Singapur, la ciudad-estado
Por fin comienzo a relatar mi reciente viaje a Asia y a compartir fotos con todos vosotros. Empiezo por el principio y por el final, porque paramos en Singapur tanto a la ida como a la vuelta y en ambas ocasiones tuvimos tiempo de recorrer esta increíble ciudad. Yo tenía muchas ganas de conocerla y no quise perder esta doble oportunidad, con el aliciente añadido de pasar allí una noche, la primera del viaje.
Singapur es una auténtica ciudad-estado, un pequeño país ubicado en una isla entre Malasia e Indonesia, dos de los países más pujantes del Sureste Asiático. La moderna ciudad se puede considerar la capital económica de esta zona, que es hoy en día una de las más ricas del mundo. Por su estratégica situación ha convertido su gigantesco aeropuerto en escala obligada para muchos viajeros y ha sabido rentabilizarlo.



Cuando llegamos por primera vez a Changi Airport nos sorprende por su tamaño, diseño, elegancia, organización y tranquilidad. No en vano este aeropuerto, que habéis visto en la primera foto, ha sido galardonado varias veces como el mejor del mundo. Desde el coche que nos lleva al hotel disfrutamos de las increíbles vistas: la autopista está ajardinada con grandes árboles y flores de todos los colores.
Se suceden los elegantes bloques de apartamentos, rodeados de playas y campos de golf, lo que da una idea del alto nivel de vida de esta ciudad internacional. Al llegar al centro, donde todo se hace más espeso y abigarrado, nos sorprenden los contrastes. Junto a modernos y elevados rascacielos vemos iglesias y edificios coloniales. Desde la habitación de nuestro hotel, la ciudad se pierde bajo los nubarrones.



Aunque estamos agotados tras el largo vuelo de trece horas desde España, salimos del hotel para coger el bus turístico que recorre la ciudad. Hacemos nuestra primera parada en el precioso Jardín Botánico, una de las joyas de Singapur. Esta ciudad cercana al ecuador es de clima tropical y su exuberante vegetación ofrece aquí su máximo esplendor. Vemos árboles selváticos de todos los tonos de verde, entre otros increíbles y brillantes colores. No sólo de las grandes flores y orquídeas, sino también del curioso pájaro que vais a ver a continuación. Las plantas se cuelan incluso en los servicios, los más bellos que he visto jamás.



Volvemos a subir al autobús, que nos lleva entonces por Orchard Road, la calle comercial por excelencia de esta vibrante ciudad. Estamos demasiado cansados como para ir de tiendas y ya tendremos tiempo a lo largo del viaje, así que optamos por ver los centros comerciales desde la ventanilla. Vemos a la gente por las calles y apreciamos la mezcla de razas, pues aquí conviven chinos, malayos, indios y extranjeros de todas partes.


Dejamos atrás los variopintos rascacielos del centro y llegamos por fin a nuestro destino: tenía muy claro adónde quería ir y por fin estamos cerca, aunque todavía tenemos un paseo por delante. Andamos hasta llegar al borde de la bahía, la impresionante Marina Bay. Ante nosotros el skyline de la ciudad quita el hipo, pero más aún sorprende el increíble edificio que vemos a la izquierda, mirando a los demás desde el otro lado.



Aquí lo veis, el hotel Marina Bay Sands, sin duda el edificio más espectacular de Singapur y uno de los más originales del mundo. Tres torres coronadas por una estructura alargada y curvada, que parece un barco, un plátano o una tabla de surf, según se mire. En lo alto se ubica una enorme terraza ajardinada con piscina desbordante y a sus pies un extraño edificio blanco con cuernos que alberga un museo.


Más a la izquierda hay una noria de gran tamaño, semejante a la famosa London Eye, supongo que desde lo alto se podrá disfrutar de la vista. Pero yo tengo muy claro que mi destino es otro, que quiero ver el panorama de la ciudad desde la plataforma que corona el lujoso hotel. Aún no sé si será posible subir, pero yo lo voy a intentar, así que nos encaminamos hacia él y lo vemos crecer y cambiar de forma según nos acercamos.


Cruzamos un moderno y metálico puente helicoidal hasta llegar a la base del edificio. Desde abajo, el "plátano" parece una nave espacial o un dirigible posado sobre las torres. Todavía tendremos que atravesar un enorme centro comercial antes de coger el ascensor que nos llevará a la terraza, mejor dicho el skydeck. Previo pago de unos dólares, subimos a velocidad de vértigo hasta lo más alto y abrimos bien los ojos.



Como podéis intuir en las fotos, las vistas son espectaculares mires hacia donde mires, así tengo yo esa cara de alelado... Por desgracia no puedo ver la piscina, que está reservada a los clientes del hotel (quién sabe si algún día podrá ser). Pasamos un rato entre muchos turistas haciendo fotos y después bajamos, para coger un taxi que nos lleva justo al otro lado de la bahía, a Boat Quai, la calle llena de restaurantes donde cenamos.
Aquí termina mi primera visita a Singapur y comienza la segunda. Me explico: tres semanas después hacemos una nueva escala en esta ciudad antes de volver a España. En esta ocasión no hacemos noche, pero disponemos de seis horas y tenemos tiempo de ir a la ciudad, así que cogemos el metro donde podemos convivir durante un rato con los multiétnicos vecinos. Nos bajamos en Raffles Place, justo en el centro.



Al salir del metro siento auténtico vértigo, como lo sentí hace más de veinte años al hacer lo mismo en plena Quinta Avenida de Nueva York. Los altísimos rascacielos que nos rodean parecen inclinarse sobre nosotros, tan juntos que no dejan apenas pasar los rayos del sol. Estamos en plena city, en el corazón financiero de la ciudad, pero es domingo y las calles están desiertas. Huimos del silencio y salimos buscamos gente.



Vemos cómo el sol se pone a los pies de los rascacielos, reflejado en el río, sobre el restaurante donde cenamos en la primera visita. Paseamos por el centro histórico entre los edificios más antiguos de la ciudad, ahora en plena remodelación. Recorremos un enorme centro comercial especializado en productos tecnológicos y terminamos nuestra visita en el mítico Raffles Hotel, que veis en la última foto. Es un precioso edificio colonial que conserva el esplendor de antaño, con sus lujosas tiendas y elegante clientela. Aún tenemos tiempo de cenar antes de volver al aeropuerto, así que nos ponemos las botas en un restaurante tipo buffet que está repleto. Y aquí acaba mi segunda visita a Singapur, espero que no sea la última...












erremege dijo
Jaja, se nota que te lo has pasado pirata, tron, magníficas fotos, seguiré visitándote para continuar viaje, saludos y feliz reciclaje de vuelta
10 Septiembre 2011 | 01:20 PM