La ciudad de las motos (Hanoi 1)
Un año más, he caído enfermo pocos días después de regresar de mi viaje a Asia. Es normal, volver de la humedad del Sureste Asiático en época de lluvias a la sequedad de Madrid es demasiado para mi cuerpo. Además, la contaminación de la capital de España, escondida tras ese cielo azul, es más brutal que la de esas urbes de tráfico frenético, pero bendecidas por las lluvias al menos en estas fechas. En fin, en esta tesitura, sin muchas fuerzas, comparto con vosotros mis primeras fotos de Vietnam.
Entramos en el país por su capital, Hanoi, ciudad en la que pasaremos varios días y desde la que partiremos para dos largas excursiones, antes de abandonarla definitivamente camino del sur. Llegamos de Singapur cansados del viaje y lo primero que nos llama la atención es la enorme cantidad de motos que inunda las calles. Luego sabremos que los coches son muy caros porque el gobierno los grava con muchos impuestos, así que la mayoría de la población sólo puede motorizarse con estos vehículos de dos ruedas.

Dicen que en Hanoi hay siete millones de habitantes y cuatro millones de motos, aunque no doy ninguna credibilidad a las cifras porque varían mucho según las fuentes. Para comenzar nuestro periplo por la ciudad, utilizaremos un medio de transporte más típico y bucólico que las motos que nos rodean por todas partes. El clásico rickshaw que hemos utilizado en otros países asiáticos aquí se llama xiclo y, como podéis ver a continuación, consta de una amplia y cómoda butaca que es empujada por un ciclista pedaleando.


Este hombre que veis aquí, cómodamente sentado, es el guía que ha venido a buscarnos al aeropuerto y que también nos acompaña en este xiclotour por el centro de Hanoi. Nosotros nos acoplamos en nuestras butacas y observamos el panorama, aunque poco a poco nos dejamos vencer por el sueño, agotados como estamos. Primero vemos un puñado de edificios de estilo francés, elegantes y bien cuidados, vestigio del pasado galo de esta ciudad. Aquí veis dos de ellos: el Teatro de la Ópera y el Hotel Metropole.


Entonces entramos en el Barrio Antiguo de la ciudad y es cuando, por fin, entramos en Asia. Todo lo que me rodea me suena de otros viajes: tiendas de todo tipo y mucha gente por la calle, sentada en taburetes diminutos, trabajando, comiendo o viendo pasar la vida. En este barrio de Hanoi, las calles aún tienen los nombres de los gremios que las ocupaban y a veces aún ocupan. Porque todo este barrio es un mercado gigante, o mejor dicho un mercadillo. Entre sueños pienso que es como todo en Asia, porque toda Asia es un mercadillo.


Desde mi silla que avanza por las calles de este barrio, entre motos y bicicletas, gente y bullicio, mi cámara busca los detalles que le parecen más típicos. Así, me llaman la atención las mujeres y los hombres con gorros cónicos y cestillos que cuelgan de los extremos de una caña. Algo que me costó horrores encontrar el pasado año en China, aquí está en cada esquina. El objetivo de mi cámara persigue también a las bicicletas, que si bien están en franco retroceso ante las motos, siguen brindando bellas y coloridas estampas.



Tras nuestro xiclotour, vamos a visitar el Templo de la Literatura, el más importante de la ciudad. Nos explican que en Vietnam las pagodas están dedicadas a Buda, mientras que los templos pueden dedicarse a cualquiera. Este templo está dedicado a Confucio y fue la primera universidad vietnamita. Hoy es uno de los monumentos más visitados de Hanoi, así que cruzamos la primera puerta rodeados de turistas. Después cruzamos la segunda, que se ha convertido en símbolo de la ciudad, como comprobaremos desde ahora.



Aquí estudiaron muchos sabios y nos queda el recuerdo de 82 de ellos, en sus estelas conmemorativas de piedra sobre grandes tortugas. Están alineadas alrededor del estanque que acabáis de ver, tras la segunda puerta. Luego siguen varios edificios y patios que forman un conjunto bello, tranquilo y evocador. Vemos el altar de Confucio y subimos al piso de arriba del último edificio, por una impresionante escalera de madera. Desde arriba aprecio la belleza de estos tejados tradicionales vietnamitas, algo diferentes de los que vi en China.




Acontinuación os muestro varias imágenes de la Pagoda de los Embajadores, que se encuentra junto a nuestro hotel. No tiene la antigüedad ni la belleza del templo que os acabo de mostrar, pero tiene mucho encanto, pues es el centro oficial del budismo en Hanoi y atrae a muchos fieles. Nos gusta mezclarnos con ellos y fijarnos en las tradiciones, vemos cómo rezan y encienden varas de incienso. Yo me muevo sigiloso y con respeto, disparando mi cámara discretamente y captando estas estampas llenas de misticismo.




Pasamos gran parte del tiempo de nuestra estancia en Hanoi caminando por las calles del Barrio Antiguo. Nos absorbe el bullicio y el calor, las motos que invaden las aceras y nos impiden cruzar... Yo busco fotografías curiosas, como los cestillos de frutas o la niña sentada en el interior de una tienda de instrumentos musicales, comiendo pho (esa sopa con tallarines y un poco de todo que los habitantes de Hanoi toman a todas horas). También los niños felices que nos muestran los juguetes que les acaban de comprar...




Acabáis de ver un rincón de paz en este bullicioso barrio, con su templo chino, su farolillo y su árbol tropical, con increíbles raíces y lianas. Sigo mostrando estampas curiosas de este mercadillo gigante donde se puede encontrar de todo: la bibicleta cargada de gorros y cestas, la tienda de peluches donde cuesta encontrar a las vendedoras y la tienda de cascos de moto, donde podéis verme a mí reflejado en el centro. La última foto de esta serie es sin duda la más kitsch de cuantas he hecho en este viaje, no tiene desperdicio.




Estos maniquíes me recuerdan a los que se veían en España en la década de los 70, pero es que muchas cosas en Vietnam se han quedado en esa década en la que terminó su famosa guerra: las costumbres, la ropa (fuera de las imitaciones de marcas), la música que escuchan y la tele que les gusta (culebrones latinoamericanos). Esto contrasta con la tecnología a la última: presumen de tener cobertura para el móvil hasta en la cumbre del pico más alto del país, y además hay wifi gratis por todas partes, no como aquí.

Ya que he dedicado este post a las motos, quería cerrarlo con esta foto, que me costó bastante conseguir. Supongo que os llamará la atención tanto como a nosotros al principio, luego ya nos acostumbramos. Ya os comenté el año pasado que, según los cánones de belleza asiáticos, la mujer debe ser blanca y pálida. En Vietnam, los días soleados, las calles se llenan de mujeres como estas, que cubren cada centímetro de su piel para protegerse del sol. A mí me parece una barbaridad y una esclavitud absurda, la verdad...















QQ dijo
Mierda! no contesté la preguntita y se me ha borrado el comentario. Creo que era el más largo que te he escrito pero en´fin, que me ha gustado mucho, ya comentaremos en persona.
17 Septiembre 2011 | 12:42 PM