Bahía de Halong, la morada del dragón
El dragón es el símbolo de Vietnam y el protagonista de numerosas leyendas locales. De hecho, el país tiene la forma de este mítico animal, alargado y estrecho, serpenteando de Norte a Sur. En la costa Norte del país se sitúa la famosa Bahía de Halong, cuyo nombre significa "dragón que se sumerge en el mar", cuna de una famosa leyenda que habla del origen del país y de este extraño lugar. Según cuenta, los dioses enviaron un dragón para que ayudara a los vietnamitas a luchar contra los invasores. Este monstruo escupía piedras de jade que originaron estos curiosos islotes, formando una barrera protectora frente a la costa.
No empieza bien nuestra excursión a la Bahía de Halong: nos dejan tirados en el hotel de Hanoi, donde nos han citado a las ocho de la mañana. Vemos cómo los demás grupos de turistas van abandonando la recepción hasta que nos quedamos solos, así que a las nueve decidimos llamar a nuestra agente de viajes local, que se presenta rauda y avergonzada. Le mostramos nuestro malestar ante un hecho que jamás hemos vivido y ella hace lo que puede para enmendar el error. Finalmente un compañero suyo nos lleva en taxi, hasta que alcanzamos un microbús con un par de huecos donde proseguimos el viaje hasta nuestro destino.

Hace un día de perros y no para de llover en todo el trayecto, mitad en coche mitad en bus, en total unas tres horas desde la capital hasta Ciudad Halong. Hay montones de turistas mojados en el puerto, esperando bajo la pérgola para embarcar en alguno de los muchos cruceros que surcan la bahía. Los hay grandes y pequeños, todos de madera y aspecto semejante. En el nuestro iremos sólo seis turistas y la tripulación, lo que nos parece un lujo, sensación que aumenta en cuanto subimos al barco y vemos sus instalaciones. Según nos dijo nuestra agente de viajes, nos han reservado la suite para compensarnos por las molestias.


Comenzamos a navegar hacia los más de dos mil islotes que parecen flotar sobre esta bahía y llegamos hasta el pueblo flotante que acabáis de ver. Aquí viven algunos pescadores que cultivan pescados y mariscos en pequeñas piscifactorías, y aquí vivimos un momento maravilloso. Bajamos del barco y hacemos una pequeña excursión en kayak, cruzando por una cueva bajo las rocas hasta el centro de una de estas islas, llegando a una laguna interior color turquesa rodeada de paredes verticales y verdes. No puedo hacer fotos porque la cámara se puede mojar en el kayak ¡qué pena!, pero el recuerdo queda grabado en mi retina...




Nuestro barco de bandera vietnamita deja atrás el pueblo flotante y se pierde entre estos islotes mágicos. Nos recuerdan a las montañas que vimos el año pasado en Guilin y Yangshuo, normal porque tienen el mismo origen kárstico. Entonces pudimos contemplar también el paisaje desde un barco, el que nos llevó por el río Li entre estas dos poblaciones chinas. Ahora el panorama es parecido, pero inundado por las aguas de este mar tranquilo y sin olas, de un extraño color verde oscuro. El cielo está cubierto de nubarrones y llueve casi continuamente, aunque parece que tenemos suerte y para cada vez que tenemos que bajar del barco.



Navegamos hacia una isla donde hay una playa, aunque según nos acercamos la vemos un poco artificial, como si hubieran puesto arena al pie de las rocas y la selva. No importa, el lugar es encantador y apacible, pues no hay más barcos en el embarcadero ni hay turistas en la arena. De nuevo, un lujo para nosotros, que corremos como seis robinsones a tomar posesión de la isla. Lo primero que hacemos es subir por un resbaladizo camino que asciende tras la playa, rodeado de la tupida vegetación. Desde lo alto podemos disfrutar del panorama que acabáis de ver, una perspectiva diferente a la que vemos desde el barco.



