eso eran tan importantes los amigos: si no tenías padrino, allí dentro no eras nadie. Y esto era literal, porque entonces no eras un hombre, ni siquiera un nombre, simplemente un número. Un eslabón más de la cadena, una parte del todo, sin personalidad propia. Así eran la mayoría de las personas que trabajaban allí, a quienes no se les llamaba trabajadores, sino "colaboradores". Y es que en la Organización existía una lengua propia, que había que aprender.
Cuando conseguías hablar esta lengua propia, ya te sentías parte de esta secta, pero entonces se inventaban algo nuevo, para que nunca te acomodaras, para que no te sintieras seguro. Continuamente sacaban nuevas normas que había que cumplir, nuevos códigos que tenías que estudiar. Todo estaba regulado, cada vez más, de modo que te sentías cada vez más alienado, si conseguías conservar la capacidad de pensar por ti mismo y te dabas cuenta de lo que estaban haciendo contigo. Por eso él estaba tan orgulloso de haber salido de allí, de haber recuperado su libertad antes de que fuera tarde.
Recordaba cómo, a lo largo de aquellos años, su situación se había deteriorado allí dentro. Al principio todo parecía diferente, había luz y posibilidades de movimiento, incluso de viajar. Pero con el tiempo se había visto cada vez más limitado, más atado, sólo faltaba que le hubieran encadenado a su mesa para que no se pudiera mover. Fue entonces cuando anunciaron el "código ético", un conjunto de normas que casi todos los colaboradores ya cumplían. Quienes no cumplían esas normas tenían despacho propio, porque ocupaban los puestos más altos de la Organización, así que de poco servía ese código.
Poco después anunciaron el "código de vestimenta" que pretendía uniformar a los colaboradores. Ante esto él ya no pudo más, le recordaba su novela favorita: "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. Pensó que pronto llegaría el "código de ideología" que les obligaría a pensar a todos igual. Fue entonces cuando empezó a buscar una salida y, ahora que por fin la había encontrado, se sentía feliz. Iba caminando por la calle y mirando a su alrededor como si todo fuera nuevo para él. Veía gente diversa, de todos los colores y razas, de toda ideología y condición. Mientras allá dentro todo estaba quieto, fuera todo se movía.












fenicia dijo
Excelente historia Charlitox,que podria ser la de muchos de nosotr@s y a veces hay que huir a tiempo...
Besos mi amigo.
16 Junio 2011 | 08:25 PM