Hue y el Río del Perfume
Dejamos por fin el Norte de Vietnam para volar hasta Hue, ciudad situada en el centro del país, del que fue capital hasta 1945. Como antigua capital imperial alberga importantes monumentos, aunque por culpa de las guerras su estado de conservación deja mucho que desear. La vieja ciudad se sitúa en una orilla del Río del Perfume, mientras la zona nueva se ubica en la orilla contraria. Nuestro hotel está en esta zona y tiene piscina, lo que agradecemos porque el calor aquí es tremendo.

Dejamos el baño para más tarde y abandonamos el hotel para ir a visitar la Ciudadela y la Ciudad Prohibida, al otro lado del río. El conjunto palaciego es bastante impresionante y nos recuerda al del mismo nombre que visitamos el pasado año en Pekín, pues su estructura es semejante. Sin embargo, la Ciudad Prohibida de la capital china era mucho más grande y también mucho más antigua, aunque parecía más moderna porque estaba muy restaurada. Este palacio imperial vietnamita es del siglo XIX.



Cruzamos varios fosos cubiertos de flores de loto, que por algo se considera la flor nacional de Vietnam. Llegamos al interior de la Ciudad Prohibida, un conjunto de plazas de gran tamaño rodeadas de diversos pabellones. Mi cámara se recrea en los detalles más típicos de la cultura vietnamita, como los dragones que decoran los tejados y los grandes jarrones de porcelana, o las ventanas circulares con formas que simbolizan la Doble Felicidad o la Larga Vida, entre otros buenos deseos.



Llegamos a una zona del palacio que está siendo completamente restaurada en la actualidad. Sus brillantes colores contrastan con las piedras semiabandonadas que nos rodean, aunque también estas tienen su encanto. Los vietnamitas se han dado cuenta recientemente de que a los turistas les gusta visitar monumentos, así que ahora comienzan a restaurarlos y cuidarlos. Es una pena porque muchos ya resultan irrecuperables y han quedado destrozados en las guerras, aunque más vale tarde que nunca.



Tras visitar la Ciudad Prohibida y atravesarla de sur a norte, cruzamos el foso y la dejamos atrás. Nos disponemos a pasear por las calles de la Ciudadela, la vieja ciudad que rodea el palacio, pero acabamos sucumbiendo ante la insistencia y subimos a un xiclo. Nos da una vuelta por las tranquilas calles de esta ciudad y después buscamos un restaurante para cenar. Encontramos uno muy curioso, como una cabaña de bambú de dos plantas, con unas chicas que nos llaman desde las alturas.



Se nota que estamos en el centro de Vietnam, porque aquí la comida ya no nos parece tan deliciosa como en el Norte. Al menos nos resulta más rara y más picante, y eso que aún no hemos llegado al Sur... Después de cenar volvemos al hotel, ya ha anochecido y cruzamos el río por un puente metálico iluminado con luces multicolores. Al día siguiente nuestro plan es coger un barco para navegar por el famoso Río del Perfume y visitar alguno de los monumentos que se sitúan cerca de sus orillas.



Tras algunas dificultades encontramos por fin un barco y negociamos como podemos con la chica, que cubre su cuerpo por completo de los rayos del sol. Subimos al barco con ella, con el barquero y con un gato, para surcar las aguas de este río de nombre evocador pero nada realista, al menos en la actualidad. Mientras pienso por qué se llamará así este río de aguas tan sucias y poco perfumadas, veo a lo lejos la Pagoda de Thien Mu, nuestro primer y último destino en este breve crucero fluvial.



Se trata de una preciosa y antigua pagoda de ladrillo, de planta poligonal y siete alturas, situada en un bello paraje elevado junto al río. Junto a ella hay varios pabellones y en uno de ellos vemos una estela de piedra sobre una tortuga, como las que vimos en Hanoi. Detrás hay una extensión cubierta de césped y, al fondo, un templo bajo y alargado. Todo el conjunto desprende belleza y serenidad, sobre todo porque tenemos la suerte de ser casi los únicos turistas que estamos visitando este monumento.




Más lejos de la ciudad, siguiendo el curso del río, se encuentran las tumbas de los antiguos reyes vietnamitas, pero nos quedamos con las ganas de visitarlas porque no tenemos tiempo. Debemos regresar al hotel para seguir nuestro viaje, pero de nuevo nos sentimos un poco estafados por los vietnamitas. Contratar la excursión en barco por nuestra cuenta nos ha salido más caro y nos ha cundido menos de lo que pensábamos, pues sólo hemos podido ver esta pagoda. En cualquier caso, ha valido la pena.



Pedimos al barquero que acelere porque parece que no vamos a llegar nunca al embarcadero, tenemos prisa y no pensamos pagar más de lo acordado aunque lleguemos más tarde... Luego caminamos a buen ritmo de vuelta al hotel, es mediodía y el sol pega fuerte. Sólo me detengo a fotografiar lo que me llama la atención, como la madre y la hija durmiendo la siesta, o el ciclista que pasa ante los carteles de propaganda, que nos recuerdan que estamos en un país comunista. Y aquí termina nuestra visita a esta ciudad vietnamita.












Gabriela dijo
Me llamaron la atención esas hojas de las plantas de loto, harto diferentes a las que conozco.
Los edificios restaurados se ven muy llamativos, aunque los más antiguos como dices, tiene su encanto también, pero está bien esa recuperación de los monumentos destruidos por las guerras, porque me imagino que ellos no quieren perder identidad.
Esa pagoda es harto bonita y llamativa, porque destaca su silueta cuando vas navegando; además que la forma es poco común.
Tendrás que contarnos cómo logras "negociar" los transportes...porque ni me lo imagino.
Preciosas fotos, preciosos recuerdos.
11 Noviembre 2011 | 03:21 AM