Al bajar de nuevo a la playa atravesamos el chiringuito preparado para los turistas, que está desierto. Supongo que será agradable tomar algo aquí al atardecer, sobre todo si hay menos nubes, pero preferimos darnos un baño aprovechando que ha parado de llover. Resulta extraño sumergirte en estas aguas verdes y casi opacas, sólo su sabor salado indica que estamos en el mar y no en un lago o pantano... Después volvemos al barco y dejamos atrás la playa, que parece estar superpuesta. Está atardeciendo y los barcos comienzan a agruparse en la zona más tranquila de la bahía, para pasar la noche más resguardados. Algunos de ellos despliegan sus hermosas velas tipo sampang, que ahora sólo están de adorno. Después de cenar subimos a la cubierta y tomamos unas copas en la oscuridad, conociendo un poco mejor a nuestros compañeros de travesía.



Comenzamos nuestro segundo día en la bahía visitando una de las numerosas cuevas que se ocultan en estas islas. Para llegar hemos de caminar entre grupos de turistas desde el embarcadero y subir una empinada escalera que trepa por la pared de roca. Desde la boca de la cueva se ve una preciosa vista, sobre todo porque hoy hace un poquito más de sol. El interior de la caverna es impresionante, con sus estalactitas y estalagmitas de rigor, formando curiosas formas que decoran enormes salas. Al menos la iluminación es más sobria y menos colorida que en la cueva del Dragón que visitamos el pasado año en China.




Al volver de la cueva al barco vemos a varias pescadoras que ofrecen su mercancía a los barqueros. Volvemos a pensar que en este país son siempre las mujeres quienes trabajan, aunque entonces caigo en que la tripulación de nuestro barco está formada sólo por hombres. Nuestro cocinero compra pescado para preparar en la comida, la última que haremos en este delicioso crucero de dos días. La comida es tan deliciosa como todas las anteriores, y nos empieza a entrar la nostalgia mientras emprendemos el camino de vuelta a la costa. Cruzamos las últimas conversaciones con los dos chicos de Barcelona y con las dos chicas sudafricanas que enseñan inglés en Corea del Sur, nuestros cuatro compañeros en esta aventura.




Parecía que hoy haría mejor día, incluso vemos por primera vez el reflejo de los islotes en el agua, creando curiosas y simétricas figuras. Pero todo era un espejismo y de inmediato se nubla de nuevo, para llover con más fuerza aún que ayer. Vemos a los pescadores que tratan de protegerse del aguacero, pegando su frágil barca a las rocas. Entre la lluvia y las nubes, las islas se vuelven sombras fantasmagóricas y en lo alto veo la silueta de una pagoda, la única construcción que he visto en este lugar. No podemos salir al exterior a hacer fotos y nos distraemos con las gracias que hace el niño, hijo de un miembro de la tripulación.



Aún tenemos tiempo de darnos un baño antes de volver, así que aprovechamos para lanzarnos al agua desde la cubierta en cuanto afloja la lluvia. Después emprendemos el camino hacia la costa y aprovechamos para hacer las últimas fotos. Me despido de la cubierta, con las tumbonas mojadas que tan poco hemos podido aprovechar por culpa de la lluvia. Vemos a lo lejos el puente atirantado construido por los japoneses, lo que significa que estamos llegando a Ciudad Halong. Allí desembarcaremos y subiremos al microbús que nos llevará de vuelta a Hanoi, en un viaje que no estará libre de problemas y complicaciones...



Efectivamente, como habéis visto sufrimos un pinchazo y tenemos que parar a la mitad del trayecto para que los hombres (esta vez sí) cambien la rueda. Pero no será ese el auténtico final de la aventura, ni tampoco de este post. Nuestra agente de viajes nos llama de nuevo para decirnos que tenemos reserva para cenar en el restaurante Golden Lotus, uno de los más caros y exclusivos de Hanoi. Quieren compensarnos por los errores para que no hablemos mal de ellos, y desde luego lo consiguen. Como podéis suponer viendo las dos últimas fotos, este precioso restaurante y su deliciosa comida hacen que olvidemos todos los percances y nos dejan un estupendo sabor de boca. Espero que vosotros también hayáis disfrutado de esta crónica.













colegui dijo
Muy buenas.
Impresionante lugar, impresionantes fotos pasadas por agua y muy bien narrado como siempre. Dan ganas de ir para allá en el primer avión que parta para allá. Por suerte no hace falta al entrar en tu blog y ver este articulo. Muchas gracias por viajar contigo. Que tengas una buena semana.
25 Septiembre 2011 | 10:30 PM