Caminando entre montañas y arrozales (Sapa 2)
Seguimos en Sapa, la aldea rodeada de montañas situada en la esquina noroeste de Vietnam. En realidad, a esta localidad le queda poco de aldea y va camino de convertirse en gran ciudad, aunque sigue conservando parte de su encanto. Hay una zona donde viven los vietnamitas y otra zona reservada a los turistas, que gira en torno a la calle que veis a continuación, plagada de hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos. En cuanto pisamos la calle nos rodean las mujeres dao rojas, empeñadas en que les compremos alguna de las baratijas que venden. Nosotros nos hacemos los duros, pero finalmente picamos, porque es la única forma de que se vayan y nos dejen en paz.



Lo de las vendedoras resulta muy pesado, pero peor aún es lo que acabáis de ver: a los niños pequeños, con sólo cinco años, les ponen un bebé a la espalda y los mandan a vender collares y pulseras... No sé si algún turista picará, pero yo me niego a comprar nada a los niños y así se lo hago saber: no quiero favorecer la explotación infantil. Con esa extraña sensación nos acostamos y al día siguiente nos levantamos más descansados y despejados. Tras el desayuno viene el guía a buscarnos y nos lleva en coche hasta el lugar donde comienza nuestro trekking. En realidad, es un cómodo paseo cuesta abajo desde la ladera de una montaña hasta el fondo de un verde y precioso valle.



Nos rodean los cultivos de arroz en terrazas, que se inundan con el agua que baja de las montañas. También nos rodean las mujeres de las distintas minorías étnicas, dispuestas a acompañarnos a lo largo de todo nuestro paseo si pueden vendernos algo. El paisaje es impresionante, verde y húmedo, más verde según se levanta la neblina y las nubes dejan ver las altas cumbres. En la caminata está incluida la parada en algunas casas habitadas por las minorías étnicas que pueblan la zona. Por supuesto, están acondicionadas para vender todo tipo de mercaderías a los turistas, como la que veis a continuación. Mientras una mujer trabaja en un telar, nuestro guía nos muestra un instrumento típico.



Llegamos al fondo del valle, donde encontramos varias pequeñas aldeas de casas dispersas. Visitamos un colegio justo a la hora de comer y vemos cómo los niños comen el arroz que les sirven sus profesores. También vemos grupos de niños que vuelven del colegio con sus tarteras, con sus caras pícaras y sonrientes. Pero lo que más nos agrada es ver a unos niños jugando con una carretilla y riendo a carcajada limpia, porque los vemos disfrutar como niños que son. Me acuerdo del pequeño que vimos ayer, vendiendo y cargando con un bebé a sus espaldas, y no puedo evitar pensar en cuántos niños ven truncada su infancia en este y en otros países. Cuántos deben cambiar el juego por el trabajo...



La verdad es que nuestro paseo por este verde y hermoso valle cubierto de arrozales se convierte en una experiencia maravillosa. Podemos ver de cerca cómo viven estas personas, pobres pero felices, tan diferentes de los turistas que recorremos estos embarrados caminos... Aprendemos a diferenciar las distintas minorías étnicas, gracias a las indicaciones de nuestro guía y a las ropas que las diferencian. Así, sabemos que la mujer que veis a continuación pertenece a la etnia Giay porque viste la blusa típica, que en este caso es azul celeste y rosa pero que también podría ser de otros colores... Sin duda, las preciosas imágenes de este agradable paseo quedarán grabadas para siempre en mi retina.



Terminado nuestro trekking, volvemos a Sapa para comer. Por la tarde tenemos una experiencia que prefiero olvidar, para quedarme con los maravillosos recuerdos de la mañana. Nuestro guía nos lleva a la montaña de Ham Rong, que debemos ascender andando y recién comidos. Se trata de un jardín propiedad del gobierno, muy kitsch porque tiene incluso esculturas de Mickey Mouse. Vemos un espectáculo de danzas étnicas bastante patético y pedimos al guía que no traiga aquí a más turistas, pues preferimos lo natural a lo artificial. De este extraño y absurdo lugar son las dos últimas fotos que habéis visto: el jardinero bajando por las extrañas rocas y yo, exhausto al llegar al mirador sobre la ciudad de Sapa.











kilifa dijo
alucinada me he quedado con el niño que lleva un bebé...bufff
despues vuelvo y leo bien la cronica, que yo suelo hacerlo todo al revés. siempre miro primero todas las imagenes, despues las vuelvo a mirar ya con el texto.
pero como te digo, me ha tocado la imagen de ese niño...y pensar que a mi hijo, de trece años, no le dejamos coger a mi sobrino de meses por si acaso se le cae o algo así...
..y encima, les hacen vender...
3 Noviembre 2011 | 09:17 AM