Un año más, la actualidad me ha absorbido en su vorágine y me cuesta mucho publicar en el blog. No encuentro tiempo para concentrarme y retrotraerme a mi viaje del ya pasado verano, pero me esfuerzo por hacerlo porque vale la pena. Me sirve para evadirme de la alienante y deprimente realidad, y a la vez para revivir las sensaciones que comparto con vosotros. Hoy os traigo el segundo y último capítulo sobre la capital vietnamita.

En el centro de Hanoi, junto al barrio antiguo, se encuentra el lago de Hoan Kiem, que quiere decir "Espada Restituida". Cuenta la leyenda que un rey recibió una espada dorada de los dioses, para combatir a los enemigos. Tras vencerles, una tortuga gigante se llevó la espada al fondo del lago para devolverla a los dioses. Los vecinos frecuentan las orillas del lago, sobre todo al atardecer, cuando se convierten en un encantador entorno para pasear.

En el centro del lago hay una isla, donde se ubica el famoso Templo de la Montaña de Jade, uno de los más frecuentados por los habitantes de Hanoi. Se accede a la isla y al templo por el precioso puente de madera roja y estilo japonés que acabáis de ver. En el interior del templo llama la atención la gigantesca tortuga disecada que vais a ver a continuación, descendiente de aquella que se llevó la espada. Dicen que aún quedan tortugas gigantes en el lago, aunque hace años que nadie ha visto ninguna.

En el exterior del templo vemos a los ancianos jugando a las damas chinas, y es que los vietnamitas son tan aficionados a los juegos de todo tipo como los chinos. También vemos, a orillas del lago, un bello bonsái. No recuerdo si es el primero que vemos, pero sí que no será el último. La costumbre de cuidar estos árboles en miniatura está muy arraigada en Vietnam, aunque aquí los ejemplares me parecen de talla superior a los que vi en su día en Japón, no sé si estaréis de acuerdo conmigo.

Junto al lago que ocupa el privilegiado centro de la ciudad se encuentra el Teatro de Marionetas de Agua, una de las principales atracciones de Hanoi. No hay turista que abandone la capital vietnamita sin asistir a una de sus funciones, y nosotros no vamos a ser menos. Este teatro tradicional tiene su origen en el delta del Mekong y se inventó para distraer a la gente de esa zona que está inundada gran parte del año. No consigo hacer ninguna foto en condiciones, pero no me he resistido a mostraros una para que os hagáis una idea.

Como supongo que podéis intuir, las marionetas se mueven sobre el agua, manejadas por los artistas que se ocultan tras las persianas de caña que veis detrás. Estos artistas titiriteros trabajan sumergidos en el agua hasta la cintura, como si estuvieran en zona inundada. Junto al escenario, un conjunto de músicos tocan instrumentos tradicionales y cantan en tonos agudos, redondeando el precioso espectáculo. Al final, los turistas que llenamos el teatro aplaudimos con ganas, agradecidos tras ver algo tan auténtico.

Las dos imágenes que acabáis de ver son de una casa tradicional que visitamos en el barrio antiguo. Como la mayoría de las casas vietnamitas es estrecha y alargada, con varios patios interiores. Consta de dos alturas: abajo se sitúan los espacios públicos y arriba los privados, es decir, los dormitorios. Las maderas talladas de contraventanas, balaustradas, vigas, escaleras y muebles aportan calidez y elegancia. Un increíble contraste con la foto que vais a ver a continuación, que hago en un lugar cercano.

Os habrá llamado la atención este retrete, perteneciente a un garito moderno que descubrimos por casualidad. Pero probablemente no habéis reparado en que lo que se ve a la izquierda de la foto es un urinario decorado con una pantalla de vídeo. Si sois hombres os podéis imaginar meando directamente sobre la cara de vuestro cantante favorito... Y para terminar con los contrastes del centro de la capital vietnamita, a continuación podéis ver la Catedral de Notre Dame (no de París, sino de Hanoi). Ya os dije que aquí estuvieron los franceses...

Estamos cansados de callejear por el barrio antiguo y su continuo mercadillo, por lo que decidimos visitar un Hanoi diferente. He descubierto en internet un nuevo y moderno museo, recién construido e inaugurado, que se llama precisamente Museo de Hanoi y está dedicado al arte contemporáneo. Una mañana cogemos un taxi para que nos lleve hasta este museo, situado a las afueras de la ciudad, en una zona de nueva construcción destinada a ser el futuro centro económico y financiero de la capital.

El museo es un edificio moderno y atrevido, con forma de pirámide escalonada invertida. Nos tenemos que conformar con verlo por fuera porque es lunes y está cerrado al público, siempre pasa lo mismo, ya conocéis la "ley de Murphy"... Delante del museo, de nuevo una colección de grandes bonsáis; a la izquierda un lago y el nuevo Palacio de Congresos que me recuerda al de la Expo de Zaragoza. Y a la derecha un gigantesco rascacielos rodeado de otros en construcción, en medio de un páramo baldío.

Está claro que los vietnamitas quieren emular a los chinos, pero las obras aquí son mucho más lentas que en el Gigante Asiático. A esta zona le queda mucho para ser habitable, y nos las vemos y nos las deseamos para encontrar un taxi que nos saque de aquí. Finalmente lo conseguimos y nos dirigimos a otra zona característica de la capital, donde se encuentran varios monumentos. El primero que vemos es el Museo de Ho Chi Minh, aunque sólo de lejos, con aspecto de polideportivo comunista.

La curiosa construcción que acabáis de ver, situada junto al museo anterior, es la Pagoda de pilar único, uno de los monumentos más emblemáticos de Hanoi. Supongo que esperaba algo más especial, tal vez porque tengo las expectativas muy altas, pero el caso es que este pequeño edificio me decepciona un poco. Veo la escalera demasiado gruesa y pesada para tan grácil estructura, aunque en el fondo el conjunto tiene un aire agradable que transmite paz y tranquilidad, algo que se agradece en esta ajetreada ciudad.

Caminamos hacia el norte por una ancha y recta avenida, bajo un sol de justicia, y pasamos ante el imponente Mausoleo de Ho Chi Minh, que tampoco visitamos por falta de interés personal. Pasamos también ante el Palacio Presidencial, rodeado de fuertes medidas de seguridad. Dejamos a la derecha la historiada puerta de un templo y nos damos de bruces, por fin, con el gigantesco Lago del Oeste o Ho Tay, el mayor de la ciudad. Impresiona encontrar esta gran extensión de aguas tranquilas, donde se reflejan los edificios lejanos.

Caminamos junto a la carretera que circula por una estrecha franja de tierra que divide el lago y deja uno más pequeño a la derecha. A nuestra izquierda se alza la esbelta Pagoda de Tran Quoc, que acabáis de ver reflejada en las sucias aguas del lago. Se encuentra sobre una pequeña isla a la que se accede por otra franja de tierra aún más estrecha, cubierta de palmeras de esbelto porte, duplicado por el mágico efecto del agua. La pagoda está cerrada por obras, así que de nuevo nos conformamos con ver lo que habéis visto.

Con estas dos bellas y apacibles imágenes nos despedimos de los lagos de Hanoi. Dejamos atrás a los muchos pescadores que esperan pacientes en sus orillas, los estrechos edificios de distintas alturas reflejados en sus tranquilas aguas, como en un cuadro... He comenzado esta crónica en un lago y la he terminado en otro, son los más conocidos de Hanoi, pero hay más. Nos sumergimos de nuevo en la vorágine del barrio antiguo antes de decir adiós definitivamente a la capital de este país que vamos a conocer.