Tras compartir con vosotros mi escapada navideña, vuelvo al relato de mi viaje a Vietnam del pasado verano, que ya está próximo a su fin. Llegamos por fin a Saigón, la mayor ciudad del país, que fue durante años la capital de Vietnam del Sur. Tras la toma de la ciudad por parte del Viet Cong en 1975, que puso fin a la famosa Guerra de Vietnam, Saigón pasó a llamarse Ciudad Ho Chi Minh en honor al líder revolucionario fallecido en 1969. Aun así, todo el mundo sigue llamando a esta ciudad Saigón y para mí siempre se llamará así, pues este nombre evoca sus encantos y misterios del pasado. En su origen fue un importante puerto camboyano en el Delta del Mekong y más adelante se convirtió en la capital de la Cochinchina francesa. Hoy es una gigantesca y cosmopolita metrópolis de unos diez millones de habitantes, llena de contrastes, como podéis ver a continuación.

Tenemos suerte porque nuestro hotel está situado en pleno centro de la ciudad, en el Distrito 1, lo que nos permite ir andando a todas partes. En cuanto llegamos a Saigón salimos a pasear en la primera toma de contacto y nos sorprende el contraste de los edificios coloniales franceses con los modernos rascacielos. Si en la capital, Hanoi, se ha respetado el casco viejo y se han construido rascacielos sólo en las afueras, aquí es todo lo contrario. Edificios de todas las épocas conviven y se amontonan en el centro, como habéis podido ver. En la primera foto, el viejo Hotel Continental se ve pequeño bajo la mole del moderno centro comercial. En la segunda, es el precioso Teatro de la Ópera el que queda a los pies de un altísimo hotel, que imita su característico arco. En las otras dos fotos habéis visto dos modernas y lujosas boutiques, algo que no habíamos visto aún en este país.

Al día siguiente disponemos de más tiempo para pasear, así que decidimos salirnos del centro para tener una visión más amplia de esta ciudad. Entonces se hace más patente su nombre actual, porque vemos multitud de banderas comunistas por las calles. Los recuerdos de la Guerra de Vietnam, que en el resto del país no habíamos visto, aquí están por todas partes: desde monumentos hasta restos de aviones americanos abatidos, tanques y vehículos vietnamitas... Nos hemos negado a visitar el Museo de los Recuerdos de la Guerra, pero el armamento sirve de decoración a numerosos edificios oficiales que vemos a nuestro paso. También vemos modernas sedes corporativas de las principales compañías del país, como la que veis a continuación. Después, el bello edificio del Museo de Historia, situado junto al zoo, dentro de un gran parque.

Seguimos caminando y nos absorbe la vorágine de la gran ciudad, resumida en esta imagen de cables, motos y edificios estrechos de distintos colores y alturas. Buscamos la Pagoda del Emperador de Jade, pero nos cuesta encontrarla. Por fin llegamos a nuestro destino, uno de los templos más importantes de Saigón. Está lleno de gente, pero se respira un aire de tranquilidad y paz que no había en la calle. Nos envuelve la espiritualidad que transmiten las oraciones y los rituales de los fieles, y nos tomamos nuestro tiempo para relajarnos. En el jardín que se abre delante de la pagoda hay gente vendiendo todo tipo de productos y objetos, animales y plantas para ofrecer a los dioses. Desde tortugas que acaban creciendo y engordando en el estanque del jardín, hasta flores de loto perfectamente colocadas en preciosos ramos de color rosa.

Volvemos a las calles llenas de gente, donde cada uno se busca la vida como puede. Algunos hombres cosen con sus máquinas de coser instaladas sobre la acera, en plena calle. De camino al centro, en una zona tranquila y residencial, nos vemos rodeados de repente por una multitud de personas y motocicletas. Es la hora de salida del colegio y los padres, con sus motos, colapsan la calle. Nos cuesta salir del tumulto y estamos a punto de ser atropellados, me pregunto si serán frecuentes los accidentes en estas aglomeraciones o aquí ya están acostumbrados... Para recuperarnos y descansar, comemos en un curioso lugar una extraña comida que aún no habíamos probado. Se trata de una especie de tortas de arroz, grandes y finas, que se rellenan de verduras, pollo y setas, y que preparan unos simpáticos jóvenes uniformados de verde y amarillo.

Después de comer visitamos el Palacio de la Reunificación, que fue el palacio del Presidente de Vietnam del Sur, expulsado tras la "liberación" de Saigón. Se trata de un lujoso palacio de estilo moderno, construido en los años 60 del siglo pasado y conservado como estaba, pero convertido en museo. Así, ahora todos podemos ver los lujos con los que el Presidente y su séquito vivían en este Palacio, donde se pueden visitar tanto las elegantes estancias oficiales como las habitaciones privadas, que conservan un encantador aire retro. Lo más aterrador es visitar el búnker situado en el sótano, lleno de fríos corredores y pequeñas salas desde donde se dirigía a las tropas en los tiempos de la guerra. Aquí se conservan las cocinas, la galería de tiro y el lujoso coche del Presidente, mientras en la azotea del Palacio sigue esperando el helicóptero preparado para la huida.

Tras esta interesante visita salimos a la calle y respiramos hondo, para llenar de aire nuestros pulmones encogidos. Estamos en pleno centro y nos encontramos con dos edificios muy típicos de la ciudad, en los que es evidente la herencia francesa. En primer lugar, la Catedral de Notre Dame, que ocupa un lugar privilegiado como en París y en Hanoi. En segundo lugar, el Ayuntamiento, un precioso edificio que podría perfectamente estar ubicado en la capital francesa, si no fuera porque está coronado por la bandera vietnamita. Caminamos hasta el Mercado de Ben Thanh, el más famoso y popular de la ciudad, que abandonamos huyendo del acoso de los vendedores a los turistas. El cielo negro amenaza tormenta y no nos libramos de ella. Yo quería subir a la torre que me atrae desde que llegué, pero la lluvia nos sorprende en plena calle y hemos de refugiarnos durante horas.

Será a la vuelta de nuestra excursión de dos días al Delta del Mekong, que os contaré en un próximo post, cuando por fin pueda cumplir mi sueño. El tiempo ha cambiado y el día está despejado y radiante, así que podemos subir a la Bitexco Financial Tower, el rascacielos más alto de Ciudad Ho Chi Minh. El mirador o Skydeck está recién abierto y se ubica justo debajo de la plataforma que sobresale, a la que aún no se puede acceder. No obstante, las vistas son espectaculares en todas las direcciones. Me encanta poder ver desde arriba esta abigarrada ciudad, el ancho río Saigón y su más estrecho afluente. Veo que el otro lado del río está aún libre y que se está construyendo un túnel para comunicar el centro con ese lugar. Imagino que dentro de unos años esa zona será como Pudong en Shanghai, un nuevo centro financiero frente al centro actual.

Cierro esta crónica con la imagen de estas dos simpáticas chicas ataviadas con el Ao Dai, el traje típico vietnamita. Nos sonríen desde las puertas de un hotel, pues son las azafatas, recepcionistas y camareras quienes visten estos trajes de brillantes colores. Pongo fin aquí a la visita a esta increíble ciudad, en la que además hemos tenido ocasión de visitar elegantes y modernos restaurantes, e incluso de sumergirnos en la noche de esta ciudad que nunca duerme. Hemos visitado la discoteca Apocalypse Now, la más famosa de Saigón, donde se mezcla el público local con los extranjeros, tanto turistas como expatriados, en una curiosa amalgama. Hemos descubierto curiosos rincones y hemos vivido experiencias inolvidables y es que, para mí, no hay nada como las grandes urbes asiáticas...