Continúo con el relato de mi escapada a Soria, que comencé con el recorrido por la capital. El domingo amanece un día espléndido y dejamos la ciudad, dispuestos a recorrer los principales parajes naturales de la provincia. Primero nos dirigimos hacia la mítica Laguna Negra, envuelta en misterios y leyendas. Siempre quise conocerla y nunca imaginé que sería así, pienso tras dejar el coche en el aparcamiento, caminar por la senda rodeada de verdes árboles y verla aparecer ante nosotros, majestuosa y natural.

Estamos a dos mil metros de altura y la laguna de origen glacial brilla, llevando la contraria a su nombre y su fama de oscura y tenebrosa. La culpa es del maravilloso día primaveral, del cielo azul que se refleja en el agua y de los rayos de sol que la hacen relucir. Caminamos hasta una cercana cascada que se precipita ruidosa entre las rocas, desde donde tenemos otro panorama de la laguna. Después bajamos de nuevo para fotografiar un bello árbol seco, que destaca entre tanto verdor, mientras huimos del resto de visitantes.

Abandonamos este precioso paraje y nos dirigimos en coche hasta el vecino pueblo de Vinuesa, al que pertenece la laguna. Como veréis a continuación, es el típico pueblo serrano de Castilla, con casas de piedra. Muchas de ellas han sido transformadas en casas y hoteles rurales, no en vano Soria se ha convertido en una provincia puntera en esto del turismo rural. Los visitantes deben de estar de excursión, como nosotros, pues el pueblo está casi vacío y parece un auténtico pueblo fantasma, así que seguimos nuestro camino.

Recorremos desérticas carreteras entre montañas y bosques, hasta que llegamos a nuestro segundo destino natural del día: el Cañón del Río Lobos. Se trata de un hermoso paraje que tenía muchas ganas de conocer, y que no me defrauda en absoluto. Hemos comido algo en un pueblo cercano, llegamos al cañón, aparcamos y comenzamos a caminar junto al río. Se trata de un agradable paseo, en el que disfrutamos de las hermosas vistas: las rocas de extrañas formas que nos rodean y los muchos buitres que nos sobrevuelan.

Caminando llegamos hasta la románica ermita de San Bartolomé, que se alza al fondo del cañón. Parece increíble encontrar una iglesia medieval en plena naturaleza, tan lejos de cualquier población. Tras la ermita se abre una cueva en la roca, de grandes dimensiones. Nos adentramos unos cuantos metros en ella y miramos al exterior: la vista de la ermita y el cañón desde el interior de la oscura caverna es impresionante. Sin duda ha valido la pena llegar hasta aquí en este día tan soleado, pues el contraste es mayor.

Al salir de la cueva rodeamos la ermita y reparamos en sus detalles. Me sorprenden los curiosos rosetones, decorados con un pentáculo invertido circunscrito en una flor. Repaso la forma con el dedo y veo que es un dibujo infinito, me recuerda a otros símbolos esotéricos y misteriosos, pero entiendo todo cuando leo que esta ermita fue levantada por templarios. Recorremos el camino de vuelta hasta el coche contemplando las rocas horadadas que forman el cañón y los buitres que han convertido este lugar en su santuario.

Antes de abandonar definitivamente la provincia de Soria, hacemos una última parada en El Burgo de Osma. Conocía esta población porque estuve aquí hace ya muchos años, aunque sólo recordaba de ella su gigantesca Catedral. A continuación podéis ver el Ayuntamiento de la ciudad, seguido de la torre barroca de la mencionada Catedral, que es de estilo gótico. Cierra el reportaje una foto de la Calle Mayor de esta histórica población, donde destaca un palacio de los muchos que jalonan esta vía tan señorial y monumental.